Las lecciones del frío

Las lecciones del frío

“De seguro tiene una mutación genética”, “debe ser la versión millennial de David Copperfield”, “nadie puede asegurar que esto fue comprobado científicamente ni por los jueces del Récord Guinness”.

Ciudad de México, 6 de octubre (MaremotoM).- El frío me llamó una tarde que manejaba por la Ciudad de México y escuchaba una entrevista que le hacía Tom Bilyeu a Wim Hof.

La incredulidad de Bilyeu ante las hazañas de Hof hicieron que escuchara atentamente los cuarenta y cinco minutos que duró la entrevista sin poder creer que aquello era cierto:

  • Correr medio maratón por el Círculo Polar Ártico descalzo y en shorts
  • Nadar la distancia de un campo de futbol americano debajo del hielo sin respirar.
  • Subir las montañas más altas del mundo como Kilimanjaro y Everest, sin respiración asistida, sin playera, en shorts y chanclas.
  • Correr un maratón por el Desierto de Namibia sin tomar agua.
  • Quedarse en un contenedor lleno de hielo por casi dos horas
  • Controlar la respuesta inmune de su cuerpo después de que le hayan inyectado una toxina debajo de la piel.

“De seguro tiene una mutación genética”, “debe ser la versión millennial de David Copperfield”, “nadie puede asegurar que esto fue comprobado científicamente ni por los jueces del Récord Guinness”.

Pensaba en todas esas probabilidades mientras escuchaba hablar a un señor con veintiséis records mundiales, que parece loco, habla un inglés bastante raro y va predicando en cada frase que todos tenemos ese poder dentro de nosotros. “El frío ha sido mi maestro”, decía Hof. “El frío sanó mi cuerpo/mente”. “El frío me llamó y salvó mi vida después de que mi esposa se suicidó”.

Algo de estas afirmaciones me cautivó. He tenido miedo al frío toda mi vida. Quienes me conocen saben que uso chamarra cuando voy al supermercado y soy capaz de rechazar una invitación a salir con mis amigos cuando está nevando o simplemente porque la temperatura está baja en la ciudad donde me encuentro.

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¿Podría ser que ese miedo haya sido aprendido?, ¿podría des-aprenderlo?

Wim Hof respondió que si y añadió que lograrlo proporciona incontables beneficios al sistema inmune, al endócrino, al vascular, al metabólico. La clave de todo esto, decía Hof, radica en ponerse voluntariamente en una situación incómoda y relajarse. Momento. ¿Relajarte mientras te sumerges en una tina a un grado centígrado rodeado de bloques de hielo?

Mi escepticismo sigue vigente aún hoy a 12 meses de bañarme con agua fría todos los días. Meterme a un baño de hielos de vez en cuando se ha vuelto una de mis actividades favoritas. Y necesarias.

Cada mañana que despierto y pienso en la ducha, en el momento de abrir el grifo, siento miedo. Pero una vez que me pongo bajo el agua helada y decido relajarme, todo cambia.

Cualquier cosa a la que le tenemos miedo nos enseña algo. En mi caso, el frío constante me da claridad mental y me mantiene alerta. Al exponer ese miedo y permitir que cobre distancia, el frío me recuerda que puedo seguir nutriendo a la persona que quiero ser.

Esta práctica me ha replanteado lo que entiendo por sufrimiento, control, poder, enfermedad, respiración, estrés, sobrevivir, soltar, ser.

Nadie puede jactarse de haber aprendido todas las lecciones que el frío ofrece. Me contento con poder entrar a clase cada mañana y empezar desde cero. Con humildad, con expectativa y con una potencial euforia, por no decir revelación, que sucede en una regadera de 1 x 1 sin que nada ni nadie cambie, todos los días a las 8:30 de la mañana.

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