Juan Villoro

La tierra prometida no está lejos, es el desastre a nuestro alrededor: Juan Villoro

La tierra de la gran promesa es la película que estaban transmitiendo el día que se incendió la Cineteca. Por entonces, Villoro estaba en Berlín y la información venía de un día para otro. En los diarios que llegaban al consulado de México en Alemania, se enteraba de lo que pasaba aquí.

Ciudad de México, 30 de septiembre (MaremotoM).- La novela La tierra de la gran promesa (Literatura Random House) no sólo es homenaje a la película homónima de Andrew Wajda, sino también hace un guiño a la propia vida de su autor, Juan Villoro.

No es una novela autobiográfica, pero sí remite a esos tiempos que en el escritor se había ido a Barcelona, un poco para olvidar el asalto que había sufrido en su casa y al mismo tiempo hacer crecer a su hija, Inés, fuera de esta violencia mexicana.

La tierra de la gran promesa es la película que estaban transmitiendo el día que se incendió la Cineteca. Por entonces, Villoro estaba en Berlín y la información venía de un día para otro. En los diarios que llegaban al consulado de México en Alemania, se enteraba de lo que pasaba aquí.

Entre la vida íntima, donde todo se revela a partir de los sueños y el estado corrupto de un México a veces apocalíptico, Villoro también ensaya eso de que quien mejor te conoce y te puede ayudar es tu propio enemigo. Al mismo tiempo, Juan se pregunta por la utopía, esa fuerza y ese elemento por las cuales nos movíamos tiempo atrás y que hoy ha dejado un vacío y muertos difíciles de asumir.

Esta es la octava novela del autor, con unos diálogos sustanciosos, con mucha acción y un personaje, Diego González, muy contradictorio y a veces solo y débil en una ya vieja tormenta eléctrica.

Juan Villoro
Esta es la octava novela del autor. Foto: Cortesía

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¿La novela es autobiográfica? Villoro responde que “hay bastantes elementos autobiográficos, en el hecho de pensar en Barcelona como tierra prometida para el protagonista. Yo sufrí un asalto en México, bastante desagradable, teníamos una hija recién nacida y decidimos irnos a un lugar muy tranquilo. Entonces todo se compaginó buscando un tipo de refugio que los mexicanos buscamos cuando la violencia resulta insoportable. Sin embargo, resultó lo mismo que le pasa a mi personaje, si no te vas en un exilio forzado, tarde o temprano quieres volver”.

Juan Villoro
La tierra de la gran promesa, editada por Literatura Random House.

“Claro, a mi protagonista le pasan cosas más graves, tiene muchas cosas pendientes, la única manera de resolverlas es regresando a su lugar de origen”, agrega.

¿Los personajes son jóvenes, están a la mediana edad, recuerdan o actúan?

“La novela empieza cuando Diego y sus compañeros de generación están muy jóvenes y luego la historia se desplaza cuando él es una persona madura, pero sigue cometiendo errores y metiéndose en problemas que no puede calcular. La novela es un aprendizaje y él vive con una mujer mucho más joven, pero ella tiene muchas cosas que enseñarle a él”, explica.

“Ella es una chica millennial, que sólo ha conocido las crisis y Diego ha vivido las utopías de los 60 y los 70, el hipismo, el socialismo, la democracia perfecta de México, el retorno a la naturaleza las puertas de la percepción que abrían ciertas drogas, todos caminos que luego mostraron ser callejones sin salida. Diego pertenece a una generación bastante desencantada”, afirma.

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“Mónica se ajusta a las circunstancias y transformarlas en la medida de lo posible. La tierra prometida no está lejos, es el desastre a nuestro alrededor, pero que podemos cambiar un poco”, agrega.

El tema de la utopía, hay que debatirlo y en ese sentido esta novela de Villoro hace recordar a la reciente ganadora de la Bienal Vargas Llosa, Volver la vista atrás, de Juan Gabriel Vásquez.

Volver la vista atrás es un libro extraordinario, que tuve la suerte de presentar en México, es un libro que muestra la adhesión a una utopía extrema, un colombiano que se va a China para formarse para formarse como guerrillero y luego vuelve a cambiar por medio de las armas a Colombia. Es el trazo real del cineasta Sergio Cabrera. La novela de Juan Gabriel es una retrospectiva y Juan Gabriel cuenta otra retrospectiva que es la propia vida. Mi personaje también es alguien ha pasado por esta tentación de la transformación radical del mundo. Como documentalista ha hecho documentales del zapatismo, de las autodefensas michoacanas, ha pintado el narcotráfico que no va a cambiar México, pero es el reflejo del país descompuesto que tenemos”, expresa.

“Ha reflexionado sobre esto, sobre las cosas que hipotecamos nuestra esperanza y la forma de documentar la realidad que es una forma de documentar nuestra vida”.

¿El fin de la utopía lo ha marcado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador?, le pregunto a Juan.

“Yo no diría que es el fin de la utopía, porque él presenta otra utopía que es la Cuarta Transformación. Mi novela habla del incendio en la Cineteca, en la época de José López Portillo, que era llamada la administración de la abundancia. México se había convertido en el cuarto productor mundial y parecía que nos habíamos vuelto un país próspero y rico. De hecho, el título es irónico, en ese país que quiso tener una ilusión. Ahora se intenta vender otros espejitos, pero seguramente no serán los últimos que se querrán vender en este país”, afirma.

“Hay ciertos acontecimientos que son bisagra, que marcan a una generación. Por ejemplo, los sucesos de Ayotzinapa, uno desea que no se vuelvan a repetir. Pero en México, las tragedias no se resuelven. Los nombres se vuelven conocidos por los desastres que se han realizado allí. Todavía no se sabe quiénes fueron los autores del incendio de la Cineteca, no se sabe cuántos murieron, fue una cosa que se le dio carpetazo. Se habían arrestado a muchos cineastas, gente espléndida, de la misma manera que ahora se quieren arrestar a los científicos. Estamos frente a una situación que se reitera, pero siempre queda algo escondido en la oscuridad. En la novela se pretende trabajar en clave íntima esta historia secreta de las naciones de la que hablaba Balzac”, expresa.

“La novela es una metáfora, para decir que es una generación marcada por ese fuego y ese fuego seguiría operando como un fuego lento calcinando otras cosas en la memoria de quienes estuvieron pendientes de ese hecho”, agrega.

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