Slavoj Zizek

LECTURAS | ¡Goza tu síntoma!, de Slavoj Žižek

Análisis, humor, cinismo. ¡Goza tu síntoma! analiza… ¿Hollywood? ¿El cine? ¿La sociedad moderna? ¿La vida misma? Un estudio filosófico y social en base a las ideas de Lacan, una crítica de cine, un análisis sobre el control, sobre la ideología, un profundo enfoque sobre el humor. ¿Cómo afrontamos la realidad de nuestra existencia?

Ciudad de México, 2 de junio (MaremotoM).- En contraste con aquello de lo que los medios se esfuerzan desesperadamente por convencernos, el enemigo no es hoy el “fundamentalista” sino el cínico; incluso cierta forma de “deconstruccionismo” toma parte en el cinismo universal al proponer una versión más sofisticada de la “moralidad provisional” cartesiana: “En teoría (en la práctica académica de la escritura), deconstruye tanto como quieras y todo lo que quieras, pero en tu vida cotidiana participa del juego social predominante”, escribe Slavoj Žižek.

Análisis, humor, cinismo. ¡Goza tu síntoma! analiza… ¿Hollywood? ¿El cine? ¿La sociedad moderna? ¿La vida misma? Un estudio filosófico y social en base a las ideas de Lacan, una crítica de cine, un análisis sobre el control, sobre la ideología, un profundo enfoque sobre el humor. ¿Cómo afrontamos la realidad de nuestra existencia?

Slavoj Žižek
Una edición de Godot. Foto: Cortesía

Fragmento de ¡Goza tu síntoma!, de Slavoj Žižek, con autorización de Godot.

Introducción

Siempre me ha parecido extremadamente repulsiva la práctica corriente en los restaurantes chinos de compartir los platos principales. De modo que, hace poco, cuando expresé esta repulsión e insistí en terminar solo mi plato, me convertí en víctima de un “psicoanálisis salvaje” irónico por parte de mi vecino de mesa: ¿no es acaso esta repulsión, esta resistencia a  compartir una comida, una forma simbólica del miedo a compartir una pareja, es decir, a la promiscuidad sexual? Desde luego, la primera respuesta que me vino a la mente fue una variación sobre la advertencia de Thomas De Quincey contra el “arte del asesinato” —el verdadero horror no es la promiscuidad sexual sino compartir un plato chino—: “¡Cuántas personas iniciaron su camino de perdición con alguna inocente violación en pandilla, que en ese momento no tenía gran importancia para ellas y terminaron compartiendo los platos principales en un restaurante chino!”.Un cambio tal de énfasis (un caso ejemplar de lo que Freud llamó “desplazamiento”) subyace al efecto cómico del comedimiento irónico [understatement], supuestamente característica del sentido del humor inglés y tan admirado por Hitchcock. Sin embargo, aquí estamos lejos de ceder a una agudeza afectada:lo que importa es, más bien, que este “desplazamiento” a lo De Quincey nos permite discernir la lógica de una escisión que, como una especie de falla fatal, está en juego en la Ilustración desde su mismo inicio. Es decir, cuando, en su texto programático ¿Qué es la Ilustración?, Immanuel Kant nos da la famosa definición de esta como la “liberación del hombre de su tutelaje autoimpuesto”, esto es, el valor para hacer uso de su entendimiento sin que otro lo dirija, reemplaza la divisa “¡Discute libremente!” por “Discute tanto como quieras y sobre lo que quieras, pero obedece”. Esta y no “¡No obedezcas, discute!”, es, según Kant, la respuesta de la Ilustración a la demanda de la autoridad tradicional, “¡No discutas, obedece!”.

En este punto, debemos tener cuidado para no pasar por alto aquello a lo que apunta Kant: no está simplemente volviendo a expresar la divisa corriente del conformismo, “En privado, piensa lo que quieras, pero, en público, obedece a las autoridades”, sino, más bien, lo contrario: “En público, ‘como un académico ante el público lector’, utiliza libremente tu razón, pero, en privado (en tu puesto, en tu familia, es decir, como una pieza de la máquina social), obedece a la autoridad”. Esta escisión subyace al famoso “conflicto de las facultades” kantiano, entre la facultad de la filosofía (libre de entregarse a la discusión de lo que desee, pero por esa razón separada del poder social, al quedar, por así decirlo, suspendida la fuerza ejecutiva de su discurso) y las del derecho y la teología (que articulan los principios del poder ideológico y político y, por lo tanto, carecen de la libertad de discusión). La misma división se presenta ya en Descartes, quien, antes de ingresar en el camino de la duda universal, estableció una “moralidad provisional”, un conjunto de reglas que regulaban su existencia cotidiana durante el transcurso de su travesía filosófica: ya en la primera de ellas pone de relieve la necesidad de obedecer las costumbres y las leyes del país en el cual nació, sin cuestionar su autoridad… En síntesis, soy libre de abrigar dudas acerca de cualquier cosa, acerca de la existencia misma del universo, pero, a pesar de eso, estoy obligado a obedecer al Amo o como rezaría una versión a lo De Quincey: “¡Cuántas personas iniciaron su camino de perdición con alguna inocente duda sobre la existencia del mundo que los rodeaba, lo que en ese momento no tenía gran importancia para ellas, y terminaron tratando a sus superiores con poco respeto!”.Slavoj Žižek

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La actitud ideológica que abre esta escisión es, por supuesto, la del cinismo, la de la distancia cínica que corresponde a la noción misma de la Ilustración y que hoy parece haber alcanzado su apogeo; si bien oficialmente socavada, desvalorizada, la autoridad vuelve colándose por la ventana: “Sabemos que no hay verdad en la autoridad, no obstante, seguimos jugando su juego y obedeciendo a fin de no perturbar la marcha normal de las cosas…”. La verdad queda en suspenso en nombre de la eficiencia: la legitimación última del sistema es que funciona. En el hoy difunto “socialismo realmente existente” de Europa Oriental, la escisión era la que existía entre un ritual público de obediencia y una distancia cínica privada, tanto que en Occidente el cinismo, en cierto modo, se redobla: públicamente simulamos ser libres mientras que en privado obedecemos. En ambos casos, somos víctimas de la autoridad precisamente cuando creemos que la hemos embaucado: la distancia cínica está vacía, nuestro verdadero lugar se encuentra en el ritual de la obediencia o, como lo expresó Kurt Vonnegut en su Madre Noche: “Somos lo que simulamos ser, de modo que debemos tener cuidado con lo que simulamos ser”.

En contraste con aquello de lo que los medios se esfuerzan desesperadamente por convencernos, el enemigo no es hoy el “fundamentalista” sino el cínico; incluso cierta forma de “deconstruccionismo” toma parte en el cinismo universal al proponer una versión más sofisticada de la “moralidad provisional” cartesiana: “En teoría (en la práctica académica de la escritura), deconstruye tanto como quieras y todo lo que quieras, pero en tu vida cotidiana participa del juego social predominante”. El presente libro fue escrito con el propósito de presentar ante la consideración pública la nulidad de la distancia cínica. Su subtítulo no debe tomarse irónicamente: se refiere, simplemente, a las dos divisiones de cada capítulo. Como lo indican sus títulos didácticos (“¿Por qué…?”), el objetivo de cada uno de ellos es elucidar alguna noción lacaniana fundamental o algún complejo teórico (carta, mujer, repetición, falo, padre). En la primera división de cada capítulo, Lacan está “en Hollywood”, esto es, la noción o el complejo en cuestión se explican por medio de ejemplos de Hollywood o, en general, de la cultura popular; en la segunda, estamos “fuera de Hollywood”, es decir, la misma noción se Slavoj Žižekelabora tal como es “en sí misma”, en su contenido inherente. O, para expresarlo en “hegelés”: se concibe a Hollywood como una “fenomenología” del Espíritu Lacaniano, su manifestación para la conciencia corriente, en tanto la segunda división está más próxima a la “lógica” como articulación del contenido de la noción en y para sí.

Slavoj Žižek nació en Ljubljana, Eslovenia, el 21 de marzo de 1949. Estudió filosofía en la Universidad de Ljubljana y psicoanálisis en la Universidad de París VIII Vincennes-Saint-Denis, donde se doctoró. En la actualidad es Director Internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades, en la Universidad de Londres. El hallazgo de Slavoj Žižek como pensador es indudablemente usar ejemplos extraídos de la cultura popular para explicar reflexiones en las que se vinculan la teoría psicoanalítica lacaniana con el marxismo. Hitchcock, Kafka, Shakespeare, e inclusive la física cuántica, funcionan por igual para describir muchas veces fenómenos muy intrincados. Actualmente, Slavoj Žižek tiene más de 30 libros publicados, entre ellos El sublime objeto de la ideología (1992), Las metástasis del goce (2003), El títere y el enano (2005) y Cómo leer a Lacan (2008). En Ediciones Godot, publicó El resto indivisible, en 2013, La permanencia en lo negativo, en 2016 y Contra la tentación populista, en 2019.

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