Ray Liotta

¿Las películas como última oportunidad de ver al finado cuando todavía está caliente?

Porque, como dije, está todo bien con Ray Liotta, pero es importante señalar que no todo lo que hizo merece ser visto, no hablemos ya de ser recordado. Es patético apreciar que estamos convirtiendo el cine en una suerte de sala de velatorios: las películas como última oportunidad de ver al finado cuando todavía está caliente.

Ciudad de México, 29 de mayo (MaremotoM).- Desde la muerte de Ray Liotta, hace un par de días, las redes sociales —e internet en general— están saturadas no solo de imágenes y profusos comentarios sobre él, sino de multitud de enlaces a cualquier película protagonizada por el difunto Ray. No Goodfellas o Cop Land, repito: cualquier película con Liotta.

Por supuesto, no hay ningún problema con Ray Liotta. Tampoco hay mucha novedad en lo que comento: últimamente sucede con cada tipo o tipa que se pira del mundo de los vivos, cualquiera sea su dominio artístico. Solo me lleva a reflexionar acerca de lo necrológico que se ha puesto el consumo cultural a partir de que las redes sociales comenzaron a marcar agenda.

Ray Liotta
Ray Liotta, quedan sus películas. Foto: Cortesía

Un tipo de práctica que se hace evidente, por ejemplo, a través de propuestas que nos conminan a un consumo compulsivo de cine antes de espichar (“las 100 películas que tienes que ver antes de morir” o similares) o bien mediante el endiosamiento súbito de figuras como producto de su muerte, invitándonos a ver cualquier cosa en la que estuvieron, como si haber atravesado la última frontera de la existencia subiera automáticamente de nivel producciones mediocres o directamente malas.

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Porque, como dije, está todo bien con Ray Liotta, pero es importante señalar que no todo lo que hizo merece ser visto, no hablemos ya de ser recordado. Es patético apreciar que estamos convirtiendo el cine en una suerte de sala de velatorios: las películas como última oportunidad de ver al finado cuando todavía está caliente.

La muerte es triste, no hay duda. Pero mucho más triste aún es que la gente se acerque al cine porque se lo señala un obituario, para no hablar de lo deprimente que resulta tener que morirte para que alguien se digne ver una película tuya. Créanme: después de muerta, la gente sigue estando en las películas tan bien o tan mal como cuando estaba viva. Si lo que nos importa de verdad es el cine, mejor buscar alguna otra referencia a la hora de elegir qué ver.

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