LECTURAS | Márcame, amo. La verdadera historia de Keith Raniere y sus esclavas sexuales, de Roberta Garza

Raniere era el líder de la secta conocida como NXIVM, que atrajo a miles de seguidores, incluidos millonarios y celebridades. Anteriormente había sido declarado culpable de cargos que incluían tráfico sexual, explotación y conspiración, entre otros. Fue sentenciado a cadena perpetua el martes después de que más de una docena de sus víctimas dieran testimonio sobre cómo abusó sexualmente de ellas. Aquí un capítulo del libro de Roberta Garza.

Ciudad de México, 28 de octubre (MaremotoM).- Márcame, amo es una recolección de las explosivas revelaciones alrededor del juicio de Keith Raniere, llevado a cabo entre mayo y junio de 2019 en la corte este del Estado de Nueva York. En sus páginas están los antecedentes del grupo que formó alrededor de él, sus cómplices y víctimas principales, y los mecanismos que le permitieron a Raniere convertirse, de un estafador de ligas menores, en el líder de una peligrosa secta de esclavas sexuales con presencia en Canadá, los Estados Unidos y México.

Roberta Garza
Roberta Garza, autora de Márcame, amo. La verdadera historia de Keith Raniere y sus esclavas mexicanas. Foto: Cortesía

Fragmento de Márcame, amo, de Roberta Garza, con autorización de Cal y Arena

Prólogo

Los monstruos entre nosotros

Acudí a twitter para regurgitar el juicio de Keith Raniere ante la imposibilidad de encontrar en México un medio formal para publicarlo. No podía saber el interés que eso iba a despertar entre el respetable, pero mis razones iban más allá: la única manera de neutralizar a los monstruos que viven entre nosotros, de resguardar quizá a alguna futura víctima advirtiéndole lo que le puede esperar, es encendiendo la linterna y apuntándoles la luz. Los peores recuerdos de mi juventud en Monterrey se deben a ese ominoso silencio. No se hablaba de las perversiones de Maciel o de sus esbirros, aunque ya el mundo entero, fuera del ombligo regiomontano, las comentaba y conocía.

El 20 de mayo de 2005 la Legión publicó un cable enviado, como pago de favores, por la secretaría de Estado vaticana del cardenal Angelo Sodano. No traía firma ni sello, pero aseguraba que no había proceso alguno contra Maciel. Eso era, como tantas otras cosas, falso: un año menos un día después el papa Benedicto XVI publicaría un comunicado, resultado de las pesquisas de Monseñor Scicluna, conminando al pederasta michoacano a retirarse a una vida de “oración y penitencia”, aunque sin especificar el porqué, permitiéndole así a los líderes de la Legión de Cristo seguir impunes hasta que, ante las pruebas de ADN con que amenazaban los hijos carnales de su fundador, se vieron obligados a confesar apenas una pequeña parte de las atrocidades que, con una década de retraso, se conocerían después.

Con el silencio la gente quería evitarse las represalias de la red de poder tejida por los Legionarios de Cristo entre políticos y empresarios mexicanos. Por eso los abusos siguieron, por años, protegidos por esa omertácómplice. Hablar salía caro: arriesgarse a ser vilipendiado públicamente, a perder un buen empleo u oportunidades de negocios, a recibir una demanda, a ser rechazado por la propia familia o a someterse al ostracismo social eran posibilidades muy reales.

Con ese silencio culpable, complaciente o avergonzado, uno que yo guardé demasiado tiempo, cuentan los depredadores de cuerpos y almas de este mundo. Por eso debemos hablar de ellos. En este caso, de Raniere, y de sus facilitadores en México.

Los inicios

“La veré muerta o en la cárcel”, le dijo Keith Raniere a la madre de Toni Natalie, su pareja de años, cuando ésta le anunció que lo dejaba. Lo que siguió fue más de una década de acoso físico y legal: telefoneándole a todas horas preguntando si sabía el paradero de su hijo de un matrimonio anterior; su casa y la de su madre fueron allanadas, desordenando sus muebles y pertenencias, robando ropa de su clóset. La declaración de bancarrota por el pago de las deudas de la empresa que había formado con él, todas a nombre de ella, se eternizaron en demanda tras demanda, y hubo un intento de atraerla a México con engaños para que, mediante una orden de aprehensión encubierta obtenida a punta de sobornos, desapareciera en las entrañas del sistema penitenciario mexicano. En buena parte, eso explica la expresión de apenas contenido júbilo cuando Natalie escuchó los siete contundentes “culpable” espetados por el jurado.

La transformación de Raniere de un estafador de alcances locales en el dueño de un harem de más de cien mujeres comienza luego del fracaso de su primer negocio, Consumers Buyline Incorporated (cbi). Éste no cumplía ni dos años cuando ya era investigado en veinte estados de la Unión, cerrando en 1993 por órdenes de Robert Abrahams, fiscal general del estado de Nueva York, acusado de ser un “multimillonario esquema piramidal”. La fiscalía fincó el caso en que la compañía estaba más interesada en reclutar gente que pagara los 270 dólares que costaba enrolarse en Purchase Power, un club de compradores con base en Texas, que en proveerles algún servicio; sobre todo porque sólo catorce de esos dólares iban al club de compras, mientras que el resto permanecía en manos de cbien forma de comisiones por reclutamiento. En un video promocional de la compañía se ve a Raniere pidiéndole a los vendedores de membresías que imaginaran un cerro de billetes, uno de diez millones de dólares: “Es grande. Es enorme. Sientan cómo el aroma del dinero hace que sus narices tiemblen como conejitos…”

El flujo desde los últimos reclutados hasta los fundadores era constante: al cierre de la empresa, Pamela Cafritz, Karen Unterreiter y Raniere habrían recibido alrededor de medio millón de dólares a cambio de aire. Raniere corrió con suerte: fue multado en 1996 con cuarenta mil dólares a nivel federal, más un par de multas estatales, sin ser declarado culpable de nada, apenas con el compromiso de nunca más participar en esquemas “promoviendo, ofreciendo o brindando participación en un esquema de distribución en cadena”. Los inculpados tardaron más de cuatro años en pagar esa multa.

Keith explicaría su derrota, como era su costumbre, culpando a otros: en este caso, acusando que la debacle de cbise había debido a las maquinaciones de Wall Mart que, por temor a la competencia, habría pedido a las autoridades “colapsar a ese tipo”. Lo cierto es que, después de cbi, Raniere evitaría tener posesiones a su nombre, negándose a recibir un salario y omitiendo el uso de tarjetas de crédito o cuentas de banco: todo le pertenecería, oficialmente, a sus siempre incondicionales mujeres, con el consiguiente ahorro de problemas legales y fiscales; año con año Raniere ha declarado vivir por debajo de la línea de la pobreza. Es cierto que nunca fue proclive a la ostentación; estéticamente, su comunidad era un reducto de mediocridad pequeñoburguesa, donde los pants y las sudaderas de baja calidad eran la etiqueta cotidiana. Con todo, Raniere ejercía un control férreo sobre sus acólitos y sobre su empresa disponiendo sin restricción alguna de cientos de miles de dólares en efectivo ocultos en el sótano de la casa de Nancy Salzman, con línea directa a una bolsa de plástico en su biblioteca personal.

Keith Alan Raniere vio la luz un 26 de agosto de 1960 en Brooklyn, Nueva York, el único hijo de James Raniere, publicista, y de Vera, una maestra de baile de salón. Al cumplir 5 años, la familia se mudó a los suburbios boscosos al norte del estado, a una casa roja con vistos blancos y amplio jardín, parecida a las granjas que pintan los niños en la escuela. A sus ocho años, James y Vera se divorciarían, quedándose la mujer, enferma del corazón, bebedora de ocasión y madre culpable de tiempo completo como única custodia del niño, convirtiéndolo en el centro de su universo e instilándole un sentimiento de excepcionalidad desbordada. Las virtudes atribuidas a Raniere en sus biografías oficiales —que hablaba con frases completas al año y que leía de corrido a los dos; que su energía intelectual interfería con las computadoras y los aparatos electrónicos; que a los 12 dominaba por sí solo y en unas cuantas horas todo el currículo de matemáticas de preparatoria o que a los 13, autodidacta, tocaba piano a nivel concertista— son más falsas que un billete de tres pesos, pero es un hecho que desde muy joven el chico mostró gran facilidad para la manipulación; en entrevista del 28 de mayo de 2018, publicada en el diario The Epoch Times,cincocompañeros de Raniere de la escuela primaria Waldorf describen cómo uno de ellos cuchicheó, en las intimidades infantiles del patio de recreo, sobre una u otra andanza adolescente de su hermana mayor. Raniere le diría enseguida que la confidencia le había dado una botella de veneno que él sostendría por siempre sobre su cabeza; que, de quererlo, podría revelarle a la hermana o a los padres sus indiscreciones. Sobra decir que, de corta estatura, un poco bizco, arrogante y presuntuoso a pesar de su apariencia y sus maneras ordinarias, el joven Keith no era precisamente popular.

En 1978 Raniere se gradúa de preparatoria, cumple 18 años y queda huérfano de madre pocos días antes de Navidad, cuando el cansado corazón de Vera deja de latir. De la orfandad pasó al Politécnico Rensselaer, donde conocería a Karen Unterreiter, desde entonces una de sus más fieles administradoras. Sus afirmaciones de haber sido un estudiante de excepción, el primero en haberse graduado con tres títulos —biología, física y matemáticas—, y calificaciones de excelencia se estrellaron contra una copia de la cartilla del instituto firmada por su secretario y consejero general, Craig Cook, presentada como evidencia en la corte, mostrándolo frecuentemente suspendido y con un promedio final de 2.26 que, en nuestro sistema decimal, equivale a un limítrofe 7.

Al terminar la carrera esas notas le alcanzaron para emplearse como técnico de computadoras en una oficina de fianzas de la policía local, profundizando en su tiempo libre en el estudio de sus tres mayores influencias intelectuales, aquellas que conformarían su filosofía espiritual y sus principales decisiones a futuro: Amway —donde trabajaría unos meses—, la Iglesia de la Cienciología y Ayn Rand. Sobre las agresivas técnicas de venta de las primeras dos funda en 1991 Consumers Buyline, donde conoce a Natalie, una de las vendedoras estrella de la organización y quizá el prototipo de todas las mujeres sobre las cuales Raniere parasitaría el resto de su vida.

Raniere mostró una temprana inclinación hacia la pedofilia: en 1993, una niña de 15 años llamada Rhiannon registró una acusación ante la policía del estado de Nueva York afirmando haber tenido relaciones con él hasta sesenta veces a partir de sus 12 años. Ella tenía problemas en la escuela, fleco rubio y frenos, y él recién había cumplido los 30. La madre de la niña, vendedora de cbi, le comentó de los problemas académicos de la pequeña y él se ofreció a tutorearla por las tardes. Lo primero que le enseñó fue a abrazarse “como hacen los adultos, juntando la pelvis”, quitándole la virginidad y abusando de ella a lo largo de varios años en su casa, en las oficinas de cbio en el coche. Cuando Rhiannon finalmente fue a la policía, los detectives le pidieron portar un micrófono para obtener pruebas contra el abusador; ella se rehusó, pálida de miedo, y pidió cerrar el caso.

Toni Natalie es chispeante y guapa —ojos de felino color jade, cabello azabache y nariz de Cleopatra—, pero con fragilidades emocionales quizá originadas en los episodios de abuso sexual que sufrió cuando era niña, y que Raniere le diría luego que podrían aliviarse haciendo tríos. Al conocerla, Keith la habría ayudado a dejar de fumar y la convencería de que su marido la engañaba con la nana de su hijo. “Él se convierte en todo lo que quieres y necesitas, y algo más. Llena todos los vacíos”, diría Natalie, quien pronto se divorciaría para mudarse a Clifton Park, la comunidad suburbana alrededor de Albany que sería el epicentro de esa telaraña.

No vivirían juntos. Ella tendría una casa con su hijo y él conservaría su cuarto en el número 3 de Flintlock Lane, propiedad comprada por Pamela Cafritz, hija de Bill y Buffy Cafritz, distinguida pareja de la alta sociedad conservadora de Washington. Antes de conocer a Raniere, Pamela estaba por casarse con uno de los que llamamos buen partido. Luego se convirtió en la primera fondeadora y la más fiel de las lugartenientes de Raniere hasta su muerte ennoviembre de 2016 por cáncer de hígado. Cafritz se encargaría de higienizar las consecuencias de los peores impulsos de Raniere; además de brindarle cierta estabilidad doméstica, hacía las aperturas y proveía las coartadas para que éste sedujera a jovencitas —invitándolas, digamos, a su casa, a pasear al perro—, y arreglaba los múltiples abortos que éste exigía de sus mujeres, ella incluída: él no aceptaba usar condones ni que sus parejas tomaran anticonceptivos, porque podrían engordar, decía. Raniere, ya con la mexicana Mariana Fernández como pareja principal, continuó usando las cuentas de banco y las tarjetas de crédito de Cafritz después de su muerte, en las compras del supermercado o para gastar miles de dólares en ropa para Fernández. Se estima que, en total, esas cuentas de banco custodiaban cerca de ocho millones de dólares. Raniere, nombrado por Pamela como ejecutor de su testamento, le cedería en México el cargo a Rosa Laura Junco poco antes de ser capturado.

Los demás habitantes del número 3 de Flintlock eran la antigua compañera del politécnico, Karen Unterreiter y, para entonces, Kristin Keeffe, oficialmente el enlace legal del grupo y extraoficialmente la encargada de neutralizar a los críticos y disidentes por todos los medios posibles, legales y no; sus lugartenientes en México, como veremos más delante, fueron Emiliano Salinas y Alex Betancourt.

Al fracasar cbi, Raniere y Natalie fundaron, en 1994, el National Health Network, una empresa de suplementos vitamínicos y naturistas que cerraría, en sus estertores, en 1999. Poco después la pareja se separaría. Cuando dijo adiós, Natalie recibió una carta que comienza amorosa y termina amenazante, además de una línea de tiempo, con dibujos, “de su caída final”. Cuando Natalie se rehusó a regresar con él, Keith le dijo que en su otra vida ella había sido Heinrich Himmler, y él y sus acólitos sus víctimas judías. A pesar de que Raniere pasaba los 30 años, la tesitura de sus comunicaciones emocionales es infantil dejando ver las profundas inseguridades que incubaron sus perversiones.

Ante la ausencia de Natalie, Raniere comenzaría a apoyarse por completo en Nancy Salzman, una enfermera con quien gestó, el 20 de julio de 1998, Executive Success Programs, o esp, la raíz del pequeño imperio del mal que a la vuelta del milenio sería conocido como nxivm. Salzman, quien al conocer a Raniere le comentó a Natalie que éste le parecía un poco torcido, luego de convertirse en su socia afirmó que “Probablemente no haya descubrimiento, desde la escritura, tan importante para la humanidad como la tecnología del Señor Raniere”. El nombre de Vanguardia, adoptado por éste en su nuevo papel como gurú, lo había tomado de un videojuego intergaláctico de consola con el cual perdía el tiempo, de joven, al salir de clases.

Raniere y Nancy elaboraron los 21 módulos que se convertirían en el prototipo de sus cursos intensivos de entre dos y tres semanas, ofreciéndoselos inicialmente a los clientes de Nancy, a quienes daba asesorías de vida. Fue entonces cuando Barbara Bouchey, en proceso de divorcio, toda caireles rubios y ojos de muñeca, se enrolaría. A la fecha ella es ambivalente en su juicio, expresando que en nxivmy en el mismo Keith hay mucho de bueno, a pesar de haber recibido personalmente una buena dosis de su lado malo. Asistente cotidiana al juicio, cuando salió del elevador para enterarse, a las puertas de la sala de la corte, de la sentencia contraria a Raniere, se deshizo en un llanto agridulce. Barbara confesó que, al inicio, las atenciones de Raniere le causaban cierto rechazo; que, el último día de su primer curso, éste le regaló su propia copia de La Rebelión de Atlas, con pasajes subrayados y hojas manchadas, y le dijo: “Tú eres Dagny”, la heroína del libro que, luego de padecer a manos de múltiples hombres malos, por fin encuentra a su superhombre ejemplar, el genio industrial John Galt. Bouchey cree que, naturalmente, Raniere se veía a sí mismo como Galt.

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 Barbara pasó pronto a engrosar el harén de Raniere, pero nunca vivió en la casa de Flintlock, manteniéndose, como antes Natalie, hasta cierto punto al margen de la comunidad, a pesar de llegar a ocupar una silla en el consejo de la empresa. Bouchey dice que tardó tiempo en darse cuenta de que su relación con Raniere no era exclusiva; cuando él se ausentaba y ella lo cuestionaba, Keith le decía que dejara de preguntar, que al ser hija de padre alcohólico, tenía problemas de abandono que debía trabajar.

En abril del 2009 Barbara abandonaría a Raniere junto a ocho mujeres más, convirtiéndose en una voz crítica pública, exponente de las excentricidades hasta entonces ocultas de Vanguardia; en testimonio posterior afirmaría que Raniere contemplaba reclutar nativos americanos con el fin de crear una reserva independiente, o comprar una cantidad sustancial de tierra en los desiertos australianos para allí fundar un nuevo país o, al menos, un territorio autónomo. Keith la acusaría entonces, como antes hiciera con Natalie, de haber sido Reinhard Heydrich, un oficial nazi considerado uno de los arquitectos del Holocausto.

Algunos de los manuales de nxivm, nunca antes hechos públicos —la empresa le hacía firmar a los estudiantes un contrato leonino de no divulgación—, fueron presentados como evidencia en la corte. Son reiterativos, de retórica engolada, plagian términos y metodologías de otros programas y abundan en clichés —la mera patente del Rational Inquiry Method, o “Método de Cuestionamiento Racional”, llena 240 páginas—, diseñados como están para atacar las vulnerabilidades intelectuales y emocionales del lector en el marco de sesiones agotadoras, de al menos doce horas. Todos tienen como fin último ensalzar la figura de Raniere, creándole un público fanatizado y acrítico que no estaría fuera de lugar en el Templo del Pueblo de Jim Jones o en la Iglesia de la Luz del Mundo del apóstol Naasón; en su testimonio, el cineasta Mark Vicente mencionó “que Dios ampare a quien le revire algo a Keith”.

Parte del éxito de los cursos reside en el empaque, es decir, en su presentación en centros modernos y en zonas de clase alta, con instructores que proyectan seguridad y compañeros de familias de recursos económicos o políticos que, de otra manera, serían inalcanzables para el público común. En el punto 12 de la cartilla de la misión de nxivm, misma que debe ser recitada diariamente por los acólitos, se menciona la promesa de “buscar controlar éticamente la mayor cantidad de dinero, recursos y capital del mundo… siendo esencial para la supervivencia de la humanidad que estas cosas estén en control de personas exitosas y éticas”. Cada intensivo de nxivm, por cierto, cuesta alrededor de 10 mil dólares, y no se llega a ningún lado si no se toman, al menos, dos, reclutando de pasada a varios estudiantes más para cursos futuros.

Benjamín LeBarón y Mark Vicente

El 2013 nxivm lanzó en México un documental realizado por Mark Vicente, cineasta sudafricano que en 2005 buscó ayuda en nxivmpara desintoxicarse de su paso por otro culto que, faltaba más, también tiene presencia en México: el de Ramtha, donde Judy Zebra Knight, nacida Judith Darlene Hampton, afirma ser el conducto físico de un ser espiritual extraterrestre. Al margen de su pésimo juicio, Vicente es un hombre afable que, en algún momento se convirtió en el encargado de grabar, para el acervo del grupo, la cotidianidad de Raniere; no fuera a ser que, en cualquier momento, Vanguardiabalbuceara alguna idea o concepto que pudiera transformar el mundo y aquello se perdiera. El proyecto de la película Encender el Corazón, presentado como parte de In’Lakech—que en Maya significa “Yo soy Tú”—, la iniciativa de paz para México ideada entre Emiliano Salinas y Raniere, se armó alrededor del secuestro de Erick LeBarón, miembro de la comunidad mormona mexicana. La cobertura de esa familia chihuahuense es entrañable, pero el filme es en realidad un panegírico a nxivmy a Keith y no mucho más: Raniere es presentado como un superhombre, como el único capaz de solucionar con su extraordinaria inteligencia y compás ético el problema de la violencia en México. En un borrador de manual de In’Lakechque Emiliano le envió a Raniere a inicios del 2010, se ve la manipulación basada en la hipérbole y en el chantaje emocional tan propios de nxivm:

Keith Raniere desarrolló un programa, un arma revolucionaria con el potencial de transformar por completo un país destrozado por la violencia. Ese país es nuestro país: México. Este manual es para miembros de In’Lakech (Nexium?). Provee guía y sugerencia para informarse y ayudar a reclutar gente a nuestro programa de no-violencia. El programa, del cual esta guía es sólo un pequeño reflejo, es un regalo, un privilegio de proporciones indescriptibles. Pero es también la más grande responsabilidad que muchos de nosotros tendremos jamás. Tienes en tus manos la posibilidad de una paz noble para México. Lo que tú elijas hacer con esto, incluso no actuar, o cómo escojas llevar a cabo tus decisiones, va a impactar directamente las vidas de más de 100 millones de seres humanos: hombres, mujeres, niños, viejos, vecinos, amigos, familiares de todos aquellos que vivimos en México. Cómo decidas impactar a cada una de estas vidas, es tu decisión.

La página de internet de In’ Lakech pedía recitar diario este inspirado y original canto: “Mexicanos: ¡Escuchemos el grito de guerra, la guerra contra el odio! Portemos sobre la frente el listón blanco de la paz: Nuestro eterno destino. Que exista un soldado en cada hijo”.

En realidad In’Lakeches un brazo más del feroz reclutamiento del grupo, en este caso montado sobre el acicate del crimen organizado, con Encender el Corazón como su vehículo estrella. Mark Vicente, quizá la relación más personal que se le haya conocido a Raniere, se siente avergonzado y arrepentido de haber hecho, en esencia, un engañoso publirreportaje, y recuerda con ironía que hubo quien le dijo que no lo hizo lo suficientemente adulador. Vicente, quien ya era catalogado como problemático en el círculo cercano a Vanguardia por las dudas que había comenzado a expresar, internamente, desde meses antes, rompió definitivamente con ellos en cuanto se enteró de la cauterización de Sarah Edmondson, haciéndose acreedor a la característica guerra de desprestigio y de acoso en un espejo de lo que viviría en México Toni Zarattini. Por Mark conocimos en el juicio la estructura básica del grupo, y sus reglas, escritas y no: Vicente recuerda que de Raniere no podía decirse nada negativo, ni mencionarse la palabra culto, bajo pena de ser exiliado de la comunidad, lo que implicaba no sólo el ostracismo social sino además el económico.

Mark explicó a la corte el sistema de cintas portadas por los acólitos, cuyo modelo era el de las artes marciales: comenzaban con el color blanco para los alumnos principiantes, requiriendo de cuatro rayas horizontales para pasar al siguiente color. Seguía el amarillo, para los aspirantes. El naranja para los proctors, o supervisores, y el verde para proctor senior. El azul para consejero y el morado para consejero senior, grados alcanzados solamente por Barbara Jeske y Pamela Cafritz. Los grados que nadie alcanzó fueron el café, para vocero, y el negro, para los “inventores de algo que haya fundamentalmente cambiado a la humanidad”. Los colores que sólo portaban los fundadores eran: dorado para Prefecta, y blanco, pero en una banda el doble de larga que la de los principiantes, para Vanguardia.

Al arresto de Raniere los centros, si bien no todos completamente activos, se ubicaban, en los Estados Unidos, en la casa matriz de Albany, en el 455 de New Kramer Road; en California en Los Ángeles, Orange County y San Francisco, y en Miami, Florida. Internacionalmente tienen o tuvieron locales en Londres, Guatemala, Vancouver y, por supuesto, en México, el país que le daba más dinero y reclutas a Raniere: en Guadalajara la empresa estaba bajo el mando de Jack Levy, dueño de la propiedad de Vallarta donde apresaron a Vanguardiaen marzo de 2017; en Monterrey, cuando Edgar Boone se muda a Albany, toman el mando su hermano Omar y Jimena Garza de Boone, y en la Ciudad de México llevaban la rienda Emiliano Salinas y Alex Betancourt.

Mark Vicente viajaría a México a finales de 2008, recordando vívidamente, además de la violencia y la criminalidad endémicas que le hicieron pensar en su patria sudafricana, la caída del avión de Juan Camilo Mouriño en plena zona conurbada de la Ciudad de México. A mil 500 kilómetros de allí, la familia LeBarón se convertiría pronto en el epicentro de la podredumbre nacional cuando, en mayo de 2009, pistoleros de La Línea, escisión del cartel de Juárez, secuestraron a Erick LeBarón, de 16 años, pidiendo por su liberación un millón de dólares. La comunidad tenía ya más de un año de resistirse a los embates del narco, que intentaba cobrarle derecho de piso a los prósperos agricultores descendientes de los fundamentalistas polígamos que huyeron de Estados Unidos para poder practicar en México su religión y sus costumbres sin ser molestados por la ley: en 1940, habiéndose rehusado a aceptar la monogamia, exigida primero por las leyes de Estados Unidos y luego por su misma Iglesia basada en Salt Lake City, un grupo de fieles excomulgados, ahora agrupados bajo el nombre de la Iglesia de los Primogénitos, cruzaron el río Bravo y se ubicaron en terrenos rurales, mayormente despoblados, al sur del pueblo de Galeana, Chihuahua, a cuatro horas de la frontera con Ciudad Juárez. Si bien la poligamia que los empujó a salir de Utah es practicada cada vez con menos frecuencia en México, no sobra recordar que Erick LeBarón es uno entre decenas de hermanos. El detalle pasó desapercibido a Raniere, quien instruyó a Rosa Laura Junco que encabezara un programa especial, destinado exclusivamente para esa comunidad chihuahuense con el fin de reclutar jovencitas adolescentes. A inicios de 2017 una docena de ellas llegaron a Englemore Road, a la casa particular de la mexicana, para ser instruidas personalmente por Raniere allí y en la biblioteca del número 8 de Hale Drive. Más allá de lo contado por Jay, quien presenció las sesiones y luego testificó que efectivamente sucedieron, es imposible saber con exactitud qué pasó en esa casa y menos en la extraña biblioteca y dormitorio con jacuzzi de Vanguardia. La mayoría de esas niñas, de entre 14 y 17 años, regresaron en una o dos semanas abruptamente a México. Algunas se quedaron, pero como “especialistas multiculturales” de los centros Rainbow, siendo el único rasero para contratarlas las fotos de ellas que Loreta Garza le mostraba a Raniere.

El código de ética de la comunidad de los LeBarón corresponde al de los puritanos decimonónicos: sus campos, sus casas y sus pueblos semiautónomos rechazan el alcohol y se ven más limpios y prósperos que los de sus vecinos. Siguen casándose entre sí, hablan una mezcla de inglés y español y la mayoría tiene doble nacionalidad. Son rubios, pecosos y de ojos claros, con la piel enrojecida por el sol campestre.

Erick fue secuestrado mientras llevaba al rancho su padre postes de madera para hacer una barda. Al hermano que lo acompañaba lo dejaron libre para que llevara el mensaje del obsceno monto de la recompensa a la familia. Luego de reunirse en la iglesia, la comunidad se negó a pagar un centavo de ese millón de dólares, eligiendo viajar hasta la capital del estado para montar un plantón y presionar a las autoridades a actuar. Benjamín, el hermano mayor, encabezó las protestas y se adueñó de los micrófonos que acabaron atrayendo al ejército a la zona. A los siete días el muchacho fue liberado, supuestamente sin paga de por medio. Los pueblos aledaños, bajo el mismo flagelo, tomaron nota del éxito de los LeBarón, convirtiendo a Benjamín en el centro de sus ruegos. Éste respondió ayudándoles a montar brigadas ciudadanas que exigieron mayor presencia policiaca, la persecución de los delitos y la visibilización de los crímenes en los medios. El 1º de julio, dos meses después del plagio de su hermano, pasada la una de la mañana, cuatro camionetas con vidrios polarizados llegaron a su casa, donde se hallaba con su esposa y sus cinco hijos. Una veintena de matones destrozaron la puerta y los cristales de las ventanas, cosiéndolo a golpes y amenazando violar a su mujer, allí, frente a sus hijos. Atraído por el ruido llegó su vecino y cuñado, Luis Widmar; lo noquearon de un puñetazo y los levantaron a ambos. Sus cuerpos fueron encontrados esa misma tarde, con sendos balazos en la nuca. Al lado de sus cadáveres había una cartulina responsabilizándolos de los 25 sicarios capturados por el ejército cerca de Nicolás Bravo, municipio vecino de Madera.

Mark Vicente llegó a Chihuahua entre el secuestro de Erick y el asesinato de Benjamín. Quien encabezó a la comunidad bajo el membrete de sosChihuahua, a partir de entonces, fue un tercer hermano, Julián, reuniéndose con Emiliano Salinas en México y viajando hasta Albany para a conocer a Raniere, llegando a tomar algunos de los cursos de nxivm. En entrevista posterior con León Krauze publicada en 2017 diría, sobre las revelaciones alrededor del grupo asociado al documental, que: “Nunca consentí ni estuve de acuerdo en que fuera una herramienta de reclutamiento para ninguna otra cosa más que para que la gente piense con su propia cabeza”.

Cuando Vicente se unió al grupo, en 2005, el consejo de administración ejecutivo lo componían Edgar Boone, Barbara Bouchey, Loreta Garza, Lauren Salzman y Karen Unterreiner, al menos hasta el 2009, cuando aparecieron abruptamente las nueve consabidas mujeres: ante la paranoia de Raniere, quedaron solamente como vicepresidente comercial Alejandro Betancourt; Emiliano Salinas como vicepresidente de ética; Clare Bronfman como de operaciones; Lauren Salzman como de educación y Karen Unterreiner como de humanidades. De todos ellos, sólo Emiliano y Alejandro han repudiado oficialmente a la compañía. La razón social de la empresa, antes domiciliada en México, fue cambiada por Clare Bronfman en el verano de 2019 a Brooklyn.

Roberta Garza
Roberta Garza. Foto: Cortesía

Roberta Garza (Monterrey, Nuevo León) es psicóloga. Fue maestra de Literatura en el Instituto Tecnológico de Monterrey y editora en jefe del grupo Milenio (Milenio Monterrey y Milenio Semanal). Fundó la revista Replicante y ha colaborado con diversos artículos periodísticos en la revista Nexos y Milenio Diario. En la actualidad es estudiante de Historia, Religión y Política en la Universidad de Columbia, en Nueva York.

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