Martín Caparrós

Las ciudades de Ñamérica se han convertido en parques temáticos: Martín Caparrós

Está en México, vino a participar del Congreso Mérida -el V Congreso sobre migraciones- y a presentar su libro reciente Ñamérica (Literatura Random House), donde otra vez es un tratado voluminoso (Jonathan Franzen es igual, aquí está con sus 600 páginas de Encrucijada) y donde otra vez plantea las preguntas sobre este continente cada vez más urbano que nos descobija, con un Brasil afuera que no permite llamarnos latinoamericanos y que es la historia de la lengua más la historia más el futuro.

Ciudad de México, 30 de octubre (MaremotoM).- Martín Caparrós dice que la crónica es la mirada, fruto de esa observación que se hace elemento sustancial en un periodista vocacional. Vemos lo que contaremos, caminaremos los pasos de las personas que protagonizaron los hechos, diremos como testigos de cargo los sucesos acontecidos. 

Martín Caparrós escribe y viaja. Tiene además la idea de plantear un tema, eso que siempre nos dicen en las salas de redacción: ¿cuál tema es? Creo envidiarlo por muchas cosas, pero la primera es su fuerza mental que todo lo va organizando en preguntas. Preguntamos, luego sabemos. Si no sabemos, al menos exploramos esa interrogación hasta donde podamos. 

Está en México, vino a participar del Congreso Mérida -el V Congreso sobre migraciones- y a presentar su libro reciente Ñamérica (Literatura Random House), donde otra vez es un tratado voluminoso (Jonathan Franzen es igual, aquí está con sus 600 páginas de Encrucijada) y donde otra vez plantea las preguntas sobre este continente cada vez más urbano que nos descobija, con un Brasil afuera que no permite llamarnos latinoamericanos y que es la historia de la lengua más la historia más el futuro.

Martín Caparrós
Pensar en este continente partiendo la diferencia del idioma. Foto: Cortesía

Le digo que su libro me resultó sorprendente por la mirada a un nuevo territorio que no veía. Le cuento que recientemente fui a Oaxaca y que recordé mucho su libro por eso de que son las mujeres las que cuidan el pasado, vistiéndose a la usanza prehispánica y que los hombres son “pobres globales”, como lo llama en Ñamérica. 

Recuerda por supuesto Oaxaca, porque está dirigiendo allí un taller de nuevos escritores, que se ha parado recientemente por el coronavirus y que espera volver a dirigir, “puesto que allí se hicieron libros buenos”, todo confabulado con la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO).  

Exactamente, en el marco de la feria se han llevado ya seis versiones de su taller de Libros Periodísticos, un privilegio del que no sólo se han servido los autores mexicanos, sino todos los del continente. 

Caparrós hizo Ñamérica buscando evitar todos los clichés conocidos sobre Latinoamérica. “Cuando me puse a trabajar vi que había muchas diferencias entre los países hispanohablantes y Brasil, entonces decidí ocuparme de los 20 países que hablan castellano”, dice. Ya no podía hablar de Latinoamérica, ni de Hispanoamérica y se le ocurrió el neologismo, basándose en el idioma y en ese rasgo del español que nos diferencia del mundo.  

“La idea es repensar esta zona del mundo, a ver si podemos acercarnos un poco más a verla como es”, afirma. 

Empecé leyendo el libro buscando Buenos Aires, como un ataque de nostalgia y vi que mi ciudad, mi país, estaba mucho más cerca de todo el territorio, que ya no se distinguía por el sistema de salud, de educación, por ese superávit mayor al resto. 

“Argentina ha cambiado mucho en los últimos 40 años, había cosas muy concretas que nos diferenciaban. La existencia de una gran clase media en un continente donde no la había, garantías que teníamos y que nos diferenciaban”, dice.

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Martín Caparrós
Un libro editado por Literatura Random House. Foto: Cortesía

“Ayer me reía porque estaba con unos amigos que trabajan en empresas internacionales y ellos mismos se preguntaban si eran latinoamericanos porque estaban más integrados a los Estados Unidos que con el resto del continente. México está mucho más relacionado con los Estados Unidos que con el resto del continente. Ahora la duda sobre el carácter latinoamericano se pone en la otra punta del mapa: ya no es la Argentina, sino México”, agrega.” 

LAS CIUDADES LATINOAMERICANAS SON PARQUES TEMÁTICOS 

Dice Martín que las ciudades de Ñamérica se convierten en parques temáticos tratando de responder a las expectativas de los turistas y al clisé. “Responden a los visitantes que cree que va a encontrar los lugares comunes que tienen que ver con el folclore. Esta confusión de que lo auténtico es lo antiguo. Lo auténtico es lo que hacemos todos los días, no lo que hicimos hace 200 años”. 

“Hay una tentación de pensar que lo verdadero es lo pasado. Yo no creo en eso. En estos lugares son las mujeres que se toman el trabajo de conservar la tradición. Las mujeres usan los trajes tradicionales y los hombres se visten de pobres globales”, afirma. 

Le cuento que en Oaxaca la gente que no usa cubrebocas son los gringos que vienen a pasear. El resto de la gente se cuida. Me contesta: “Es raro lo del cubrebocas. Yo no uso porque en Madrid ya no se usa y cuando vine a México todo el mundo usaba. Yo esperaba que algún policía me parara y ya tenía todo el argumento, pero luego me enteré que acá tampoco es obligatorio”.

Martín Caparrós
Pronto irá a Argentina a presentar Ñamérica. Foto: Cortesía

Le cuento que hay un orden en México que va más allá de las autoridades. Siempre pienso en esos conciertos de Manu Chao o de Café Tacvba en el Zócalo, donde la gente entraba en fila, en los primeros tiempos que iba descubriendo el país. Si no existiera ese orden todos nos moriríamos en una ciudad tan caótica como México. 

Martín Caparrós hace sin quererlo un homenaje a los Cronistas de Indias, como Bernal Díaz del Castillo, Bartolomé de las Casas o Álvar Núñez Cabeza de Vaca, una gente que leyó copiosamente durante un transcurso de su vida. “Los leí mucho, mi primera novela publicada, que se llamaba Ansay o los caminos de la gloria, en 1982, tenía fragmentos que estaban escritos como los de Cronistas de Indias. Para lo cual leí mucho, que no era una obligación, lo disfrutaba. Cómo contaban y cómo miraban”, dice. 

“Tenían esa cosa increíble que de mirar algo radicalmente distinto a lo que había visto antes. Nadie puede entender si no te basas en el pasado. Este fruto es como la manzana de Castilla, solo que es ovalado, de color amarillo, que por supuesto no tenían nada que ver con la manzana, pero tenían que partir de allí”, agrega. 

Con respecto al viaje, le gusta mucho al escritor de Hambre no relatar su propio viaje, pero sí trasladarse a encontrarse con los temas. “Yo no escribo literatura de viajes, lo que me interesa es llegar a un lugar, contar lo que veo, sea a 10 mil kilómetros de mi casa o a dos”.  

Sus libros como dijimos son voluminosos y promete, aunque no se lo cree, que su próximo trabajo tendrá 200 páginas. “El libro te permite una autonomía que en prensa es cada vez más difícil de conseguir”, concluye.

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