Silvia Molina

Le quise dejar a mis hijas una memoria de donde vienen: Silvia Molina

Ahora ha sacado el libro La república española es un pañuelo (Cuadernos del Seminario), unos recuerdos de infancia por medio de los cuales hace honra a la herencia y a todo lo que nos ha dado los refugiados de ese país durante la pasada Guerra Civil.

Ciudad de México, 13 de enero (MaremotoM).- La escritora Silvia Molina tiene una relación muy íntima con la literatura. Trabaja también en el Seminario de Cultura Mexicana y está atenta a las nuevas escritoras, con las que se lleva muy bien.

Ahora ha sacado el libro La república española es un pañuelo (Cuadernos del Seminario), unos recuerdos de infancia por medio de los cuales hace honra a la herencia y a todo lo que nos ha dado los refugiados de ese país durante la pasada Guerra Civil.

“Mi padre, siempre mi padre. Sigo sentada en el pórtico de la casa, pero no llega. Quería contarle que murieron sus hermanos de pluma y aventuras y que dejaron unas palabras escritas para él”, dice en un libro pequeño pero que se hace gigante con la memoria de tantas personas importantes que han pasado en el siglo XX, entre ellas su padre, el político y escritor Héctor Pérez Martínez, subdirector del desaparecido periódico El Nacional y gobernador de Campeche.

El libro, que se puede leer gratuitamente en el Seminario de Cultura Mexicana (https://seminario-de-cultura-mexicana-673.app.publica.la/library), no intenta ser una respuesta a la visión de Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que España nos debería pedir perdón por la colonia, pero sí al menos intenta reivindicar lo que ha sido la formación cultural e institucional que han llevado unos cuantos refugiados españoles, que hicieron de México su hogar y a su hora se entregaron.

“Aunque muchos españoles fueron a dar a la Argentina, el apoyo que recibieron en México fue increíble. Aquí se instalaron como si fuera su casa. Ya tenían ciertos contactos y pudieron echar raíces aquí, aunque desde luego el exilio es tremendo”, dice Silvia Molina, la autora.

Los refugiados españoles construyeron la cultura mexicana, “fueron los educadores, los científicos que formaron a distintas generaciones, pero lo que yo hablo en casa es un poco el exilio en la intimidad. El exilio en casa, es un pañuelo chiquito donde cuento lo que pasaba adentro de los hogares”, agrega.

Los recuerdos de infancia de Silvia Molina. Foto: Cortesía molin

¿Es una respuesta a la postura de Andrés López Obrador en el sentido de que los españoles nos deberían pedir perdón?

“Eso es una locura, pero no es una respuesta a eso, sino el rememorar otra época, cuando España había perdido a sus mejores hombres, a los intelectuales, a los científicos, aquí fundaron escuelas, centros de ciencias y nos enriquecieron en distintos aspectos”, dice.

“Nos siguen enriqueciendo, yo me considero como una hija del exilio, porque en mi casa estaban muchos de ellos y yo escuchaba cosas hasta de política, eran muy amigos de mi padre, de mi madre. Me acuerdo de mi pediatra, que era para mí un tío y al que llamaba para decirle: –Tío, me duele la garganta”, agrega.

Un trabajo sobre la ausencia del padre, a quien Silvia recuerda muy poco y “un homenaje a mi madre, a quien le costó levantarse. Un homenaje también a todas mis pérdidas, a mis hermanos, que todos murieron, a mis tíos, a mis padres”, expresa.

“No cuento de mis hermanos casi nada, a lo mejor un día logro hacerlo”, dice y uno recuerda a Los apóstatas, la novela de Gonzalo Celorio que acaba de salir. “La conozco, es una novela cruda. Mis hermanos fueron como mis padres, los dos mayores sobre todo, el mayor el que me ayudaba a estudiar, siempre estaba pendiente de que no me faltara nada y el siguiente era Javier, una persona muy dulce, que consiguió que me interesara la literatura, porque me contaba cuentos todo el tiempo. Me llevaba a todas las fiestas, nos divertíamos mucho. Mi hermana era mucho mayor que yo, nunca tuvimos una relación de amigas y mi hermano el pequeño tenía también su mundo un poco aparte”, dice Silvia, quien se menciona como el último grado de memoria de la familia.

“Le quise dejar a mis hijas una memoria de donde vienen. Es algo muy bonito, tuvieron un abuelo que todavía sigue cosechando elogios de lo que sembró”, afirma.

Silvia Molina
Mira, he sido una escritora solitaria, ni sé ni me importa la promoción. Foto: Cortesía

“Para mi generación fue mucho más fácil publicar. Las que nos abrieron el camino fueron las anteriores. A mí me acompañaron al editor Joaquín Díaz Cañedo, Elena Poniatowska y Hugo Hiriart. Cuando salimos de ahí, Hiriart me dijo: Hay quienes tienen que esperar cinco años para ser publicadas, no creas que te van a publicar tu novela inmediatamente. La verdad es que fue inmediatamente que Joaquín me llamó para decirme que iba a publicarla. Cuando fui a la editorial me sentí muy acogida”, expresa.

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¿Cómo se verá ahora como escritora Silvia Molina, que entre otros premios ha ganado el Xavier Villaurrutia?

“Mira, he sido una escritora solitaria, ni sé ni me importa la promoción. Escribes porque tienes la necesidad de escribir, de contar, la verdad es que no estoy pensando en la publicación. En los últimos años he escrito mucho para niños, lo que tiene una muy buena acogida, se vende muy bien, se traduce fácilmente, la verdad es que no estuve pensando en quién me va a publicar”, dice.

Silvia Molina nació en la ciudad de México en 1946. Estudió antropología en la ENAH y es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Realizó estudios de posgrado en literatura prehispánica y perteneció al seminario de traducción de documentos en náhuatl dirigido por Víctor Castillo en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Fue editora de libros especiales en PROMEXA, Directora Editorial de CIDCLI y Ediciones Corunda. Ha dirigido talleres de creación en Difusión Cultural de la UNAM y en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma institución, donde impartió las materias de Literatura Mexicana y Redacción durante varios años.

Fue becaria del Centro Mexicano de Escritores (1979), del International Writing Program de Iowa, USA (1991), del Fideicomiso para la Cultura México-USA (1994) y del Sistema Nacional de Creadores de Arte (1995-1998 y 1998-2000). Fue agregada cultural de México en Bélgica (2000-2004), Coordinadora Nacional de Literatura del INBA (2004-2007), Coordinadora Nacional de Publicaciones de las Conmemoraciones del 2010 (2008) y Coordinadora de Publicaciones del INBA (2009-febrero 2011).

Ha escrito novela, cuento, ensayo, crítica literaria, teatro, crónica y literatura infantil. Recibió el Premio Xavier Villaurrutia (1977) por La mañana debe seguir gris, el Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada (1992) por Mi familia y la Bella Durmiente cien años después, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (1998) por El amor que me juraste, el Premio Leer es Vivir de la Editorial Everest en España (1999) por la novela para jóvenes Quiero ser la que seré y el Antonio García Cubas por Álbum de la Patria. Su novela El amor que me juraste fue candidata en la Short List del Premio Internacional IMPAC de Dublin, Irlanda, en 2001. Fue vicepresidenta del Seminario de Cultura Mexicana. Actualmente es vocal de la Sociedad Alfonsina Internacional, pertenece al Seminario de Cultura Mexicana y miembro corresponsal por la ciudad de Campeche de la Academia Mexicana de la Lengua. Su obra ha sido traducida a varios idiomas.

Silvia Molina
La literatura está en crisis, que es donde más se trabaja. Foto: Cortesía

“La literatura está en crisis, que es donde más se trabaja. Hay escritores jóvenes que nos están empujando porque les toca a ellos. Me llevo muy bien con las escritoras jóvenes, pertenezco a un grupo de escritoras que han hecho un camino interesante (Las hijas de Virginia Woolf), porque lo han hecho un poco solas. Doy talleres literarios, en donde descubro escritoras maravillosas”, expresa.

“La literatura es literatura, más allá del género. Admiro muchísimo a Margo Glantz, acaba de cumplir 90 años y es una escritora realmente joven. Vive, hace, come y duerme literatura. Entre las escritoras más recientes hay muchas que no están preocupadas por el género literario, sino por hacer literatura, como Mónica Lavín. Yo tenía una columna en el periódico Reforma, donde hablaba de mi lectura de mujeres. Hablaba de Jean Rhys, que fue la primera autora que descubrí que era muy cruda para tratarse a sí misma, lo que más me impresionaba era la literatura que hacía”, afirma.

“La literatura que está de moda, las series que están de moda, en estos tiempos, es la oriental, mucho escrito por mujeres y también por hombres, con temas totalmente transparente. Atacan los temas de los seres humanos con una sencillez, algo muy interesante. Me encanta leer a Haruki Murakami, que para mí sus primeros libros fueron maravillosos, aunque no dejo de leerlo. Tokio Blues, por ejemplo, como la música occidental se mete en estas sociedades”, agrega.

“¿Qué tal esta novela, de Yoko Ogawa, La fórmula preferida del profesor, es una maravilla. Es la historia de un profesor de matemática y la chica que va a cuidarlo. Me encantó”, concluye.

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