La serpiente

La serpiente, ese true crimen que parece una ficción, en Netflix

Hay muchas cosas que no sabemos o que no recordamos. Muchos se acordarán de Charles Sobhraj, el asesino francés, de origen asiático, que sembró el horror y que tristemente, hasta que un funcionario de la embajada holandesa no hizo más que investigar para meterlo en la casa, tuvo tiempo y maneras para matar a quien quisiera.

Ciudad de México, 5 de abril (MaremotoM).- Como una serpiente recorre Europa y Asia en momentos en que la gente salía de mochilera a conocer el mundo, la magia de Katmandú, el exotismo de Tailandia, todo lo espiritual de la India. Lo que esa gente no sabía y nosotros tampoco en que había un asesino serial y que mataba sobre todo a los mochileros.

A veces matar a los que pasean por el mundo puede resultar un poco barato, pero no, estos chicos llevaban cheques de viajero y eran sin duda un plato fuerte para este hombre que no tenía nada, sólo vanidad y maldad.

La serpiente
Los actores, geniales. Foto: Cortesía

Hay muchas cosas que no sabemos o que no recordamos. Muchos se acordarán de Charles Sobhraj, el asesino francés, de origen asiático, que sembró el horror y que tristemente, hasta que un funcionario de la embajada holandesa no hizo más que investigar para meterlo en la casa, tuvo tiempo y maneras para matar a quien quisiera.

Este es un hecho que para la televisión se llama true crimen y así es la coproducción de la BBC y Netflix que ha llegado a nuestra pantalla.

En principio, se trata de una serie de ficción. Por eso que pasó hace muchos años, que gran parte del espectador desconocía y sobre todo por la actuación de los dos actores principales, este programa parece estar hecho para la fantasía y para el horror.

Tahar Rahim, un actor conocido porque fue candidato al Globo de Oro por su trabajo en The Mauritanian y en El Profeta, hace del asesino serial.

Trasladándonos a los 70 en el sudeste asiático, vemos a “los hippies” recorriendo esos paisajes paradisíacos, pensando que ellos mismos nos abrieron ese camino. Hoy las imágenes son habituales, pero en ese tiempo, la ventana al mundo recién se abría y lo mucho que nos distinguía de los habitantes de Asia era observable y francamente admirable.

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Las parejas y los grupos que iban, no a dedo, pero sí un poco a honrarse de los designios del destino, no sabían que era el mismo destino que los iba a poner frente a Charles Sobhraj (llamado entonces Alain Gautier) y a su novia Marie-Andrée Leclerc (Jenna Coleman). La ficción está interesada en esta inusual pareja que hizo muchas víctimas (especialmente en Tailandia) y un tercero en el triángulo, el secretario de la embajada holandesa en Tailandia, Herman Knippenberg (Billy Howle), impulsado por el crimen de dos turistas compatriotas.

Esta serie británica escrita por Richard Warlow y Toby Finlay e inspirada en los crímenes del francés Charles Sobhraj, puede parecer un poco larga y a raíz de los saltos temporales generar algo de confusión. Hay que verla toda, sin distracciones, para poder entender la cabeza de un asesino serial que va por el mundo cometiendo asesinatos y teniendo a unas personas absolutamente dominadas.

¿Por qué no se fueron antes? ¿Por qué este hombre podía envenenarlos y nadie despertar o reaccionar?

En una de las últimas escenas, este criminal trata de envenenar a un grupo nutrido de turistas y sus maniobras se ven tan infantiles, tan de homicida de medio pelo, que uno no puede creer cómo tiene tantas víctimas en su haber.

La serpiente
El secretario de la embajada holandesa en Tailandia, Herman Knippenberg (Billy Howle). Foto: Cortesía

Hay, además, una compleja relación de Oriente y Occidente. En esa época se abría la ventana a esa otra parte del mundo que antes era desconocida para nosotros. Se abría con una mente abierta e idealista, en donde todo lo oriental era mágico y espiritual. En esa contradicción suceden los crímenes. Ver a esas parejas absolutamente entregadas a todo lo que conocían, siendo presas de Charles Sobhraj, en esa época, se nos encoge el corazón.

Hoy Oriente es igual que Occidente: una mierda de planeta.  

 

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