Peter Sloterdijk

LECTURAS | Fobocracia, de Peter Sloterdijk

Las epidemias políticas de Peter Sloterdijk, el pensamiento de un provocador

La gran innovación de esta escuela de pensamiento radica en el descubrimiento de que, con dioses sustentables interculturalmente, lo interno y lo externo convergen. Peter Sloterdijk

Ciudad de México, 14 de junio (MaremotoM).- ¿De dónde surge la violencia de los grupos religiosos? ¿Es inmanente de ellos? ¿Es debido a características propias del monoteísmo? ¿Cuál es la relación entre violencia y culto?

La religión es un conjunto de normas que forman cohesión dentro de una comunidad, de un lenguaje que da un sentido y una pertenencia. La fobocracia responde a un principio de membresía total que asegura total obediencia a las normas de la comunidad.

¿Es la violencia un problema de fidelidad?

Peter Sloterdijk
Portada de Fobocracia. Foto: Cortesía

Fragmento de Fobocracia, de Peter Sloterdijk, con autorización de Ediciones Godot

Delimitación de la zona de combate

Quien planee decir algo  sobre un tema controversial como el de las implicaciones violentas del llamado “monoteísmo”, sobre las probadas como las meramente afirmadas, debería estar bien asesorado en cerciorarse de tener cuidado y ser prudente al tocar estos temas. La teología es un terreno demoníaco. Lo que Thomas Mann señaló sobre la música en su gran discurso en Washington de 1945 sobre “Alemania y los alemanes” no deja de aplicarse para hablar de cuestiones divinas y de cosas de este y otro mundo. También su observación en el mismo discurso de que la música es “el arte más remoto de la realidad y al mismo tiempo el más apasionado” se puede trasladar sin cambios relevantes a la naturaleza de muchas enseñanzas teológicas. Los discursos suelen tratar sobre los factores más distantes y evasivos como Dios, omnipotencia, salvación y condena con una vehemencia que solo los motivos más íntimos de la pasión pueden avivar. La música y la teología tienen en común que cuando el asunto se torna serio ambas pueden acercarse más a la persona afectada que la misma persona, así como lo expresó San Agustín en su frase confesional interior intimo meo (“más dentro de mí que lo más íntimo de mí”).

Con esta advertencia en mente, a continuación me gustaría tomar nota de algunas reflexiones que se pueden leer como notas al pie de dos de mis publicaciones recientes sobre la teoría de la religión: Celo de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos (2011) y Has de cambiar tu vida (2012). Con todo, las deliberaciones siguientes deberían comprenderse sin la referencia a estos libros. Algunas reacciones de teólogos a Celo de Dios me hicieron recordar que uno, al parecer, no puede hacer mención de algunos temas sin darles vida a través de una discusión. Se ve que, al hablar sobre sistemas religiosos celosos en los monoteísmos, generé una inclinación a refutaciones celosas o incluso a una defensa de demonios entre algunos que otros lectores, en especial aquellos de círculos de teólogos cristianos. Estas “refutaciones” solían partir de la acusación de que yo le había adjudicado indiscriminadamente a las “religiones monoteístas del Libro”, es decir, al judaísmo, al cristianismo y al islam, un componente violento “intrínseco” (según el término usual de debate) o, dicho de otra manera, inamovible, y así había confundido la esencia benigna atemporal de estas religiones con sus manifestaciones históricas y a veces desagradables. Los oponentes más comprometidos con esta tesis que ellos mismos plantearon se opusieron afirmando que las religiones mencionadas, en particular el cristianismo, quieren ser entendidas como siempre lo fueron, en su naturaleza y en su autoconcepto como movimientos liberadores y promotores de la paz. Sin embargo, sostienen que las religiones han sido temporalmente desviadas de su auténtica misión por distorsiones heréticas e instrumentalizaciones políticas a lo largo de sus respectivas historias.

En vista del desarrollo de la discusión —que está superpuesto por las numerosas reacciones, generalmente bastante interesantes, a las tesis de Jan Assmann sobre la “distinción mosaica” publicadas un poco antes—, que fue caracterizado mayormente por proyecciones, interpretaciones erróneas e intereses apologéticos, empecé a dudar de si tenía sentido seguir el debate como una pelea por el correcto uso del término “monoteísmo”. Sobre todo, la oposición repetida hasta el hartazgo entre un supuesto mono- teísmo afín a la violencia y un supuesto politeísmo aversivo a la violencia representa una caricatura que se valora mejor con el silencio. Por eso, en las siguientes observaciones evitaré el término “monoteísmo” en la medida de lo posible y en lugar de eso me limitaré a discutir el fenómeno de la motivación celante y potencialmente violenta a través de ciertas normas religiosas, sin abordar una vez más la construcción lógica de la creencia en un solo Dios. También dejaré de lado mis reparos sobre el término “religión”, que expliqué en Has de cambiar tu vida (lo consideré un seudotérmino o, más precisamente, una falsa abstracción con un alto potencial para engaños) y utilizo el término de forma convencional y sin ningún tipo de ironía en las siguientes páginas, porque no me gustaría complicar el tema actual, que ya es lo suficientemente controvertido, al abrir un segundo eje de discusión. Por eso, no puedo ahondar en la acusación de que mi última obra nombrada sea “el ataque más fundamental a la religión desde Feuerbach”, lo que en el mejor caso significaría un cumplido ambiguo, pero en realidad constituye una advertencia polémica para el resto del mundo teológico. Por el momento, me conformo con la observación de que las reflexiones teórico-prácticas en Has de cambiar tu vida no son precisamente un ataque a la religión, sino un intento simpático de volver a explorar los hechos del campo religioso a través de una segunda descripción que se aproxima al asunto, incluso en el lenguaje de una teoría general del ejercicio, aunque combinada con la intención de contribuir a una aclaración de los malentendidos de religiones, consolidados en todos lados.

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Peter Sloterdijk
El filósofo habla sobre las religiones. Foto: Cortesía

En el presente ensayo parto de la suposición de que no es el singular o plural de las concepciones de Dios de los colectivos o de los individuos lo que juega un papel decisivo en la liberación de los actos de violencia. Más bien lo que determina la disposición hacia el uso de la violencia es la forma e intensidad de la absorción de los practicantes de la fe a través del sistema de normas, al que subordinan su existe cia. Entonces, si ocasionalmente aparece el término “monoteísmo” en las siguientes reflexiones, no se refiere tanto a un grupo de concepciones teológicas o metafísicas. Siempre y cuando no lo pueda evitar por completo, lo uso hasta nuevo aviso solo como un complejo histórico exitoso de la motivación psicorreligiosa engrandecida.

Sobre la génesis de los pueblos en general

Seguramente todavía existe un consenso en la ciencia de la religión, en gran medida válido, de que los primeros sistemas de culto religioso —cualquiera fuese su naturaleza— pueden interpretarse según su modo primario de acción como sistemas etnoplásticos de reglas. Al determinar narrativas, rituales y normas en común, esos sistemas moldean los colectivos practicantes en portadores —en términos filosóficos, en sujeto-objeto— de esas mismas concepciones y procedimientos. Por lo tanto, el fenómeno de la religión (al menos en la era previa a su diferenciación individualista en la Modernidad) parece estar, en principio, vinculado por completo a las funciones tradicionales de la síntesis grupal.

Peter Sloterdijk
Peter Sloterdijk

Peter Sloterdijk nació en Karlsruhe, Alemania, el 26 de junio de 1947. Es filósofo y catedrático en la Escuela de Arte y Diseño de su ciudad natal. Comezó su formación en 1968 y hasta 1974 estudió Filosofía, Historia y Filología Germánica en la Universidad de Munich. Hacia 1975 se doctoró en Filosofía en la Universidad de Hamburgo. Entre 1978 y 1980 viajó a Pune, India, para estudiar con Ashram von Bhagwan Shree Rajneesh (luego conocido como Osho). En 2001 fue nombrado rector de la Universidad de Arte y Diseño de Karlsruhe, puesto que ejerció hasta 2015.

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