Raúl Zurita

“La tarea no era escribir poemas y vender cuadros, la tarea era hacer del mundo una obra de arte”: Raúl Zurita

Zurita, Zurita, Zurita, significa mucho para nuestro corazón. Nacido en Chile en 1950, hace un esfuerzo sobrehumano para presentarse en público, aunque siempre ha sido un poeta público, alguien de esos que recita en las calles, en los corredores, en las esquinas.

Ciudad de México, 9 de septiembre (MaremotoM).- El poeta chileno Raúl Zurita se adjudicó el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más prestigioso galardón de este género en español y portugués, según el fallo del jurado.

El premio reconoce el “ejemplo poético” de Zurita “de sobreponerse al dolor con versos, con palabras comprometidas con la vida, la libertad y la naturaleza”, indicó en una declaración emitida en redes sociales Llanos Castellanos, presidenta de la institución pública Patrimonio Nacional, que otorga el galardón junto a la Universidad de Salamanca.

Castellanos dijo esperar que la extensa obra poética de Zurita, de 70 años, pueda servir de “ejemplo de cómo sobreponernos a tanto dolor y tanto pesar” en medio de la pandemia del covid-19.

El jurado del premio, con una dotación económica de 42.000 euros (unos 49.500 dólares; alrededor de $38.378.760), debió reunirse este año de forma telemática a causa de la epidemia.

Zurita, Zurita, Zurita, significa mucho para nuestro corazón. Nacido en Chile en 1950, hace un esfuerzo sobrehumano para presentarse en público, aunque siempre ha sido un poeta público, alguien de esos que recita en las calles, en los corredores, en las esquinas.

El poeta ahora tiene Parkinson, pero sigue cantando sus versos con idéntico fervor de la juventud.

Raúl Zurita
El poeta ahora tiene Parkinson, pero sigue cantando sus versos con idéntico fervor de la juventud. Foto: FIL en Guadalajara / Cortesía

Probablemente porque el espíritu humano no decline, no está dentro de ese arco en el que la gente pone a los objetos vivos. Hay una nota muy grande en el Instituto Cervantes, llevada a cabo por Benoît Santini, donde puede leerse entre otras cosas que “empecé a escribir prácticamente en el colegio, cuando tenía quince, catorce años. Mientras estudiaba Ingeniería el asunto ya me importaba mucho, mucho. Y toda esa formación técnica, matemática fue muy fundamental, o sea que lo que hago tiene que ver con eso. Lo que más quería mi abuela era que hiciera una carrera per bene, como se dice, pero no me habría apoyado para nada si hubiera estudiado otra cosa, es decir estudiar Arte o Literatura, pero ella era una persona extremadamente lectora, sobre todo una nostálgica. Entonces ella nos hablaba, como contándonos casi cuentos, historias y se hablaba a sí misma, ¿cómo iba a mantenernos en nuestro cuarto a mi hermana y a mí con la Divina Comedia?”.

Meterse en la poesía de Raúl Zurita es un viaje fascinante y también complejo. Están los que dicen que después de Anteparaíso o de Purgatorio no escribió nada bueno, hay otros que lo ubican estrictamente en su experiencia con la Dictadura Chilena de Augusto Pinochet, cuando a las 6 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, día en que se produjo el Golpe de Estado, una patrulla militar lo detuvo.

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“Su primer destino fue el Estadio de Playa Ancha. Cuatro días después y por los 21 que siguieron, estuvo preso en las bodegas del carguero “Maipo”, junto a 800 personas, en un espacio con capacidad para unas 50 personas, en donde fue torturado.”, cuenta la Wikipedia.

Zurita quedó libre, en la democracia fue diplomático, se casó varias veces y ahora, tal vez su última esposa, Paulina Wendt, le dedica todos sus libros. Ganó varios premios, entre ellos el Iberoamericano Pablo Neruda y la Beca Guggenheim.

Leo un pequeño poema de él: “Pero no fue el paraíso, little boy, sino sólo el reseco desierto dónde hace millones de años estuvo el Pacífico y al frente unas frases de amor, de locura y muerte, escritas en los acantilados atravesando la rota tarde, la noche rota, tu desolado amanecer”.

Lo conocí en Monterrey, el año pasado, cuando dio un discurso donde se pronunció contra el gobierno de su país y agradeció a México por recibir a los exiliados en el pasado.

Raúl Zurita
Foto: FIL en Guadalajara / Cortesía

“El gobierno fascista ha sacado a los militares a la calle, como si eso significara nada, como si no tuviéramos recuerdos todavía sangrantes de lo que significó la antigua salida de los militares, recordando el golpe del 11 de septiembre de 1973, y sobre todo recordando la solidaridad del pueblo mexicano, me vuelve a llamar la atención con humildad y un inmenso cariño.

“Esa solidaridad pasada con amistad presente por su hermana chilena, ese angosto país en el otro extremo de América en dificultades, pero para que no el fascismo pase debemos ser un solo pueblo, una sola América, un solo sueño… agradezco el pasado, el presente y el futuro, y agradezco a mi país su rebeldía e inclaudicable anhelo de libertad frente a la inequidad”, lanzó.

Raúl Zurita recordó como estudiar ingeniería durante siete años le ayudó a su disciplina para escribir poesía, ya que con ellos comprendió más acerca de estructuras, proyectos e ideas.

Leyó un texto titulado Poesía y Resistencia, en el que habló de la poesía como el fracaso de la humanidad, ya que constantemente se nutre de las heridas.

“Nunca debió existir a literatura, la tarea no era escribir poemas y vender cuadros, la tarea era hacer del mundo una obra de arte… La pregunta crucial, jamás resuelta y que vuelven a plantear los grandes poemas, es que, los seres humanos, en su deseo de traer el paraíso a la tierra son capaces de pintar los extremos de la delicadeza y la dulzura, como la Anunciación de Fra Angelico o La mujer con cara de Diego Rivera, pero son los mismos que torturan a otros seres humanos, que los asesinan, los violan, exterminan. Si no existiese la poesía la violencia sería lo normal, el único estatuto, pero porque existe el poema la violencia es infinitamente más monstruosa”.

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