Proceso de paz en Colombia

LECTURAS | La batalla por la paz, de Juan Manuel Santos

El largo camino para poner fin al conflicto con la guerrilla más antigua del mundo. Prólogo de Felipe González. Un capítulo del libro escrito por el expresidente de Colombia.

Ciudad de México, 10 de julio (MaremotoM).- Este es el relato más completo que se ha escrito sobre el largo y difícil camino recorrido para dar fin al conflicto con las Farc, la guerrilla más antigua del mundo. Es la historia no solo del proceso de paz que transformó a un país, de sus contactos secretos, sus implicaciones internacionales, sus dificultades y logros, sino también de las dos décadas previas en las que Colombia osciló entre el enfrentamiento bélico y la solución negociada.

El expresidente colombiano Juan Manuel Santos nos brinda en este libro el tortuoso devenir de una nación, durante mucho tiempo resignada a la guerra, que descubre el despertar a la paz. A partir de sus memorias personales, analiza el devenir político del proceso y revela los entresijos del poder, en una narración directa y apasionante que incluye reflexiones sobre cómo superar los obstáculos para lograr objetivos que sirvan al bien común.

Un libro escrito para la posteridad: el testimonio franco y abierto de un hombre que sorprendió tanto a sus allegados como a sus opositores buscando la paz para su país tras setenta años de guerra cruenta.

Juan Manuel Santos
La batalla por la paz, de Juan Manuel Santos. Foto: Planeta

Fragmento del libro La batalla por la paz, de Juan Manuel Santos (Planeta)

Una reunión muy peculiar

Mi tercera audiencia privada con el papa Francisco fue el 16 de diciembre de 2016. Yo acababa de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, el 10 de diciembre; había tenido actividades oficiales en Estocolmo, Bruselas y Madrid y concluía mi gira en Italia, donde tenía programado este saludo a Su Santidad, además de reuniones con el presidente Sergio Mattarella y el recién designado primer ministro Paolo Gentiloni. La última etapa de la visita la cumpliría en Asís, la tierra de san Francisco, donde la comunidad franciscana me iba a entregar la Lámpara de la Paz, un reconocimiento considerado como el Nobel de paz del catolicismo.

Nuestro embajador ante el Vaticano, Guillermo León Escobar –quien falleció en diciembre de 2017–, era tal vez el colombiano mejor conectado con la Iglesia romana, amigo cercano de papas y cardenales y me contó la forma paradójica como se decidió este premio.

César Mauricio Velásquez, miembro del Opus Dei, quien fue secretario de prensa del presidente Uribe y luego su representante ante la Santa Sede, le recomendó a su antiguo jefe una estrategia muy creativa para deslegitimar el proceso de paz: que visitara, en Asís, a los frailes del Convento de San Francisco –considerados los custodios de la paz, por ser los guardianes de la tumba del santo patrono de la paz–, y les explicara sus objeciones y críticas al proceso de La Habana. Si Uribe lograba un pronunciamiento de ellos en contra del proceso, sería un gran golpe para su credibilidad entre los millones de católicos colombianos. Así lo hicieron y, aprovechando una visita que realizó Uribe a Italia en julio de 2016, en la que no desaprovechó micrófono para acusar a mi gobierno de entregar el país a las Farc, fueron al convento donde el expresidente les habló largamente a los hermanos franciscanos.

Los frailes quedaron alarmados ante la diatriba que les soltó Uribe en contra del proceso de paz y, para lograr una opinión más equilibrada, llamaron al embajador Escobar y le pidieron que fuera a Asís y les expusiera la realidad del proceso desde el punto de vista del Gobierno. Luego de escuchar sus explicaciones, con las dos posturas que habían escuchado sobre la mesa, los religiosos deliberaron y tomaron una decisión: otorgarme la Lámpara de la Paz. ¡Dios sabe cómo hace sus cosas!

Estando en Madrid, el 14 de diciembre, en una reunión en el Hotel Ritz con el presidente Mariano Rajoy y empresarios españoles, se me acercó el presidente de Telefónica, César Alierta, quien es muy próximo al entorno papal, y me dijo que el Vaticano me mandaba a preguntar si tendría alguna objeción en que el expresidente Uribe se uniera a la audiencia que yo tenía programada con el Papa dos días después. Me pareció una petición un poco insólita pero, por otro lado, consideré que no podía negarme a una solicitud del Vaticano y que de pronto podía servir para limar asperezas con Uribe y bajar el nivel de polarización del país. Así que le respondí que no tenía objeción, y acepté la inclusión del expresidente.

Luego vine a saber que esta iniciativa surgió de Fernando Carrillo, quien estaba elegido, pero aún no se había posesionado como Procurador General de la Nación, y había sido ministro del Interior y embajador en España durante mi gobierno. A través de la Curia española, en particular de monseñor Silverio Nieto, Carrillo había logrado llevar su idea hasta el Vaticano, donde la aprobaron convencidos de que yo estaba al tanto de la gestión. La verdad es que me enteré con menos de 48 horas de anticipación.

Por intermedio del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, se logró que el empresario y banquero Luis Carlos Sarmiento facilitara su avión privado para trasladar a Uribe, con gran premura, desde Colombia hasta Roma.

Te puede interesar:  Mi Lubby, gatúbela, grandota, periodista, La Maldonado… ¡Cómo te gustaba tu Rigoberto!, ese gato negro...

El viernes 16, a las diez de la mañana, tuve la audiencia con el Papa, quien me felicitó por el Premio Nobel que acababa de recibir, preguntó por los retos que ahora vendrían para la implementación del Acuerdo de Paz y me dijo que había sido muy generoso al haber aceptado incluir al expresidente en la visita. Uribe no había llegado todavía, así que terminó la audiencia y el Papa me pidió que esperara en una sala adjunta mientras hacían seguir a mi predecesor y ahora jefe de la oposición.

Al rato me volvieron a llamar y entré de nuevo al despacho papal. Nos saludamos cordialmente con Uribe, y nos sentamos, uno al lado del otro, frente al escritorio del Papa, quien expresó su beneplácito porque los dos estuviéramos allí y su disposición de ayudar a que la paz se hiciera realidad en nuestro país. Le dio entonces la palabra a Uribe y este comenzó a hacer una exposición minuciosa y puntual de todas sus desavenencias y críticas frente al Acuerdo de Paz que habíamos logrado en La Habana y que luego fue modificado para incluir la gran mayoría de sus observaciones y sugerencias. Nada cambiaba en su posición; eran los mismos argumentos que venía repitiendo en Colombia durante los últimos meses.

En un momento dado, el Papa me miró con una expresión de desconcierto, como queriendo decir “Esto no funcionó” y, abruptamente, cortó la exposición del expresidente para decirnos que agradecía mucho que hubiéramos ido a verlo y que las puertas del Vaticano y de la Iglesia siempre estarían abiertas para apoyar a Colombia. Con mucha prudencia y diplomacia, dio por terminada la reunión y nos despidió.

Ya saliendo, junto a la puerta, Uribe se arrodilló ante el Papa y le pidió que bendijera un rosario o una medalla que llevaba con él. Tuve la tentación de arrodillarme también para no quedar como arrogante, pero al final no lo hice. Una vez afuera, el expresidente me dijo: “Hombre, Presidente, ceda, ceda un poquito”. Realmente no entendí a qué se refería, pues el Acuerdo Final no solo ya había sido firmado sino que había sido refrendado por abrumadora mayoría por el Congreso de la República. Ahora solo quedaba implementarlo de la mejor manera, algo a lo que siempre invité a la oposición a que contribuyera.

Uribe había organizado que lo esperaran los periodistas a la salida de la visita, y allí declaró que había expuesto con firmeza sus convicciones ante el Papa y que el presidente Santos no había cedido en su posición. Pero no se trataba de eso, no se trataba de convertir al Papa en un árbitro sobre las divergencias respecto al Acuerdo de Paz, sino de buscar un acercamiento hacia el futuro que disminuyera esa polarización que tanto daño le hace al país. Tristemente, ese encuentro tan singular, que hubiera podido ser de inmensa utilidad, fue un fracaso.

Ese mismo día tuve una reunión con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, y el cardenal Paul Richard Gallagher, secretario para las relaciones con los Estados, en la que participaron también la canciller María Ángela Holguín y nuestro representante ante la Santa Sede, Guillermo León Escobar. Nuestro embajador se mostró indignado por la improvisación y la falta de sentido de la reunión. Parolin dijo que a ellos los habían engañado, pues creían que yo estaba al tanto desde el principio de la idea de realizar aquel encuentro. Al enterarse de que no había sido así, nos ofreció sus excusas.

Juan Manuel Santos (Bogotá, 1951) es uno de los colombianos con más amplia trayectoria en la vida pública de su país y mayor reconocimiento internacional. Fue cadete en la Escuela Naval en Cartagena, estudió economía y administración de empresas en la Universidad de Kansas y realizó cursos de posgrado en economía, desarrollo económico y administración pública en la London School of Economics y la Universidad de Harvard. Fue becario de la Fundación Fulbright en la Escuela Fletcher de Leyes y Diplomacia, así como de la Fundación Nieman de Periodismo, también en la Universidad de Harvard. Fue designado jefe de la delegación de Colombia ante la Organización Internacional del Café (OIC) en Londres. Ha sido ministro de Comercio Exterior, de Hacienda y Crédito Público, y de Defensa Nacional. Ejerció el periodismo como subdirector del diario El Tiempo y como columnista; recibió el Premio Rey de España y fue miembro de la Comisión de Libertad de Expresión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Es autor, junto al ex primer ministro británico Tony Blair, del libro La Tercera Vía (1999) y de Jaque al terror (2009), sobre la lucha contra las Farc durante sus años como ministro de Defensa. Fue presidente de Colombia entre 2010 y 2018 y durante sus años de Gobierno llevó a su culminación un proceso de paz con las Farc que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2016.

Comments are closed.