“Las manadas no son una disculpa, sino un agravante”: Jorge Vargas Bohórquez

Entrevistamos al autor de La Manada, una novela juvenil para saber de qué se tratan las violaciones grupales y la violencia contra la mujer.

Ciudad de México, 21 de abril (MaremotoM).- “Los prejuicios subyacen contra las mujeres y el conflicto de lealtades lo complica todo, pero… el mañana siempre depende de nosotros”, dice la leyenda de promoción de La manada, de Jorge Vargas Bohórquez.

El libro llega a mí en plena crisis del #metoo, con un músico suicidado, con un hombre que lanza una amenaza de muerte a una mujer, con columnas que defiende al muerto, con columnas que lanzan un desesperado llamamiento al sexo femenino, preguntándose entre otras cosas, cómo seguir.

La manada es la fuerza del animal, del hombre, pero acompañado, con una voluntad extraordinaria de grupo, ¿cómo definir a estos seres que atacan con un instinto de lealtad, donde nadie puede ser culpable y todos merecen castigo?

Eso es lo que se preguntó el autor de este libro, La manada (Alfaguara Juvenil) un trabajo dedicado a los jóvenes, que se enterarán de “la tarea” de Los Porkys en México y de “La manada” tanto en España como en Argentina.

–¿Cómo se te ocurrió este libro?

–Hace unos años, antes de que ocurrieran los casos en España y en Argentina, en Perú, en México, había conversado con algunas amigas que habían sufrido abusos sexuales. No hubo violencia, ni golpes, pero había esta cosa que me sembró de duda, ¿cómo es posible que los jueces pidan señal de daño físico para avalar una violación? Y cuando ocurrieron lo de las manadas, me dije que tenían un mismo patrón. A los hombres nos cuesta entender cómo la mujer vive el miedo. Ellas lo viven de otro modo, para sobrevivir, se dejan que pase lo que tenga que pasar con tal de que no sean golpeadas e incluso muertas. Es una violación con terror. Decidí contar la historia de esta chica, con los personajes reales, sin ajustarme a convertir la novela en un expediente judicial. Lo que quería poner que una chica fuera la voz de la novela, ella es la líder del grupo, lo que me permitió contar la historia vive este afán de sobrevivir en un mundo de hombres.

–Las mujeres que están a cargo de estos grupos, se salvan por eso

–Es una forma de salvarse. Tiene un carácter fuerte, pero no es tan fuerte. Quise sin juzgar a chicos más o menos normales, un poco rebeldes, no son crueles, no torturan, no tienen ese patrón. El patrón usual de los chicos y los hombres que hacen eso, no es que violan. Ellos deciden dar el paso y tienen que hacerse responsables de eso.

¿Cómo es posible que los jueces pidan señal de daño físico para avalar una violación?, se pregunta el autor. Foto: Cortesía

–¿Qué nivel tiene para ti el mito de los amigos?

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–Yo tengo una especie de intuición y es que en la naturaleza de las diferencias entre hombres y mujeres hay ciertas diferencias biológicas que siguen jugando. Un biólogo de la UNAM me contó un experimento que había hecho con chimpancés cachorros, ponían a los chimpancés a jugar con juguetes. Hay como diferencias que la cultura trata de controlar en ese contexto, pero creo que cuando los muchachos se juntan tienen comportamientos distintos a cuando están solos. Lo podemos ver en la calle cuando los chicos están expuestos a situaciones en las que ellos se ven amenazados. Pero cuando están en grupo, ellos se sienten en extremo protegidos y empiezan a pasar los límites de la temeridad, sino que promueven el entorno, lo atacan.

“La manada”, sobre el abuso a las mujeres, el bullying y la indiferencia de las autoridades

–Cuando tienen alguna novia, pasa por el examen de los amigos

–El consenso de la aprobación. No hay ninguna disculpa en esto que estoy diciendo.

–El libro habla de lo profundo que es el patriarcado. La familia suele estar a favor de estos chicos

–Sí. La chica protagonista corre peligro por parte de algunos de sus amigos, porque ella quiere decir que los muchachos estaban en una sintonía de venganza y de resentimiento. “Pude haber sido yo”, se pregunta la líder alfa, que poco a poco comienza a sentirse la abusada.

–¿Qué dirías tú del acoso?

–La discusión es terriblemente delicada. En México hay una feminista que se llama Marta Lamas que tienen posturas que me gustan porque matizan el análisis. Efectivamente, están cambiando los patrones, yo no soy el de antes en la calle. Si no me dan la señal de que hay simpatía mutua, no me acerco. Está tan delicada la situación, que no sabes si fue una sonrisa de cortesía o una sintonía contigo.

–¿Cuánto te llevó la investigación para tu libro?

–La investigación duró un año y medio. Casi me tomó dos años escribir el libro. Todo el tiempo hablaba con muchachas que habían sido abusadas sexualmente. Conversaba también con feministas, para tratar de escuchar la razón que cada una tiene. Las feministas radicales tienen mucho para decir. En la gestación yo he casi sido como un médium, donde las voces femeninas han sido las que me contaron esta historia.

–¿Qué te pasó con la novela?

–Aprendí muchísimo. Entendí la queja de las mujeres, su demanda, los detalles del acoso, este es un espacio de integridad y no quiero un beso ni un piropo. Lo que ocurre con las manadas o con los grupos es de terror, en lugar de ser una disculpa es un agravante.

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