Jorge Volpi

Las agujas dementes es un combate en todos los sentidos: Jorge Volpi

“Creo que siempre he tenido una obsesión por este doble componente de locura y suicidio”, dice el autor de A pesar del oscuro silencio, sobre el poeta suicida Jorge Cuesta. Ahora vuelve con Las agujas dementes, la relación entre Sylvia Plath y Ted Hughes y la pareja de Assia y David Wevill.

Ciudad de México, 25 de noviembre (MaremotoM).- Conozco a Jorge Volpi hace ya 20 años, seguí sus andanzas con el Crack y festejé cada uno de sus libros. Lo vengo entrevistando también hace años y debo decir que siempre trae sorpresas.

Como ahora, que entrevisto quizás a otro escritor que se llama como él y que ha hecho Las agujas dementes (Almadía), una obra de teatro que me reconcilia con el yo lectora de cuando tenía 17.

Antes se imprimían obras de teatro no para los actores ni los directores, sino para todo el mundo. Creo que entonces aprendí a “leer teatro”, teniendo en cuenta que es este género probablemente uno de los más olvidados en estos tiempos.

Luego de Una novela criminal, con la que ganara el Premio Alfaguara y tratara en una especie de autoficción el caso de la francesa Florence Cassez, Volpi se sale absolutamente de todos los parámetros, recala en Almadía una obra de teatro donde dramatiza la intensa y tormentosa relación entre Sylvia Plath, Ted Hughes, Assia y David Wevill e invita al lector a descorrer la cortina que cubre la fuerza y la debilidad de dos mujeres brillantes que, a causa de un mismo mal, acabaron con su vida de la misma forma.

Las agujas dementes explora en cada acto los caminos de la vida, la poesía y el suicidio.

Jorge Volpi
Las agujas dementes está editada por Almadía. Foto: Cortesía

–¿Hay un lector de teatro, verdad?

–Yo creo que sí. A diferencia de lo que pasa con los lectores de poesía, que son realmente especializados, el teatro tiene un problema de formato, pero creo que un lector de narrativa que finalmente se acostumbra al formato del teatro, tiene lo mismo: una historia. No me parece tan difícil como cambiar de la narrativa a la poesía.

–En los últimos años se ha especializado el tema del teatro para los teatreros, antes leíamos todo

–Exactamente y también se publicaba mucho más teatro.

–Eres un escritor diferente a aquel que vimos con Una novela criminal, el Premio Alfaguara

–Sí, por supuesto. Siempre está la intención de cambiar de registro y de tema, es cierto que hay cosas que seguirán repitiéndose, pero mi intención era lo más posible de Una novela criminal.

–Esta obra quizás sea la primera que incluye a los cuatro personajes de la historia

–Sí, el interés está centrado en la personalidad de Sylvia Plath. Es un interés que ha ido creciendo. Ted, en contraparte, que ha sido un poeta más celebrado, ahora en esta época es denostado. Es cierto que si bien se hicieron obras de teatro, algunos libros, creo que esta obra indaga sobre la relación de los cuatro. Assia y David se vuelven los disparadores de toda la tragedia que va a venir a continuación.

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–Assia estuvo durante mucho tiempo escondida, ¿verdad?

–Sí, Ted Hughes se resistía a hablar de ella, en muchos momentos ni siquiera se sabía quién era esa amante por la que había dejado a Sylvia Plath. Además, después de la muerte de Assia (por suicidio, junto con la hija de ambos), doblemente terrible, Ted todavía menos quiso hablar sobre ella. Por un lado idealizó a Sylvia tras su muerte y le guardaba un rencor enorme a Assia. Todavía quedaba más silenciada esta figura de mujer tan interesante para completar la historia.

–El grado de lucidez de Assia no explica el suicidio posterior

–El caso de Assia es muy interesante. El de Sylvia lo conocemos mejor e igual es fascinante. Assia era una mujer que se había resistido a todos los cánones y a los reglamentos de la época. David Wevill era su tercer marido. Para Plath era una especie de mujer fatal, así se refería a ella, pero cuando Assia se enamora de Ted termina enredándose en toda esa telaraña de machismo y de las expectativas que se esperaban de una mujer en la época. Cuando muere Sylvia tiene que ocupar su lugar. Ted, que había estado enamorada de ella, sobre todo por su gran belleza física, termina despreciándola porque no se parece en nada a Sylvia. Ahí vienen todos los conflictos que están en este texto dramático.

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Assia era una mujer que se había resistido a todos los cánones y a los reglamentos de la época. Foto: Cortesía

–Sylvia es mucho más conflictuada

–Tal vez. Era difícil llenar los vacíos, tratar de saber lo que realmente pensaban cada uno de los personajes. En el caso de Assia tenemos mucho menos cosas, ella termina como traductora, hubiera querido ser poeta y no llega a serlo nunca.

–Esta cosa de la poesía, de ser los cuatro poetas, creo que arman una batalla en donde alguno morirá

–Es interesante esa lectura. No lo había visto tan claro, pero sí, lo que vemos alrededor de la pieza es un combate. Un combate en todos los sentidos. El combate entre Sylvia y Ted que son dos poetas que se admiran y se envidian. Assia combate con Ted y con David y David, que parece un poco menos guerrero, también lucha con Assia y con Ted. Hay una guerra poética y las que mueren son las dos mujeres. Por un lado está el machismo estructural, una situación que está antes de la revolución feminista de principios de los ’70 y por el otro lado el machismo de Ted Hughes, tanto psicológico como físico. A la hora de la muerte de Sylvia comienza a obsesionarse para que se conozca la poesía de su mujer, pero sólo desde su lectura, donde cambia el orden, para que se recordara como él quería que se recordara.

–¿Qué te pasa con el suicidio, Jorge? Tu libro sobre Jorge Cuesta, ahora esta obra…

–Creo que siempre he tenido una obsesión por este doble componente de locura y suicidio.

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