El origen de todos los males

LECTURAS | El origen de todos los males, de Bibiana Camacho

Un lanzamiento editorial de Cal y arena en coedición con Bookmate. “Los autores aquí reunidos retratan de manera sutil, directa, agresiva y alegórica a los padres autoritarios. Esta antología no pretende mostrar a madres y padres como enemigos, sino revelar los claroscuros de las relaciones filiales”, dice la coordinadora. Disponible en ebook, audiolibro y muy pronto la versión impresa. Este es un adelanto.

Ciudad de México, 23 de agosto (MaremotoM).- El lazo entre padres e hijos es indisoluble. La relación ideal es de amor, comprensión y tolerancia. Y aunque algunas relaciones se tejen en armonía y sin graves contratiempos, muchas otras son conflictivas y dolorosas, a veces por la incapacidad para comunicarse, por la negación a aceptar errores, por los demonios de unos y otros, por la brecha generacional, por el abismo que se ahonda en cuanto más pasa el tiempo. Muchas veces el autoritarismo de los padres se debe a que ven a sus hijos como extensiones de sí mismos y por lo tanto actúan de acuerdo a sus convicciones.

El origen de todos los males
Editado por Cal y Arena. Foto: Cortesía

Adelanto de El origen de todos los males, de Bibiana Camacho, con autorización de Cal y Arena.

La autoridad existe en toda relación humana. Me interesa el tema porque desde que tengo uso de razón ha estado presente en mi vida y he intentado, a veces con éxito y a veces no, transgredirla. Me gusta creer en la libertad de elección.

El lazo entre padres e hijos es indisoluble. La relación ideal es de amor, comprensión y tolerancia. Y aunque algunas relaciones se tejen en armonía y sin graves contratiempos, muchas otras son conflictivas y dolorosas, a veces por la incapacidad para comunicarse, por la negación a aceptar errores, por los demonios de unos y otros, por la brecha generacional, por el abismo que se ahonda en cuanto más pasa el tiempo. Muchas veces el autoritarismo de los padres se debe a que ven a sus hijos como extensiones de sí mismos y por lo tanto actúan de acuerdo a sus convicciones.

Algunos escritores reconocidos fueron verdugos o víctimas del autoritarismo. Scott Fitzgerald arrasó todo a su paso, principalmente lo que más amaba. Hace algunos años, la editorial Alpha Decay tradujo al español las cartas que el autor intercambió con su única hija, Frances Scott “Scottie”, que escribe en el prólogo: “Escuchen ahora atentamente a mi padre. Porque da buenos consejos y estoy segura de que, si no hubiera sido mi padre, a quien tanto amé como odié, ahora sería la mujer más cultivada, atractiva, exitosa e inmaculada sobre la faz de la Tierra”. Más adelante confiesa no haber atendido esos consejos y mucho menos sus explicaciones, acaso porque “sólo había una manera de sobrevivir a su tragedia y era ignorarla”.

John Hemingway escribió Los Hemingway: una familia singular; en este libro, el nieto de Ernest Hemingway narra cómo fue vivir con un padre travesti y una madre esquizofrénica en una familia marcada por los suicidios, los trastornos y el talento. Para John debió ser una carga muy pesada ser el nieto de uno de los escritores más importantes en el mundo: “Mi abuelo no era un hombre brutal, ni mucho menos cruel, él, como mi padre, era un ser extraordinariamente sensible, el mejor escritor y novelista de Norteamérica, y sin embargo, también un ser débil y enfermo, capaz de llevarse a todos por delante”.

Para otros escritores, como Mario Vargas Llosa, el padre fue primero una ausencia y luego una persona desconocida y antipática, como lo describe en El pez en el agua: “un hombre de sonrisa falsa, fría y distante” que en una ocasión lo saludó con desprecio en el lobby de un hotel. “Tuve una relación desastrosa con mi padre, y los años que viví con él, entre los once y los dieciséis, fueron una verdadera pesadilla. Por eso siempre envidié a mis amigos y compañeros de infancia y adolescencia, que se llevaban bien con sus progenitores y mantenían con ellos, más que una relación jerárquica de autoridad y subordinación, de cariño y complicidad”, escribe.

Ricardo Garibay también sufrió la opresión y el autoritarismo de su padre. Los recuerdos evocados por el autor en sus libros son contundentes: tuvo una infancia ruda, vivía aterrorizado por la presencia del papá violento, pero al mismo tiempo lo admiraba por ser un ejemplo de firmeza y tesón. Cuando en 1962 su padre enfermó gravemente, Garibay estuvo ahí en todo momento y escribió un diario de la extinción paterna, no sólo física sino psíquica, que se publicó en 1964 bajo el título Beber un cáliz.

Linda Gray Sexton, hija de la poeta Anne Sexton, escribió Buscando Mercy Street, una autobiografía en la que describe el maltrato emocional y el abuso sexual que sufrió por parte de su turbulenta madre, así como las consecuencias psicológicas derivadas de esto. Sexton relata con espeluznante fidelidad cómo ella y su hermano sufrían los peores momentos de la enfermedad mental de su madre y admite el don que le permitía transformar sus delirios en poesía. Sexton también expresa ternura y devoción por su madre, la llama “mentora, guía, novia, maestra, confidente y creadora”.

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En Carta al padre, Franz Kafka revela que su padre Her- man Kafka es quizá el padre autoritario por excelencia. Su hijo jamás logró satisfacer sus altas expectativas, a tal grado que el joven a menudo se retrató en sus obras como un insecto o un hombre que se defiende sin saber de qué se le acusa. En la epístola, Kafka trata de explicarse a sí mismo y adjudica

El origen de todos los males
Los padres autoritarios en un gran libro. Foto: Cortesía

la conducta del padre a su juventud cuando se convirtió en jefe de familia, a su carácter, a las limitaciones del escritor y a las abismales diferencias entre ambos.

¿Cómo son las figuras paterna y materna de cada uno de nosotros? Quizá no queremos ni saberlo, quizá preferimos esconderlo en los pantanos de la memoria. En varias partes del mundo, incluido México, la figura de los padres y la imagen de la familia suelen ser sagradas. Hablar de ellas puede provocar rupturas y distanciamientos inevitables. Ha ocurrido y seguirá ocurriendo.

Los escritores incluidos en esta antología relatan la extraña y oscura red que, a veces, se teje entre padres e hijos. Ricardo Garibay, a través de una fábula, plantea la muerte del niño que todos llevamos dentro y cuestiona la indiscutible necesidad de actuar según dicta la autoridad y comportarse, al fin, como adultos sin pasado, sin infancia, como almas libres de las verdades tormentosas y reales que acechan los sueños más profundos. Javier Elizondo retrata a un padre alcohólico y maltratador que no tiene idea de la treta que ha inventado la gente que lo ama, a pesar de todo. Karen Chacek nos aterroriza con temblores terrestres e interiores para relatar la inestable relación de una madre con su hija. Juan Coronel pone sobre la mesa un juego perverso de poder entre un padre insignificante físicamente y un hijo que lo rebasa en fuerza y tamaño, pero que se somete ante él. Ana Clavel escribe un “cuento de hadas” plagado de abuso y explotación hacia una hija. César Silva revive sus demonios a partir de la inminente visita a una tiránica madre moribunda. Magela baudoin explora el destino implacable de la hija de una mujer cegada por la ambición y la pasión. Luis Jorge Boone narra el abandono y la soledad de un niño que en la adolescencia ve derrumbarse todas las apariencias y falsedades inculcadas durante años y que tanto lo aterrorizaron. Carlos Velázquez utiliza la figura del padre autoritario que destruye al hijo, cuyo legado cinematográfico causa una verdadera historia fantástica. Los autores aquí reunidos retratan de manera sutil, directa, agresiva y alegórica a los padres autoritarios. Esta antología no pretende mostrar a madres y padres como enemigos, sino revelar los claroscuros de las relaciones filiales.

Hanna Arendt sostenía que muchos de los padres que se adhirieron a los regímenes totalitarios del siglo XX pensaban que estaban cumpliendo con su deber ante la sociedad. Quizá las madres y padres aquí retratados actuaban sin cuestionarse, sin darle la oportunidad a sus hijos de pelear sus propias batallas.

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