River

La Tía Pastora y River

Nosotros quisimos reconocerle que el fútbol puede ser una invitación a bailar la existencia más allá de cuántos goles le hayan sobrado o faltado a un partido. La Tía Pastora nos enfocó como advirtiendo que no era necesaria ni una palabra.

Ciudad de México, 13 de enero (MaremotoM).- La Tía Pastora se calzó ese vestido que le dibujaba un escote parecido al mejor mar del atardecer, hundió los empeines en unos zapatos que le despampanaban tan sexis como para que cualquier dios y cualquier demonio rogaran recibir más que un par de pisotones, miró a la madrugada con esas miradas que no son miradas y sí son besos, y bailó, bailó, bailo hasta que la luna bailó con ella, bailó hasta que la luna, rendida, se le despidió enamorada y, entonces llegó el sol, que también bailó, que también se rindió, que también se enamoró. Nosotros percibimos todo eso y no entendimos por qué sucedía si es que avanzaba el final de un martes anónimo, si es que emergía un miércoles de más agenda que sueños, y si es que transcurría una edad en la que la muerte se arrimaba demasiado a la vida. Por torpeza o por curiosidad, se lo preguntamos a la Tía Pastora, que, mientras bailaba hecha un número 10 en libertades, contorneó los muslos como si amara, asumió que un viento le pidiera permiso para acariciarla y, en éxtasis, nos contestó:

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-Vieron cómo jugó River.

De la Tía Pastora, que no hinchaba para River ni solía bailar en madrugadas, habíamos aprendido que no es igual habitar una casa que un hogar, y que lo legal y lo justo excesivas veces no representan cosas idénticas. Y, todavía más que esas lecciones, le adeudábamos la idea de que ganar y perder, adentro y afuera de las canchas, no significaban lo que imponían los mandatos de cada época. Suponíamos que, ante nuestra consulta, nos volvería a desplegar esas nociones para argumentar su conducta y para elogiar a River, que, maridando a la valentía con la belleza y a la belleza con la emoción, y además desafiando a lo imposible, había construido una actuación ejemplar en Brasil en el que se le esfumó la Copa Libertadores.

River
River versus Palmeiras. Foto: Cortesía Facebook

Erramos: no nos dijo casi nada más. Apenas una repetición:

-Vieron cómo jugó River.

Nosotros quisimos reconocerle que el fútbol puede ser una invitación a bailar la existencia más allá de cuántos goles le hayan sobrado o faltado a un partido. La Tía Pastora nos enfocó como advirtiendo que no era necesaria ni una palabra.

Así que sólo bailamos con ella. La luna y el sol no se habían equivocado.

Fuente: Deporte y Literatura

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