Mariana Osorio Gumá

Las siete vidas de un gato, entre lo doméstico y lo salvaje: Mariana Osorio Gumá

“No podría vivir sin adulterar permanentemente la realidad. La ficción por más que hable de asuntos ominosos de la realidad es ficción. Las fronteras se van diluyendo, sobre todo en esta etapa en donde se ve lo virtual, la representación del otro y no sabemos para dónde se va a resolver”, afirma.

Ciudad de México, 11 de noviembre (MaremotoM).- Como en esos libros del siglo XIX, este volumen de cuentos tiene un tema. Las siete vidas de un gato (Castillo) está dispuesto a que pasemos por ese costado misterioso de la vida, a que nos equivoquemos diciendo a veces que los gatos son perfectos, aunque estos personajes se sumergen en atmósferas y situaciones delirantes, donde la obsesión humana y la seducción gatuna se mezclan para cautivar y sorprender al lector.

Su autora, Mariana Osorio Gumá, a la que le hemos hecho entrevistas antes, esta ahora sumida en escribir cuentos casi como una compulsión. “El mundo pasa sin pena ni gloria a través de sus ojos entornados” es la frase de Nicanor Parra por donde la autora cubana ha pasado para tratar de transmitir ese misterio del gato.

Regida por las reglas del cuento, Gumá sabe que, tal como lo diría la psicoanalista francesa Françoise Dolto: el juego es un trabajo. “El juego y la literatura permiten un espacio de elaboración”, dice.

“Escribo todos los días, tiene que producirse algo”, comenta divertida. Este libro fue publicado por Castillo, en la categoría juvenil y una de las motivaciones de Mariana Osorio Gumá fue precisamente hacer una diferencia entre lo doméstico y lo salvaje.

“Es una frontera que me interesa muchísimo explorar. El cuento es muy generoso y permite esas exploraciones. El asunto de los gatos fue una coyuntura en ese tipo de búsqueda. El gato nos acompaña y está en esa zona penumbrosa y desconocida”, afirma la autora.

“Cuando escribo jamás pienso en un público en particular. En general lo que hago es escribir. Algunos de mis libros están en el marketing de juvenil, lo leen los adultos. Las novelas para mayores la leen los más jóvenes. De todas maneras, este libro da para hablar mucho con los jóvenes y eso es absolutamente fascinante para mí”, agrega.

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Esta lectura recuerda mucho a Julio Cortázar, no sólo por los gatos, sino por el género en sí. “Tengo un crush con el cuento, un género literario que es muy placentero de leer y muy placentero de escribir. Al principio me reconocía como novelista, pero ahora he ido explorando el cuento. Esto que decía Cortázar la novela es por puntos y el cuento es por nocaut”, dice Mariana Osorio Gumá, autora también de la novela que ganara el tercer premio Lipp Braserie, Tal vez vuelvan los pájaros.

Mariana Osorio Gumá
El gato nos acompaña y está en esa zona penumbrosa y desconocida. Foto: Cortesía Facebook

“Ahora escribo unos cuentos terroríficos, pero de todos modos me dan alegría”, comenta.

“Este es el primer libro de cuentos que publico, en una exploración que sigue. En la medida que uno sigue escribiendo va adquiriendo cierto instrumental a partir de la propia práctica. Ahora mis herramientas son más claras”, afirma.

“Ese ensayo de lo ominoso que tan bien trabaja Freud tiene que ver con lo familiar, con lo doméstico. Me encanta explorar el campo de la locura, de lo sobrenatural, lo que tiene que ver con lo inconsciente”, agrega.

Mariana Osorio Gumá
La nueva creación de Mariana Osorio Gumá. Foto: Cortesía

Lo siniestro está de moda, aunque a ella no le interesan las modas, pero al mismo tiempo coincide. “Lo siniestro siempre ha estado en la literatura, ahora se destacan escritoras, sobre todo de Argentina, que están dando un giro a esos aspectos. Hablan también de sus experiencias como mujeres”, explica.

“Lo que nos ha tocado como mujeres lo plasmamos en la ficción. Me parece que lo que me queda clarísimo, que todo lo que uno escribe es autobiográfico, aunque no nos demos cuenta. Yo, como escritora mujer, puedo nombrar cosas de la vida doméstica, familiar, en una atmósfera de terror, de locura”, es la visión de Osorio Gumá.

“No podría vivir sin adulterar permanentemente la realidad. La ficción por más que hable de asuntos ominosos de la realidad es ficción. Las fronteras se van diluyendo, sobre todo en esta etapa en donde se ve lo virtual, la representación del otro y no sabemos para dónde se va a resolver”, afirma.

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