Diamantina rosa

LAS BAJAS PASIONES | Diamantina rosa como el rosa de las cruces en Ciudad Juárez

Xalapa, 18 de agosto (MaremotoM).- No, señoras y señores, las pintas en el Ángel de la Independencia, los destrozos en el metro, los empujones y golpes contra quien sea durante la marcha del viernes 16 de agosto, no se comparan con la cantidad de mierda que las niñas y las mujeres de México deben lidiar si es que quedan vivas. Sí, claro, soy pacifista, y muchas más también, pero no somos pendejas y porque la violencia trae más violencia, voilá! ¿Cuánto tiempo más hay que quedarse calladitas para vernos más bonitas? ¿Cuánto tiempo más debemos “aguantarnos” como un día Elena Poniatowska me dijo que debía hacer frente al machismo literario en mi país? Ella jamás me recordará, pero yo nunca olvidé sus palabras. No, señoras y señores, un grupo de mujeres de negro con paliacates verdes o rosas no son nada en comparación con los tipos que resguardados en un auto y en la complicidad de sus pares, deciden “subir” a una niña de 7 años, llevarla a una casa, drogarla para penetrarla por la vagina-ano-boca hasta matarla y luego cubrir su cuerpecito con cemento en un bote, creyendo que nadie lo descubrirá ni a ellos, porque, en efecto, las leyes de este país están caducas y sus ejecutores son indolentes y por eso sigue pasando una y otra y otra vez. No tiene que ver con manifestaciones ni con la cantidad de letras que estamos escribiendo desde hace años, muy enojadas; no tiene que ver con que los gobiernos en turno se “esfuercen” y abran más oficinas y unidades de género y hagan pagar cuota a las instituciones haciendo como que hacen, como que si hay una vagina y tres penes en el Senado, pues más o menos ya se equilibró la manoseada y muy desconocida “perspectiva de género”.

Tampoco tienen que ver con el señalamiento de que los hombres son malos, las mujeres las buenas, ¡cuántas mujeres asesinan a otras mujeres, cuántas madres golpean a sus hijas y a sus hijos como para enviarlos al hospital, como para romperles el alma por siempre! ¡Cuántas mujeres nunca entendieron que su existencia no es para y gracias a la de un hombre! Se trata de una cultura fincada y sólida machista y misógina, se trata de luchas de poder, se trata de que al no haber una justicia expedita –todas estas miserias de las fiscalías y leyes torcidas con sus procedimientos que hacen que el agresor sea la víctima- violar y matar son delitos, en México, muy fáciles de cometer sin ser castigados.

Lo sé perfectamente porque a pesar de que la Universidad Pública es autónoma como la UV, como la UNAM o como la UACJ y tantas más en nuestro país, se registran casos de violación cometidos entre estudiantes o profesores y no se puede proteger a sus víctimas, no se puede, por ejemplo, expulsar a los estudiantes (aunque las Juntas Académicas o Juntas de Honor o Tribunales universitarios lo aprueben, los agresores se amparan y con órdenes federales, echan abajo toda autonomía). Conozco mujeres abogadas éticas y comprometidas hasta el cuello y la angustia, luchando para que los procedimientos se detengan y entonces una verdadera atención a las víctimas sea posible. Sé que lo vamos a lograr. Es un momento clave en nuestra historia, uno más tras el voto de la mujer; a las que hoy son jóvenes les está tocando negociar y gritar también, nuevas formas de convergencia entre los géneros y no están solas. Yo ya no quiero que una joven –sea mi sobrina, mi alumna, mi vecina, la que sea- sienta un nudo en el estómago porque debe salir de su casa, caminar por las calles o tomar un camión sintiendo en su cuerpo el terror, la posibilidad de que la mirada lasciva se torne en garra y el día no termine como fue planeado, sino en un rincón o en una fosa.

Te puede interesar:  Almudena y mi mamá

Porque me tocó vivir allá, quizá por eso me parecía insólito que el resto del país no se manifestara e indignara cuando en Ciudad Juárez exterminaban a sus niñas y mujeres (sigue pasando, tristemente). Un pueblo que viola y mata a sus propias niñas y mujeres, recuerdo bien las palabras de mi ex colega universitaria Clara Eugenia Rojas Blanco, está destinado a la extinción porque está acabando con lo más preciado para su evolución.

Entonces, no es que en Ciudad Juárez algo en el agua de esa zona volvía a los hombres salvajes y a las mujeres sus presas, no es que las violencias ocurrían allá, donde “odian a las mujeres”, no acá, donde sí, claro, hay prostitución infantil pero no las matan (sic poeta de CDMX, hace muchos años). En un absoluto abandono por parte, primero, del Estado Mexicano y después por su sociedad civil, no quisieron reconocer que los feminicidios en la frontera (con sus características de saña y extrema crueldad) estaban ya reproduciéndose en el Estado de México, por ejemplo, donde en los últimos seis o siete años superan en número a los de Ciudad Juárez.

En el estudio elaborado por la ONU Mujeres, Segob e Inmujeres “Violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias 1985-2016”, se destaca que en 2014 Ecatepec se colocó como el municipio con más homicidios de género contra mujeres a nivel nacional, al contabilizarse 61 víctimas. Leo que el promedio actual aproximado es que cada dos horas y media, matan a una niña o mujer en México. Con toda y esta información, en la universidad en la que trabajo, cuando tenemos cursos y foros para educar y discutir sobre los temas de la violencia contra las mujeres, no falta él o ella que dice: “¿Y por qué solamente se habla de las mujeres como víctimas cuando a los hombres también los matan?” Yo ya no puedo con esta gente… y tengo que poder porque son colegas y algunos, muy cercanos.

Volveré una y mil veces con la antropóloga Rita Segato y su teoría sobre los feminicidios: El agresor sexual –dice Rita Segato– y la colectividad comparten el imaginario de género hablando el mismo lenguaje; los violadores “las más de las veces no actúan en soledad, no son animales asociales que acechan a sus víctimas como cazadores solitarios, sino que lo hacen en compañía, es un acto que acontece in societate” (Segato, 2003, p. 80). La víctima es expropiada del control sobre su espacio-cuerpo, “es por eso que podría decirse que la violación es el acto alegórico por excelencia de la definición schmittiana de la soberanía, control legislador sobre un territorio y sobre el cuerpo del otro como anexo a ese territorio” (Segato, 2003, p. 80). ¿En qué grado como sociedad alimentamos y perpetuamos estas prácticas? Dejemos de ser hipócritas y naïf, ¡ay, las grafiteadas! ¡Ay, qué horror con las mujeres feministas que además están bien gordas y feas! Lo que he escuchado en estos dos días al mismo tiempo que en las pantallas de restaurantes a las 2 pm, se reproducen ad nauseam “Cuatro babys” de Maluma o el video sadomasoquista de Fey “Amo”, ¡qué bonito jugar con un cuchillito y una tina con sangre!, o el horrendo video del mexicano gringo Gerardo Ortíz “Fuiste mía”, en donde un narco descubre que le ponen los cuernos, entonces, siempre muy sexi y sensualmente, mata, encajuela y quema a la traidora.

Diamantina rosa como el rosa de las cruces en Ciudad Juárez. Glitter rosa igual al halo que envuelve a las Barbies o los Littles Ponys; un rosa que lastima y corta las retinas con sus partículas de aluminio y metal.

Yo sí te creo. No estamos solas, ni nuestros niños ni nuestras niñas.

Comments are closed.