The Clash

LECTURAS | ¿Cómo se escribió London Calling?

En su reciente libro, Marc Miers, Anatomía de una canción (Malpaso), nos cuenta cómo se ha escrito London Calling y esta es la historia de Joe Strummer, de The Clash.

Ciudad de México, 5 de junio (MaremotoM).- El documental sobre Joe Strummer (1953-2002), quien falleció a los 50 años víctima de una falla cardíaca por problemas genéticos, nos lleva a pensar en un genio, probablemente el gran escritor de nuestros tiempos, el gran analista de esos años vertiginosos donde el mundo vivía sin Internet y con mucho salvajismo alrededor.

Sabemos mucho de él, pero en realidad él es un misterio que se llevó a la tumba. Podemos a través de sus canciones, a través de sus pensamientos, a través de su fanatismo por Federico García Lorca (1898-1936), adivinar un poco su personalidad y disfrutar sus caminos hacia la creación, en un universo donde todo el arte se corresponde con el aire, con el espacio.

En su reciente libro, Marc Miers, Anatomía de una canción (Malpaso), nos cuenta cómo se ha escrito London Calling y esta es la historia de Joe Strummer, de The Clash.

LECTURAS | “Anatomía de la canción”, de Marc Myers

LONDON CALLING. The Clash. Aparición: diciembre de 1979

A mediados de 1977, un coro cada vez más nutrido de artistas británicos de punk rock comenzó a airear su frustración sobre el apalancamiento de la música. El movimiento había llegado con retraso al Reino Unido, arraigando de verdad en 1976 tras un concierto de los Ramones. Un año más tarde, el punk británico daba la impresión de girar en círculos, sin ninguna evolución. En un programa de radio en Londres, en julio de 1977, Johnny Rotten (John Lydon), de los Sex Pistols, iba a ser entrevistado por el presentador Tommy Vance. La emisión se titulaba The Johnny Rotten Show: The Punk and His Music, un programa conformado por una charla y una selección de vinilos realizada por Rotten. Este no tardó en expresar su disgusto por la estrechez de miras del punk y por la poca voluntad de las bandas para hacer que afloraran enfoques más novedosos y variados. “Ese es el problema con la mayoría de las bandas punks: puedes adelantar de qué va a tratar la siguiente canción y con las primeras notas ya puedes barruntar la letra y cantarla”, declaraba desdeñoso. En octubre de 1977, el punk británico se adentró en una nueva fase con la salida del Never Mind the Bollocks de los Sex Pistols, un álbum de fino acabado que parecía más en sintonía con el hard rock convencional. Rotten abandonó el grupo en enero de 1978. Las luchas internas del punk, a cuenta de la autenticidad, prosiguieron en 1978 y eso desencadenó corrimientos de tierra en la música. A la par que el desempleo y el malestar social crecían en Gran Bretaña, algunos grupos, como los Clash, tramaron canciones con su buena dosis de crítica social, en las que se remedaba el tono contestatario de las bandas de reggae en Jamaica. Aspirando a algo más que a despotricar sobre las convenciones sociales o propugnar la libertad individual, las bandas de punk británicas comenzaron a experimentar con eso que se entendía como crítica social, poniendo en tela de juicio las políticas públicas, a los dirigentes de la nación e incluso a la Reina, todo ello dentro del marco de unas condiciones económicas escabrosas. La recién descubierta ira sociopolítica del punk tuvo además sentido de la oportunidad, al coincidir con la elección de Margaret Thatcher, del partido Conservador, como primera ministra en mayo de 1979. Cuando los Clash compusieron y ensayaron “London Calling” a comienzos de aquel año, los focos de interés del grupo eran el calentamiento global, el posible desbordamiento del río Támesis y la violencia de la policía contra los manifestantes.

“London Calling” salió a la calle en diciembre de 1979, para convertirse en uno de los himnos del rock más turbulentos e influyentes. Con su ritmo marcial, los pitidos de aviso de la radio, la línea de bajo funky del rocksteady y unas letras lacerantes, la canción alertaba sobre un mundo enfrentado a riesgos ecológicos de primera magnitud. Un tema firmado en comandita por Mick Jones y Joe Strummer, cantante solista del grupo, la canción “London Calling” nunca fue un éxito de Billboard en Estados Unidos, pero alcanzó el número 11 en el Reino Unido. El álbum en que se incluyó (y con el que comparte título), ascendió hasta el número 9 en Gran Bretaña, conformándose con el 27 en Estados Unidos. Pese a todo, hizo su entrada en el Grammy Hall of Fame en 2007.

Entrevistas a Mick Jones (cantante, guitarrista de the clash y coautor), Paul Simonon (bajista) y Topper Headon (batería)

En 1979, vimos un titular en la primera página del Evening Standard, en su edición de Londres, donde te ponían en guardia sobre que el mar del Norte iba a subir de nivel y provocaría una crecida del Támesis que inundaría la ciudad. Nos quedamos estupefactos. Para nosotros, ese titular era otra señal de hasta qué punto todo se venía abajo.

PAUL SIMONON: En los setenta, cuando formamos el grupo, había mucha tensión en Gran Bretaña, con huelgas constantes y la economía del país estaba hecha unos zorros. También había mucha agresividad con cualquiera que vistiera diferente y los punks eran los que recibían más. Por eso el nombre Clash parecía indicado para nosotros. Antes de “London Calling”, no contábamos ni con mánager ni con local, así que íbamos más o menos dando tumbos. Los que nos ayudaban en los conciertos nos encontraron un sitio junto a Vauxhall Bridge Road, en Pimlico, en la ribera del Támesis. Era un cuarto de nada, con corrientes de aire, pero insonorizado, que estaba en el piso de arriba de la parte de atrás de un garaje.

JONES: Ensayábamos todos los días y nos tomábamos un descanso por la tarde. Entonces cruzábamos el puente e íbamos a un campo vallado para jugar al fútbol. Una cosa para hacer equipo también. Teníamos una sensación de camaradería muy fuerte. Joe Strummer (cantante solista) vivía en un edificio junto al Támesis y estaba asustado con la posible inundación. Acabó un par de borradores con la letra, y luego yo le amplié el sentido, para que la canción fuera un aviso general sobre la calamidad de la vida cotidiana. Fuimos avanzadilla de todo el asunto del cambio climático, ¿no?

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La frase sobre una “falsa beatlemanía mordiendo el polvo” era una invectiva contra todas las bandas de rock londinenses que eran calcos entre ellas, casi una cosa para los turistas, a finales de los setenta. Éramos muy fans de los Beatles, los Who y los Kinks, pero pretendíamos rehacer todo eso. Queríamos que “London Calling” clamara por la recuperación de una cultura más cruda y natural. Cuando mirábamos atrás a la música del primer rock, nos relamíamos, pero la gente ahora estaba encarando otro tipo de asuntos, desconocidos y espantosos. Teníamos un mensaje que dar más urgente: las cosas se estaban desmoronando. Cuando ya tuvimos la mayoría de los versos escritos, yo empecé con una música que encajara con el ritmo de la letra. Quería reproducir la urgencia de una alerta informativa. Los dos acordes de guitarra que empleé al inicio eran un poco entrecortados, pero se me ocurrió un truco con el meñique para cambiar más suavemente.

TOPPER HEADON: Cuando Mick comenzó a tocar los acordes, yo arranqué con la batería. Mi bagaje musical eran el jazz y el soul, así que intenté imprimir algo de variedad a mi tempo marcial. Toqué la intro normal, pero cuando la banda y Joe entran, me puse a tocar un seis por diez en el charles con la mano derecha para que luciera más. Luego, cuando vamos al estribillo que empieza “the Ice Age is coming” [la Edad de Hielo se avecina], le añadí un poco de swing.

Anatomía de una canción
Anatomía de una canción. Libro editado por Malpaso

SIMONON: Quería que mi línea de bajo fuera como una gran declaración en plan: “¡Aquí estamos!”. Tenía la influencia de Leroy Sibbles, el bajista del grupo de reggae los Heptones.

JONES: El título de la canción partió de Joe. Cuando era crío, su familia se trasladó a Alemania y es allí donde se habituó a oír esa frase, “London calling”, por la radio. Era el modo en que la BBC abría sus informativos en el extranjero.

HEADON: Llevó semanas hasta que clavamos “London Calling”. No estábamos en nuestro mejor momento financiero y más nos valía que el tercer álbum vendiera, porque en otro caso íbamos a tener dificultades con la discográfica. Para complicar aún más las cosas, teníamos el plan de un álbum doble, lo cual no sentó demasiado bien en el sello. Nos jugábamos mucho con ese trabajo.

JONES: Después de tener “London Calling” a punto —junto a una remesa de canciones para el álbum—, entramos en los Wessex Studios de Bill Price en agosto de 1979. Era una antigua iglesia del norte de Londres. Bill nos dispuso en el estudio formando un corro.

SIMONON: Las contribuciones, tanto musicales como emocionales, de nuestro productor Guy Stevens fueron de gran valor para nosotros. Una vez le preguntaron sobre cuál era su estilo, y dijo: “En este mundo, hay dos Phil Spectors y yo soy uno de ellos”. Durante la grabación de “London Calling”, Guy se metía en la sala de grabación para aumentar la intensidad ambiental. Una vez, entró mientras estábamos grabando y se puso a estampar sillas contra la pared para tensar la atmósfera. Alguno no lo pudo esquivar a tiempo. Por ejemplo, Joe iba con la idea de cantar y tocar el piano y Guy no transigía con eso. Así que pilló una botella de vino tinto y regó el piano y las manos del pianista.

JONES: La mayoría de la gente no se da cuenta de que mi solo de guitarra a mitad de canción está al revés. Tras grabarlo, puse la cinta y añadí la pista en la mezcla de esa manera. Por eso suena a corriente de aire. Quería que sonara crudo y desquiciado.

HEADON: Guy añadió el fuego de su magia. Mira, cuando tienes a alguien balanceando una escalera y tú tienes que estar pendiente para evitarla, la música que salga de allí estará muy viva. En un momento dado, Guy dijo: “Vale, es la toma buena”. Yo le repuse: “No, qué va. Se acelera un poco”. Y él me respondió: “Precisamente: todo el buen rocanrol va acelerado. Toma buena. Y tenía razón. Con eso aprendimos que un buen productor es el que sabe conservar la imperfección en sitios determinados.

London Calling - The Clash
London Calling – The Clash

JONES: Bill Price es el que añadió el eco y el sonido de los cañones disparando. También pusimos a Joe imitando a las gaviotas, algo que venía de la influencia del “(Sittin’on) The Dock of the Bay”, de Otis Redding (ver capítulo 16). Como músico, uno lleva el pasado en su equipaje, ¿no? Los Beatles, los Stones, los Kinks y los Small Faces habían realizado cosas nuevas y diferentes, y yo quería eso mismo para nosotros. Lo de poner el código Morse al final fue idea mía. Apagué una de las pastillas de la guitarra y empleé la otra pastilla para hacer la señal de la radio, ese sonido de la BBC que se cuela en la despedida.

SIMONON: Mi foto en la portada del álbum London Calling es de un concierto en el Palladium Theatre de Nueva York. El sonido del escenario era malo y yo sufría para poder oír mis notas. Además, la mayor parte de los espectadores estaban sentados, así que concluí que o bien no les gustaba el concierto, o bien los de seguridad no les dejaban bailar. De pura frustración, la emprendí con mi bajo. Por desgracia, durante el resto de toda la gira me vi obligado a usar mi bajo de reserva, que no sonaba tan bien como el que había hecho trizas. La fotógrafa Pennie Smith es la autora de la imagen. Todo fue tan rápido y repentino que por eso la fotografía se ve borrosa. Joe propuso usar la foto de Pennie para la portada de London Calling y así salió al final. ¿Sobre mi genio? Ahora está mejor, pero no curado del todo. Es frustración en el plano creativo, precipitada por las circunstancias que sean en las que estoy. A veces se hace duro contar atrás desde veinte.

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