Steven Novella

LECTURAS | Guía del universo para escépticos, de Steven Novella

He aquí la esencia del escepticismo: ¿cómo discernir lo que debemos creer de lo que debemos cuestionar?

Ciudad de México, 31 de enero (MaremotoM).- De pequeños creemos prácticamente todo lo que nos cuentan, pero conforme vamos creciendo empezamos a cuestionar, dudar y a decidir qué explicaciones vamos a creer y cuáles vamos a rechazar.

He aquí la esencia del escepticismo: ¿cómo discernir lo que debemos creer de lo que debemos cuestionar?  

Todos luchamos constantemente por comprender lo complejo que es nuestro Universo, siempre ha sido así, y Guía del Universo para escépticos te ayudará y servirá como aliada en tu viaje escéptico en un mundo que continuamente trata de engañarnos para meternos historias falsas en la cabeza.

En este libro descubrirás muchas formas en las que el cerebro tiende a preferir historias sencillas, aprenderás que no existen autoridades definitivas, la importancia de la desinformación o del exceso de información errónea que se propaga fácilmente, aprenderás sobre el caos que es la memoria y que no existe una respuesta definitiva a nuestras preguntas (ni siquiera Google). Te explicará los principios básicos del pensamiento escéptico y te enseñará cómo éstos han servido para desacreditar algunos grandes mitos, como la eficacia de la homeopatía y el fenómeno ovni. Este libro pretende ser una efectiva vacuna contra la ciencia de mala calidad, el engaño y el pensamiento defectuoso.

Guía del universo para escépticos
Guía del universo para escépticos. Foto: Cortesía

Fragmento de Guía del universo para escépticos, de Steven Novella, con autorización de Océano

PRIMERA SECCIÓN

Conceptos básicos que todo escéptico debería conocer

La verdad puede ser desconcertante. Puede que cueste trabajo llegar a ella. Puede desafiar a la intuición. Puede contradecir prejuicios fuertemente enraizados. Puede que no concuerde con algo que queremos desesperadamente que sea verdad. Pero nuestras preferencias no determinan qué es verdad.

—Carl Sagan

Antes de emprender cualquier viaje, hay que equiparse como es debido. Por eso vamos a reunir las herramientas necesarias, algo para paladear por el camino, un buen abrigo y calzado cómodo. En esta sección de la guía, te dotaremos del equipamiento escéptico (como si se tratara de un moderno cinturón de herramientas) y te proporcionaremos todo aquello que hemos considerado importante para tu viaje, unos recursos que al menos te ofrecerán opciones para cuando necesites lidiar con los obstáculos o trampas con los que puedas toparte por el camino.

Estas herramientas —los conceptos básicos del escepticismo científico— se pueden clasificar en cuatro categorías. El primer conjunto de habilidades comprende lo que me gusta llamar “humildad neuropsicológica”. Esta categoría incluye el conocimiento sobre todas las limitaciones o defectos de la función cerebral. La herramienta principal que usamos para investigar y comprender el universo es el cerebro y todos deberíamos comprender mejor cómo funciona.

La segunda categoría del “equipamiento” escéptico se llama metacognición (pensar sobre el pensamiento), la cual nos permite explorar todos los sesgos del pensamiento. Es cierto que esta categoría se superpone con la primera, pero se centra más en las habilidades de pensamiento crítico que en el hardware del cerebro. Estaría muy bien que los humanos fuéramos seres perfectamente lógicos, igual que cierto personaje de ficción de orejas puntiagudas mencionado en la introducción, pero no lo somos. Somos criaturas emocionales, semirracionales y afectadas por toda una serie de sesgos, atajos mentales y errores de pensamiento.

El tercer tipo de equipamiento escéptico está relacionado con la ciencia: con cómo funciona, con la naturaleza de la pseudociencia y del negacionismo, y con cómo puede fallar.

La cuarta categoría de conceptos básicos te llevará a embarcarte en viajes históricos para repasar muestras icónicas de la pseudociencia y del engaño que constituyen ejemplos admonitorios.

Equiparte con todos estos recursos escépticos te ayudará a prepararte para tu aventura y a dar el primer paso (o a seguir avanzando, si ya has iniciado tu camino). No se trata de una escapada de fin de semana; este viaje dura toda la vida.

¿Estás listo para formar parte de la cruzada épica que nos ha llevado de amontonarnos en oscuras cuevas a pisar la superficie lunar? (Porque sí, la hemos pisado.) Como todas las aventuras, ésta es, por encima de todo, un viaje de autoconocimiento. Los monstruos que matarás y los desafíos a los que te enfrentarás son, en su mayoría, construcciones de tu propia mente. Pero si eres capaz de domesticarlos, la recompensa será enorme.

1. Escepticismo científico Sección: Conceptos básicos. Véase también: Pensamiento crítico

El escepticismo científico, un término popularizado por Carl Sagan, es una visión general del conocimiento que antepone las creencias y conclusiones que son fiables y válidas a las que son tranquilizadoras o convenientes. Ésta es la razón que lleva a los escépticos científicos a someter todas las afirmaciones empíricas, especialmente las propias, a los métodos científicos y de la razón de forma rigurosa y abierta. Un escéptico científico aceptará provisionalmente una afirmación en una magnitud directamente proporcional al respaldo que ésta reciba de una lógica válida y de la valoración imparcial y exhaustiva de las pruebas disponibles. Un escéptico también estudia las trampas del raciocinio humano y los mecanismos de engaño para evitar ser estafado, ya sea por los demás o por él mismo. El escepticismo valora el método por encima de cualquier conclusión concreta.

Ignoramos el entendimiento público de la ciencia por nuestra propia cuenta y riesgo.

—Eugenie Scott

Estás leyendo la Guía del Universo para Escépticos porque abogamos por la visión del mundo general conocida como escepticismo científico. Sin embargo, puede haber mucha confusión sobre lo que significa ser escéptico. ¿Qué hacemos y qué creemos los escépticos?

Ser escéptico significa cuestionar, pero el escepticismo filosófico no es lo mismo que el escepticismo científico, y ésa no es nuestra posición. En esencia, el escepticismo filosófico es una posición de duda permanente: ¿po- demos llegar a saber cualquier cosa? ¿Cuál es la naturaleza del propio cono- cimiento? Antes de que la ciencia revolucionara nuestra forma de pensar, el escepticismo filosófico era una posición razonable. El conocimiento se apoyaba principalmente en la autoridad y en la tradición, así que hacer borrón y cuenta nueva cuestionándolo todo probablemente fuera un paso en la dirección correcta. La famosa máxima de René Descartes nos dice que lo único que verdaderamente sabemos es: “Pienso, luego existo”. Su idea consistía en desechar todo lo que se consideraba conocimiento hasta ese momento para empezar de cero y tratar de ver qué era capaz de razonar a partir de primeros principios (puntos de partida evidentes).

Afortunadamente para nosotros, no vivimos en una era precientífica. Siglos y siglos de conocimiento acumulado con esmero han sentado las bases del conocimiento actual. Los filósofos se centran en cómo pensar de una forma clara, precisa, inequívoca y con coherencia interna. La ciencia trabaja de acuerdo con la filosofía del naturalismo metodológico (todo efecto tiene una causa natural) y se sirve de un refinado conjunto de procesos para poner a prueba las teorías frente a la realidad.

Todavía no somos capaces de saber nada con un grado de certeza metafísica del 100%, pero sí podemos saber cosas. Podemos construir, metódicamente, un conjunto de conocimientos que gocen de coherencia interna y de validez lógica y que no se limiten únicamente a encajar con nuestras observaciones acerca de la realidad, sino que también nos ayuden a predecir el comportamiento del universo.

Es esto lo que distingue a los escépticos “científicos” de los escépticos filosóficos, quienes profesan que el conocimiento no es posible. Tampoco somos cínicos, ya que en su caso, el cuestionamiento constituye una postura social o bien adoptan una actitud por lo general negativa con respecto de la humanidad. Tampoco nos oponemos sistemáticamente a toda opinión predominante. Del término “escéptico” también se han apropiado los negacionistas que quieren ser vistos como auténticos escépticos (es decir, como individuos que plantean preguntas incómodas y difíciles) pero que en realidad únicamente siguen la línea de la negación por cuestiones ideológicas.

Somos escépticos científicos porque sí, cuestionamos, pero siempre intentamos distinguir, con mucha cautela, todo lo que podemos saber y lo que sabemos, frente a la fantasía, los deseos, los sesgos y la tradición.

En mi opinión, el escepticismo científico moderno tiene varias facetas, no es únicamente una visión del mundo sino también un conjunto de conocimientos y un campo de especialización. He aquí las herramientas y los métodos que los escépticos científicos emplean para diseccionar la realidad:

El respeto por el conocimiento y la verdad. Los escépticos valoramos la realidad y lo que es cierto. Por lo tanto, tratamos de basarnos en la realidad, tanto como podemos, cuando se trata de nuestras creencias y opiniones. Esto implica someter toda afirmación a un proceso de evaluación fundamentado.

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Los escépticos creemos que el mundo es cognoscible porque sigue ciertas reglas o leyes de la naturaleza, y que el único método legítimo para conocer cualquier dato empírico sobre el universo obedece a este supuesto naturalista. En otras palabras, en el reino de lo empírico (conocimiento fáctico basado en la evidencia), uno no puede apoyarse en la magia o en lo sobrenatural.

Difusión de la ciencia. La ciencia es el único conjunto de métodos legítimos para investigar y comprender el mundo natural, lo que la convierte en una herramienta poderosa y en uno de los mejores desarrollos de la civilización humana. Quienes decidimos convertirnos en activistas promovemos el papel de la ciencia en nuestra sociedad, la comprensión pública de los métodos científicos y sus hallazgos, y la formación científica de calidad. Esto implica proteger la integridad de la ciencia y la educación de la intrusión ideológica o de ataques anticientíficos. También implica apoyar la ciencia de calidad, lo que requiere analizar el proceso, la cultura y las instituciones científicas en busca de defectos, sesgos, debilidades y fraudes.

Promoción de la razón y del pensamiento crítico. La ciencia va de la mano de la lógica y de la filosofía, y por ello los escépticos también promueven una mejor comprensión de dichos campos y de la habilidad de ejercer el pensamiento crítico.

Ciencia versus pseudociencia. Los escépticos constituyen la primera, y a menudo la última, línea de defensa contra las incursiones de la pseudociencia. Al desempeñar este papel, buscamos identificar y dilucidar las fronteras entre la ciencia legítima y la pseudociencia, denunciar ésta como lo que es y promover el conocimiento que permita detectar las diferencias. Si tuviera que describir brevemente cuál es nuestro campo de especialización principal, diría que la pseudociencia. Cuando se rebaten creencias comunes pero falsas, no basta con comprender los datos científicos pertinentes, sino que también hay que saber en qué falla la ciencia, cómo las personas forman y conservan sus falsas creencias y cómo las promueven. Este aspecto suele brillar por su ausencia en los centros educativos convencionales, lo que explica la presencia de los escépticos.

Libertad ideológica / investigación libre. La ciencia y la razón sólo pue- den progresar en una sociedad libre en la que no se imponga ninguna ideología (religiosa o de cualquier tipo) a los individuos ni a los procesos de la ciencia y de la investigación libre.

Humildad neuropsicológica. Ser un escéptico funcional requiere tener conocimiento acerca de las distintas formas que tenemos de engañarnos a nosotros mismos, de los límites y los defectos de la percepción y de la memoria humana, de los sesgos y falacias inherentes a la cognición, y de los métodos que pueden contribuir a mitigar todos estos defectos y sesgos.

Protección del consumidor. Los escépticos pretendemos protegernos a nosotros mismos y a los demás del fraude y del engaño. Esto lo hacemos denunciando los embustes y educando al público y a los legisladores con tal de que sepan reconocer las afirmaciones o prácticas que son engañosas o falaces.

Además, los escépticos tendemos a ser una fuente de memoria institucional. Las mismas estafas y falsas creencias tienden a volver una y otra vez, como si cada generación necesitara cometer los mismos errores por sí misma. Es muy útil que quienes estudian la historia de las estafas, de los errores y de la pseudociencia nos ayuden a reconocer y evitar este tipo de cosas cuando, inevitablemente, resurgen.

Y aunque los activistas escépticos tendemos a ser divulgadores científicos, no somos únicamente eso. Tenemos un bagaje específico y de nicho que abarca el conocimiento de la pseudociencia, de los mecanismos del engaño y cómo luchar contra la información errónea. Hace una generación, los divulgadores científicos pensaban que lo único que tenían que hacer para combatir las creencias de la pseudociencia y de los mitos era enseñar ciencia. Ahora sabemos que, desgraciadamente, ése no es el caso.

Por ejemplo, un estudio llevado a cabo por John Cook et al. en 2017, que confirmaba investigaciones previas, demostró que exponer a las personas a informaciones erróneas sobre el consenso científico acerca del calentamiento global tenía consecuencias polarizadas según su ideología política. Quienes ya habían aceptado el consenso se obstinaban aún más a él, y quienes lo rechazaban se aferraban a su postura con mayor convicción. Corregir esa información errónea prácticamente no logró reducir la polarización, ya que, sencillamente, los hechos no bastaban para hacer que los sujetos cambiaran de opinión.

Sin embargo, si se empezaba por explicar a los sujetos que se puede utilizar a expertos falsos para rebatir el consenso científico con datos ficticios, el efecto polarizante de la información errónea se veía completamente neutralizado.

Ésa es precisamente la razón por la que decidimos promover la ciencia, en parte mediante la denuncia de la pseudociencia, y no centrarnos solamente en la información falsa de la ciencia de mala calidad, sino también en las tácticas tramposas (en ocasiones de autoengaño) de las que se sirven los pseudocientíficos. No basta con enseñar ciencia al público, también hay que enseñarles cómo funciona la ciencia y cómo pensar de forma válida. Este libro pretende ser una efectiva vacuna contra la ciencia de mala calidad, el engaño y el pensamiento defectuoso.

Nadie está diciendo que éstas sean las cuestiones más importantes del mundo. A menudo se nos critica por abordar un tipo de creencia en lugar de otra, pero eso es a lo que llamamos la falacia de la privación relativa, es decir, la idea de que lo que estás haciendo no tiene ningún valor porque existen otras cuestiones más importantes que requieren atención. “No te molestes en hacer nada hasta que curemos el cáncer infantil”, por ejemplo.

A esto lo llamo “la lógica de La isla de Gilligan”.* Naturalmente, si eres parte de un grupo reducido de personas que ha naufragado y termina en una isla desierta, deberás centrarte primero en los problemas de supervivencia más urgentes. Pero en un planeta de más de siete mil millones de habitantes, eso no tiene ningún sentido. Cada uno debería sentirse libre de centrar su atención en las cuestiones que le parezcan importantes, o en la dirección en la que vayan sus talentos e inclinaciones.

Así que cuando aparezca la palabra escéptico en este libro estaremos hablando de un defensor de la ciencia y del pensamiento crítico. Y tal vez, para cuando termines de leerlo, tú también te consideres escéptico.

Humildad neuropsicológica y mecanismos de engaño

A principios del siglo xx, la invención del aeroplano —una máquina voladora más pesada que el aire— se esperaba con ansias. En las décadas previas a que los hermanos Wright presentaran su invento en el año 1903 en Kitty Hawk, Carolina del Norte, e incluso durante un tiempo después, hubo una oleada de avistamientos de dichas máquinas voladoras. Los rumores de avistamientos surgían y se extendían por comunidades enteras. Los periódicos lo- cales informaban sobre ciudadanos prominentes (la policía, el alcalde) que habían visto las naves y podían incluso distinguir al piloto que estaba al mando. Muchas personas juraban haber oído el rugido lejano del motor. Otros decían haber encontrado restos que se habían desprendido de las aeronaves, o incluso haberse subido a una. A menudo se daba por hecho que inventores famosos de la talla de Thomas Edison estaban involucrados.

Ahora sabemos que todos estos incidentes fueron fraudes y engaños masivos. No existían tales aeronaves. Los supuestos aeroplanos que dibujaron los testigos tienen el aspecto de estrafalarios armatostes con alas batientes, y no tienen nada que ver con los aviones que se desarrollaron con el tiempo.

Lo que reflejan estos y muchos otros incidentes es la naturaleza construida y poco fiable de la percepción, de la memoria y de las creencias. Son producto de la expectación, de la influencia cultural y de la psicología.

Cuando finalmente se descubrió que la historia de las aeronaves no había sido más que un fraude, muchas de las personas que se lo habían creído se enfurecieron. Sospecho que el blanco principal de su enfado eran ellas mis- mas, por haber pecado de crédulas. Pero, como veremos más adelante, de lo único que pecaron fue de ser humanos.

El doctor Steven Novella es neurólogo clínico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, además de anfitrión y productor del podcast Skeptics’ Guide to the Universe, autor del blog NeuroLogica y editor del sitio web Science-Based Medicine.

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