Viktor Tzoi

LECTURAS |El rocker de la Perestroika, de Georgina Hidalgo

Leto, un verano de amor y rock | Hoy, estreno

El director de cine y teatro ruso Kiril Serébrennikov dirige la película Leto (El verano), inspirada en la vida del mítico Víktor Tsoi, el roquero más icónico de la “perestroika”. Aquí un perfil del músico, sacado del libro de crónicas Vodka Naka.

Ciudad de México, 14 de agosto (MaremotoM).-  En uno de los callejones de la Vieja Arbat hay un santuario muy especial. Una pared exhibe graffiti sobre graffiti la adoración que los jóvenes rusos sienten por Víktor Tsoi, el rocker de la Perestroika, el que con su grupo Kino (Cine) cantaba a la libertad, los cambios, el hartazgo social, las ganas de bailar y olvidarse de la guerra y la decadencia del sistema soviético.

Todos los bombshz (vagabundos) lo cuidan, pasan ahí horas tocando y bebiendo, fumando de los cigarros que miles de fans dejan como ofrenda a Víctor Robertovich Tsoi, hijo de un ingeniero coreano y una maestra de gimnasia de Leningrado, que a los veinte años, con su voz poderosa y grave, se volvió el ídolo de la juventud ochentera de toda Rusia.

Viktor Tzoi
Portada Vodka Naka. Foto: Cortesía

Es todo un mito. Sus películas (ASSA, 1986 e Iglá, 1987) son parte del cine de culto ruso. Y el Álbum Negro (Chorni Albom), que sacaron los integrantes de KINO con las grabaciones que se encontraron el auto semidestruido de Tsoi, es el más vendido en toda la historia del rock soviético.

“Un verdadero héroe del rock.” El último tal vez, dijeron los periódicos locales cuando ese 19 de agosto de 1990, la meteórica carrera de Tsoi terminaba fatalmente. Todos dicen que la KGB prefirió matarlo simulando un accidente automovilístico en una carretera de Riga (hoy Letonia). Para entonces, ya había lanzado la canción “Peremen” (“Cambios”), un himno new age que hablaba de la naciente inconformidad con el sistema y al mismo tiempo ponía el dedo en la vena del máximo problema juvenil del momento: la heroína afgana.

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https://www.youtube.com/watch?v=YBGRp4Yuhdg

El aún temible aparato policíaco ruso no dejaría que se convirtiera en la voz disidente de la juventud. Así, su muerte es la teoría conspiradora preferida de los rusos y cada verano, el pretexto ideal para que los moscovitas se reúnan en la Vieja Calle peatonal a cantar, beber y pintar alguna de sus frases.

Quien no es olvidado no muere, ¡Cambios, palpitan en nuestras venas!, ¡Cosechamos pepinos de aluminio! ¡Tsoi vive! ¡Buenos días, último héroe! Son las pintadas que pueden leerse entre los miles de mensajes taggeados en la pared.

Con un alter ego fílmico que oscila entre el rocker solitario, el personaje gótico vengador del crimen en una ciudad apocalíptica y el cantante vanguardista dueño de un sonido “darky”, Tsoi aún tiene su trono en el Olimpo del rock soviet, a saber hoy dominado por la Trinidad: Leningrad, Gary Sukachev y DDT.

Víctor Tsoi no murió solo. Sesenta y siete jóvenes de diversas partes de la Unión Soviética se suicidaron al saber su deceso. Como si fuera un presagio: con él se fue la esperanza y quedó solo la orfandad espiritual, la heroína, el alcohol y una pared grafiteada donde vomitarlo todo.

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