Laura García

Laura García: “Mi camino es la divulgación de las palabras y del idioma”

La conductora de La Dichosa Palabra habla para defender el idioma mexicano, con miles de indigenismos y con la firme convicción de que debemos mantener una historia de amor con él.

Ciudad de México, 31 de mayo (MaremotoM).- Hablar con Laura García es hablar con una amiga que ha recorrido casi los mismos caminos que tú. Hace más o menos 20 años que vive en México, ha pasado con gran dolor y gran pérdida el terremoto de septiembre pasado y sin embargo muchos se niegan a verla como alguien de aquí.

Cada vez que un taxista me pregunta de dónde soy y por qué he venido a México, digo siempre que el mundo es de todos, más allá de las fronteras y que uno elige el lugar.

Dice el escritor Manuel Vilas: “Uno no elige el lugar donde nació”, pero puede elegir el lugar donde vive y sufrir y ser feliz en una tierra extraña que poco a poco se va haciendo de una.

La hemos visto evolucionar en los medios, acoplarse a sus diccionarios que siempre son sus amigos y la hemos visto construirse en sus programas como La dichosa palabra, que el sábado pasado estrenó su temporada número 17.

Hablar con ella es delicioso, preguntarse de dónde salió la palabra “funderelele”, el título de su libro reciente, muy vendido y que le ha hecho descubrir todas esas palabras que la gente tiene escondidas.

–¿Cómo ha sido el año pasado, qué balances haces?

–El año pasado ha sido muy sorprendente, después de venir del terremoto recibí una especie de solidaridad por parte de todo el mundo. Salió mi libro Funderelele(Planeta), me ha ido muy bien con él. He trabajado muchísimo, lo que ha significado recuperarme anímica y económicamente, también un poco de encontrar el lugar. Un poco de reivindicación. Fue muy bonito, pero terminé exhausta. Este año me lo quise tomar con calma, pero ha venido con muchos cambios, entre ellos el cambio de gestión gubernamental. Tengo ganas de equilibrar un poco y de dedicarme más a proyectos personales. Todo lo que me ofrecen lo acepto y me entrego a ellos, así que ahora veo la necesidad de equilibrarme. ¡Pensar en vacaciones!

Laura García
Tengo ganas de equilibrar un poco y de dedicarme más a proyectos personales. Foto: MaremotoM

–¿Funderelelefue una certificación de que amas los diccionarios?

–Sí y de un poco también ver que mi camino es la divulgación de las palabras y del idioma. No intentar otra cosa que no vaya por ahí. A veces me preguntan por qué no escribes una novela, no tengo la necesidad ni la capacidad ni creo que fuera una buena idea. Escribo ensayos, artículos de divulgación, donde intento contagiar mi amor por las palabras. Este libro es producto de mi carrera de diccionarios y que luego se convirtió en un pretexto de la gente para darme sus palabras. La gente me escribe las palabras en servilletas de papel y me las da. ¿Por qué si una palabra que aparece en Sinaloa no aparece en el diccionario? La gente quiere darla a conocer.

–El mexicano como idioma es muy vasto y hay mucha influencia de las lenguas indígenas, ¿verdad?

–Totalmente y de ahí viene la riqueza del idioma mexicano. Poder mantener una identidad que ha sufrido de muchos ataques, pero a la vez ahí está. Siento que hay un montón de indigenismos y que son mexicanos. Lejos de querer esconderlo o globalizarlo, hay que reivindicar mucho los acentos y nuestras maneras de hablar. Hay que defender la pluralidad y la diversidad y México es un lugar muy rico. Utilicemos nuestras palabras.

–¿Qué es funderelele?

–Funderelele es una historia de amor que le hago a un montón de palabras que me gustaron. Es una demostración que el vocabulario está vivo y está en todas partes. Un homenaje a los abuelos, cuando la gente te regala palabras y te hereda. Es una reivindicación del idioma, palabras concretas para decir ciertas cosas, ¿por qué decir cuchara para servir helados si tienes funderelele, con apenas 11 letras? Es también una invitación a que la gente juegue, a intentar ver donde van a usar sus palabras y a que cada uno haga su historia de amor.

Laura García
Yo creo que las normas son necesarias para ponernos de acuerdo en lo básico. Foto: MaremotoM

–La lengua es uno mismo

–Yo creo que las normas son necesarias para ponernos de acuerdo en lo básico. Pero lo que luego hay que defender mucho son las palabras que usamos, existan o no. Quiero decir, existen porque tú las pronuncias, porque te sirven para comunicarte con una comunidad, son códigos de comunicación.

–¿Y las normas impuestas por el periodismo?

–Es que ahí la riqueza del vocabulario se vuelve imprescindible. Si nos vamos a los esquemas rígidos uno termina hablando en fórmula mecánica. Si abres el campo visual, defiendes el idioma. Hay jergas para determinados ambientes, siento que el vocabulario es una carta de presentación muy buena. Uno está muy atento a cómo se peina, qué vistes, a qué huele, de repente no presta atención a las palabras que usas, cuando dicen mucho lo que tú eres. El vocabulario funciona de manera muy peculiar. Si tú mañana tienes que dar la noticia de que descubriste algo fundamental para la humanidad, si tus palabras son mínimas, tu descubrimiento va a ser muy pequeño por no saberlo explicar. Y si hoy a la noche intentas aprender nuevas palabras, al otro día no te va a salir, porque el vocabulario funciona dándole una a una a tu cerebro. Que los niños no se queden con esas 300 palabras que usan. Las palabras dicen mucho de uno mismo.

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–¿Cómo ves el tema del libro y de las traducciones?

–El tema de las traducciones es económico. Si llega una traducción de España aquí no entenderemos nada y eso hace entorpecer la lectura de Mo Yan, por ejemplo. ¿Qué sería lo ideal ahí que Anagrama, Penguin Random House, Planeta, tengan un traductor en cada país? Eso es inadmisible económicamente.

–El problema es la resta de lectores

–Sí, es cierto. La poesía es un gran reto dentro de la traducción. El trabajo de la traducción es tan complejo y ahora está tan machacado, porque no conocen al autor, te pagan dos pesos, te piden la traducción enseguida. Resta lectores, obvio.

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La poesía es un gran reto dentro de la traducción. Foto: MaremotoM

–¿Hace cuanto que estás en México?

–Hace 19 años y me siento como un bicho raro. No soy extranjera, pero soy local, no soy española, no soy mexicana. Me siento en una situación donde no puedo opinar de nada. Ha habido un gran muro, un gran abismo para saber qué pasaba en Latinoamérica. Yo nunca había leído a los autores latinoamericanos, hasta que llegué a México. Hay una parte frustrante de decir que yo soy de aquí, cuando mucha gente de aquí tampoco ha leído un libro de los que se escriben aquí. Trato de verlo como de alguien que tiene los pies en dos orillas. No siempre funciona, me topo con muchas paredes y con personas que me critican eso, pero es lo que soy. Trato de ser muy tolerante, a la vez que critico y es imposible darle gusto a todos.

–En ese sentido, mi pregunta apuntaba más a lo positivo, de hacer cosas acá como las miles que tú haces

–Sí, mi idea por otra parte es que la gente no se vaya con lo que ve en las noticias, ni de un lado ni del otro. Todos los países estamos siempre mandando noticias terribles hacia el mundo. Trato de volcarme a mejorar aquí las cosas, porque aquí es donde vivo. Este país me ha dado muchas oportunidades, he crecido, me dedico a las letras, que es lo que me gusta y estoy eternamente agradecida a México. Aquí todo cuesta tanto, no de dinero, sino de esfuerzo, lo ves todo tan cuesta arriba que cuando llegas a la noche te dices: ¡Wow! Lo que conseguí hoy. Es casi a diario. Acá es sal, hazlo, vas a llegar a la noche con una satisfacción que no he vivido en otros lugares.

–¿El corazón como está? Tus padres están grandes ya, ¿qué sientes?

–La vejez de los padres es un tema que rompe el corazón. Tengo un hermano que se ocupa, quien me jaló las orejas y me ha dicho que tengo que tratar de ir más. No es fácil tomarse un mes desde México, si desapareces desapareces. Como nos pasa a todos los free lances, descolgarte del todo sabiendo que vas a volver a sumarte a un tren en marcha, no es tan fácil. Gracias a las comunicaciones te conectas y mi madre me puede dar recetas de cocina en el momento, que me esté comprando ropa y le pueda pedir consejos a mi cuñada, es bueno, pero nunca suficiente. Siempre se lucha con eso y siempre uno anhela la otra orilla.

–¿Qué es La Dichosa Palabra?

–Es un gran proyecto, un gran oasis, es lo más sólido que he tenido en mi vida. Cumplimos ahora 17 años de temporada, hemos envejecido y crecido juntos. Hemos acumulado durante muchos años miles de conocimientos y no deja de verse enriquecida. La Dichosa es la rutina, la estabilidad, la disciplina y la base.

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