Espacios revelados en Guadalajara

LECTURAS | Espacios revelados, un libro colectivo sobre Guadalajara

Es un libro colectivo, abierto y en formato de “libro correo”, una experiencia que tiene como eje Guadalajara y sus problemáticas contemporáneas.

Ciudad de México, 24 de noviembre (MaremotoM).- El proyecto Espacios Revelados / Changing Places Guadalajara se presentará en el marco de la emisión digital de la FIL Guadalajara el próximo 29 de noviembre a las 11AM.

Es un libro colectivo, abierto y en formato de “libro correo”, una experiencia que tiene como eje Guadalajara y sus problemáticas contemporáneas.

Con textos de Rodrigo Parrini, Alonso Arrieta, Marta María Borrás, Comité Nocturno, Ítalo Gallardo, Joachim Gerstmeier, Lourdes González, Gabriela Halac, María López, Israel Martínez, Rubén Ortiz, Adriana Rodríguez e Iñaki Álvarez, Adriana Salazar, Laura Uribe y Sabina Aldana, Patricio Villareal Ávila y Lorena Wolffer, es un objeto que además invita a pensar la materialidad del libro como tal.

El libro Espacios revelados. Prácticas artísticas en territorio es una pieza más del encuentro que tuvo lugar en Guadalajara justo antes de la llegada de la pandemia a la vida de todos nosotros. Este libro es un laboratorio de ideas sobre los espacios vacíos, desactivados, abandonados, en un momento de la historia y una reflexión sobre las prácticas artísticas en territorio como motores de búsqueda o sismógrafos que nos permitan encontrar indicios sobre las ausencias que constituyen esos vacíos. Las preguntas que funcionaron como motor de investigación de este dispositivo editorial fueron: ¿cómo habitamos y revelamos un libro como espacio? Esta publicación reúne los artistas e investigadores que formaron parte de Espacios Revelados Guadalajara e invita a los lectores a establecer una relación activa con el espacio del libro como condensador de experiencias.

El libro tiene la fuerza de ser un dispositivo activador y dinamizador de comunidades y en medio del distanciamiento social se presenta como un cuerpo con el que podemos relacionarnos de manera física a través del tacto, la manipulación y la cercanía, que nos recuerda que un libro “ocupa” un lugar. Pero no podemos desconocer que su campo y dinámicas de acción han sido afectadas y reclama una imaginación extra para ponerse en marcha en este tiempo distópico. ¿Cómo habitar una feria virtual con un material de esta naturaleza?, ¿cómo presentar un libro que no es un catálogo, sino una pieza que llega tarde al evento y que se nutre de los conceptos, poéticas, conversaciones y preguntas surgidas en éste? ¿Cómo dimensionar el artefacto que genere ciertas preguntas, inquietud, de un libro que suelta cosas, que está abierto, que no define al lector si debe o no conservarlo intacto?

Si  la  FIL  GDL  2020  virtual  ocurrirá  en  la  casa  de  cada  uno  de  nosotros  (autores, lectores,  editores)  pensamos  en  un  libro  que  llegue  hasta  el  ámbito  doméstico donde hoy  ocurre  la  vida  público-privada  de  la  mayoría. Así, ensayamos una reflexión sobre los modos de contacto y las peripecias para llegar a un encuentro más allá de lo virtual: este es un libro correo que enfatiza la necesidad de contactos sociales y la urgencia de la existencia de políticas de circulación no basadas sólo en un intercambio económico. La cita a la presentación del libro Espacios revelados. Prácticas artísticas en territorio es una invitación a reflexionar sobre la implicancia del vacío de los espacios culturales en tiempo presente.

Fragmento de Espacios revelados. Prácticas artísticas en territorio

OBJETOS GRÁFICOS A PARTIR DE LAS OBRAS REALIZADAS EN ESPACIOS REVELADOS. CHANGING PLACES, GUADALAJARA 2020.

PARTE  P R I M E R A

¿CÓMO SON EXACTAMENTE NUESTRAS RUINAS?

(OBJETOS EN ESPERA) (ARCHIVOS DEL FUTURO)

Por Rodrigo Parrini

“¿Cómo son exactamente nuestras ruinas?”, se pregunta Cristina Rivera Garza en un texto dedicado a Wittgenstein Mistress, una novela del escritor experimental estadounidense David Markson. Kate, su protagonista, es la última habitante del mundo. Si bien su relación con el tiempo es confusa, sabe que ha viajado mucho y tiene un mapa “de la cultura y sus artefactos”, en palabras de la escritora mexicana. En un mundo vacío y con todo a su disposición, “Kate opta por vivir en museos y, finalmente, por vivir de ellos (quemando algunas obras, por ejemplo, para producir calor)”. Los museos habitados por la protagonista: ¿son ruinas que conservan un estatuto paradójico, que los hace respe- tables y también utilitarios? En ellos, la última sobreviviente de la especie encuentra la cultura y sus artefactos e insumos para sobrevivir, calentándose por ejemplo. ¿Qué transforma en fuego?, ¿elige a partir de sus mapas de la cultura o sus necesidades más básicas?, ¿es lo mismo quemar el cuadro de un famoso pintor que el de otro menos conocido o importante? En un mundo vacío, al ser ella la única espectadora de tales vestigios, esas distinciones no tienen sentido. No hay quien la contradiga. Sus actos son extrañamente soberanos y superfluos.

Si la interrogante de Kate la dirigiéramos hacia nosotros, tal vez podríamos preguntar cómo son exactamente nuestras ruinas. Dado que vivimos en un mundo repleto y somos uno entre muchos habitantes, los artefactos de la cultura estarán siempre en disputa. No conseguiríamos quemar los objetos de un museo libres de problemas. Nuestros actos no son soberanos, aunque sean tan superfluos como los de Kate. Quizás el efecto más profundo de su radical soledad es que ella no puede trazar una diferencia entre obras de arte y leños para el fuego, entre ruinas y edificios en uso, entre artefactos de la cultura y enseres de la naturaleza. Para Kate nada está abandonado porque todo lo está, sin remedio. No se puede abandonar lo que no se puede habitar. Y parece que aquello que consideramos habitado o abandonado depende de la presencia de los otros. Entre nosotros no sólo los lugares o edificios pueden ser abandonados, también los sujetos. Por eso, a la pregunta que plantea Rivera Garza es posible añadir otras: ¿cómo sabemos que son ruinas y quién les otorgó ese estatuto?, ¿las ruinas están vacías o alguien las habita?, ¿el mismo lugar es distinto para otros sujetos o colectivos, quizás el único hogar con el que cuentan o el espacio para alguna intimidad?, ¿qué diferencia una ruina de lo que no lo es?, ¿qué tipo de artefactos de una cultura son: objetos de una decadencia paulatina, espacios de transformaciones en ciernes pero definitivas, lugares en los que se define lo nuevo, lo útil y lo habitable?

En el preámbulo al texto Elogiemos ahora a hombres famosos, James Agee advierte que si pudiera “no escribiría nada” y sólo pondría fotografías, “el resto serían fragmentos de ropa, trozos de algodón, puñados de tierra, frases aisladas, pedazos de madera y hierro, frascos de olores, platos de comida y de excremento”. En vez de la palabra escrita, desechos, objetos diversos, artefactos cotidianos pero inadvertidos, materia orgánica. Pero dado que escribe un texto, las palabras reemplazan esas materialidades, que de todas formas pulsan en la escritura, como sustratos invisibles o fantasmas anónimos. Agee no puede traerlas al texto sino como significantes; los objetos deben imaginarse en su ausencia, aunque toda su escritura se sustente en ellos. Las pertenencias que tenían los pobres del sur de los Estados Unidos en tiempos de la Gran Depresión, tanto los objetos que poblaban esos mundos como sus hogares, eran pruebas de su miseria. Pero “su gran peso, su misterio y su dignidad” –escribe Agee– residía en que realmente existían y no eran ficciones. Kate, la protagonista de la novela de Markson, y los campesinos de Alabama evocados por Agee, habitan un mundo desolado, ya sea por el apocalipsis o la pobreza, y están rodeados de objetos que podrían servir o no ser nada. En vez de palabras, dice Agee, lo adecuado sería “un trozo de cuerpo arrancado de raíz”, como las fotografías que Walker Evans tomó durante los viajes que ambos hicieron por Alabama para escribir ese libro. Algo amenaza a Agee cuando redacta el preámbulo, como si tuviera que convencer al lector de las perturbaciones de un mundo que es (o era) con- temporáneo, no producto de la imaginación. Es la realidad lo que debe afirmarse, y las fotografías no le otorgan mayor densidad al texto sino que profundizan la sospecha. Lo real no es necesariamente verdadero, parecen decir Agee y Evans. A lo que resulta de estas incertidumbres, Rivera Garza lo denomina una escritura documental.

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¿Las ruinas son documentables?, ¿es posible instaurar un archivo en torno a ellas?, ¿se trata acaso de una forma de archivo y un tipo de documento interpretables pero dominados por las incógnitas? En una investigación etnográfica, la antropóloga turca Yael Navaro-Yasin conversa con ciudadanos turco-chipriotas que debieron huir desde el sur de la isla cuando el ejército turco invadió la parte norte y dividió el territorio en dos. Los habitantes griegos hicieron lo mismo si vivían en la parte equivocada de la isla al momento de la partición. Los refugiados llegaron a las casas de los expulsados, hogares que conservaban los mundos y los objetos de sus antiguos habitantes y con los que el recién llegado debía empezar otra vida: las cosas prestadas de sus moradores fantasmáticos. Las casas eran tanto refugios inesperados como ruinas de una expulsión brutal. No hubo tiempo de empacar nada y las ropas quedaron colgadas en los tendederos, las mesas servidas, las camas desechas. Esos lugares y edificios fueron abandonados y como tales vueltos a habitar. La experiencia y la condición del abandono no los dejó nunca y sus nuevos habitantes experimentaban una melancolía singular al estar en ellos, como si el abandono fuera una marca indeleble que afectaba tanto a los que huyeron como a los que llegaron.

Kate vive en un mundo repleto de ruinas, pero sin habitantes; los exiliados turco-chipriotas, en una isla cuyos edificios son todos ruinas, no por su condición material sino por su estatus político; los campesinos de Alabama en los años treinta del siglo XX viven en ruinas que produce la miseria, en recintos precarios que se pliegan o participan de su extrema vulnerabilidad. Son tres escenarios distintos para pensar las ruinas e intentar responder a la pregunta de Rivera Garza: ¿cómo son exactamente nuestras ruinas?

Archivos del futuro

El proyecto Espacios revelados Guadalajara interroga el estatus de lugares y edificios de ciertas ciudades y cuestiona, a través de ellos, los discursos y las premisas de la modernidad. Es una intervención orientada a examinar qué es lo contemporáneo y cómo habitamos espacios materiales y simbólicos en los que temporalidades di- versas y distintas pugnan por organizar la experiencia humana. Mediante una pregunta por las ciudades, el proyecto indaga en los tiempos que habitan sus pobla- dores, condensado en edificios y algunos lugares públicos; atisba los sedimentos históricos sobre los que se reinician propuestas de renovación urbana y modernidad social y cultural; examina las formas en que la(s) historia(s) y la(s) materialidad(es) producen jeroglíficos culturales que debemos descifrar o dejar como incógnitas. Espacios revelados es una estrategia de interrogación, un modo de producir preguntas pertinentes y de cuestionar las mi- radas y las representaciones asentadas y resueltas sobre lo moderno, lo actual, lo pasado y, también, lo futuro.

Pero su propósito no es generar nuevos discursos sobre estos tópicos, sino permitir intervenciones en la materialidad de las prácticas, en las oscilaciones del tiempo, en las inscripciones de los deseos colectivos. Si esto sucediera, entonces se facilitaría el desplazamiento mencionado de las capas temporales que, en su reconfiguración, dejarían ver otros tiempos y otras objetualidades, intenciones y proyectos sumergidos o enterrados, o ayudarían al restablecimiento de energías sociales que produjeron determinados movimientos y lugares, pero que menguaron y se desvanecieron. La ruina no es un lugar perdido sino una forma de promesa.

Espacios revelados
Espacios revelados en Guadalajara. Foto: Cortesía

El futuro, según el proyecto, no es algo que se encuentra delante, sino un modo paradójico de habitar el tiempo: antes de tiempo, diremos en un retruécano que permite la lengua. En esa medida, cuando los/as artistas convocados/as por este proyecto imaginan e implementan una intervención en alguno de los espacios y edificios seleccionados de la ciudad de Guadalajara, no buscan transformar los lugares ni hacerlos habitables, tampoco los modernizan, sino que interrogan, de maneras plurales, los propósitos que moran en ellos, los discursos políticos que los impulsaron, las energías sociales que los construyeron. Ese cuestionamiento situado expone los espacios a nuevas preguntas y, en alguna medida, restaura los silencios y las censuras que los han conformado o marcado. En el lenguaje de la materia y los objetos, se lanzan preguntas a la historia social de la ciudad y los deseos colectivos que la han movilizado, como si en alguna de sus capas se pudieran oír, nuevamente, las voces que albergaron estos espacios, mirar los cuerpos que los habitaron, entender las intenciones de quienes los construyeron, reencontrar los proyectos sociales que los motivaron. Espacios revelados permite escuchar los so- nidos de la historia como se oye el mar en la concha de un caracol marino: a destiempo, pero con claridad.

Una ciudad, sus edificios, los espacios urbanos, son formas de pensar, pero también implican estrategias prácticas. Es decir, el diseño, la funcionalidad, los objetivos de un lugar o una construcción no necesariamente coinciden con sus usos. A partir de esas diferencias y distancias se puede plantear una arqueología que nos muestre cómo fueron pensados ciertos espacios y cómo han sido, efectivamente, usados. Giorgio Agamben sostiene que la estructura temporal de la arqueología no cuestiona el pasado, sino su emergencia, “lo que llegará a ser accesible y presente, sólo cuando la indagación arqueológica haya cumplido su operación”. Esa estructura, añade el filósofo, tiene “la forma de un pasado en el futuro, es decir, de un futuro anterior”.

¿Cuál es el futuro anterior de una ciudad y de sus espacios?, ¿cada lugar delimita o traza un futuro singular, que no coincide necesariamente con el de otros lugares?, ¿en los objetos anidan futuros particulares y distintos de otros futuros, resguardados en otras materialidades o lenguajes? Las intervenciones realizadas en el contexto de Espacios revelados podrían leerse como momentos de emergencia, en los que la operación arqueológica intenta cumplirse. Pero el concepto de emergencia admite una doble lectura: por un lado, lo que aparece; por otro, lo urgente, lo intempestivo. Desde esta perspectiva, la emergencia apunta a aquello que sobrevendrá mediante las intervenciones o los proyectos artísticos, pero también a las urgencias que afligen y persiguen a una sociedad o una ciudad. Vista así, la arqueología es una práctica política que interroga lo emergente como novedad y alerta.

¿Puede el proyecto en general captar esos momentos de emergencia y sus condiciones históricas?, ¿pudo conectar las preguntas por la modernidad y las temporalidades con otras sobre la violencia, el estado de derecho y las vulnerabilidades colectivas e individuales?, ¿es sensible a esta doble dimensión de la emergencia y logra percibir la novedad y el peligro, lo que surge, pero también lo que amenaza?

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