Parejas - Tatiana Clouthier

LECTURAS | Parejas parejas: Hombres que aman a mujeres poderosas, de Tatiana Clouthier y Valeria Guerra

Parejas - Tatiana Clouthier
Parejas, parejas. Editada por Harper Collins. Foto: Cortesía

Las nuevas generaciones que desean tener un equilibrio en lo referente a la familia, el trabajo y éxito profesional verán, al leer estas historias que presentamos, que existen parejas comunes y corrientes que entre los dos sacan adelante sus sueños.

Ciudad de México, 25 de noviembre (MaremotoM).- Parejas, parejas. Hombres que aman a mujeres poderosas (Harper Collins), es sin duda un trabajo necesario y obligado de lectura para nuestra cultura como mexicanos en busca de un futuro mejor. Nos regala una ventana a la vida de parejas exitosas, una lista diversa en notoriedad, en edades, en ámbitos profesionales, en geografías. Sin embargo, el tejido de historias por la cual nos lleva es a la vez sorprendente e inesperado, tocando fibras de lo común y lo acogedor. Hay un hilo conductor en estas historias de respeto mutuo, liderazgo compartido y admiración recíproca.

Las nuevas generaciones que desean tener un equilibrio en lo referente a la familia, el trabajo y éxito profesional verán, al leer estas historias que presentamos, que existen parejas comunes y corrientes que entre los dos sacan adelante sus sueños.

Que caminar juntos hacia el éxito, es posible. Escuchar en voz de los hombres lo que ha sido para ellos estar casados con mujeres independientes, con mundos propios; saber que hay hombres a los que no les intimida el éxito profesional o social de su pareja, sino todo lo contrario, fueron otras de las razones para contar sus historias, pues creemos servirá para animar a otros a dar el paso.

Fragmento de Parejas, parejas, de Tatiana Clouthier y Valeria Guerra, con autorización de Harper Collins.

“Vivir con Ángeles es lo mejor que me ha pasado en la vida y me pasa todos los días”

Acostumbraba leer a Héctor Aguilar Camín o, mejor dicho, a hojearlo, pues debo reconocer que me costaba admirarlo como intelectual porque lo consideraba cercano a Salinas y eso no iba conmigo. Sin embargo, siempre me quedó la duda: algo debía tener para que una escritora tan creativa como Ángeles Mastretta estuviera casada con él. Además, tenemos a Jorge Castañeda como amigo en común y eso me hacía apreciarlo en otras áreas. Por tanto, fue al propio Jorge a quien le pedí sus datos y la verdad es que solamente fue necesario un correo para explicarle en qué consistía nuestro interés y concertar una cita con él. Me recibió al mediodía del 17 de marzo en la oficina de Nexos, pero me advirtió que sería algo breve pues saldría de viaje.

Nos saludó con soltura; incluso parecía que nos conocíamos de años atrás, lo que hizo que la entrevista resultara fácil y como un gran cuento. Reconozco que es un gran narrador. Fue un placer platicar con él.

Ángeles y Héctor se conocieron en casa de Carlos Monsiváis en 1978. Me divirtió escuchar que ellos eran los únicos heterosexuales de la reunión, de modo que fue como un asunto del destino que se encontraran ahí, ya que no les quedó más remedio que ponerse a platicar. Seis meses después estaban viviendo juntos y así continúan.

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Héctor Aguilar Camín contesta sobre Ángeles Mastretta, su mujer. Foto: Cortesía

“Es muy fácil vivir con Ángeles Mastretta”, dice Héctor. “Su alegría es invencible y canta todo el día. En eso se parece a mi madre, que también era cantora. El caso es que yo paso el día acompañado por el sonsonete de la canción con que Ángeles empezó la mañana.”

De alguna forma, Aguilar Camín vive una extensión de lo que aprendió en su niñez y en su juventud. Creció rodeado de mujeres trabajadoras, alegres y fuertes. Lo criaron su madre, Emma y su tía Luisa Camín, en un hogar que el padre de Héctor abandonó cuando él era pequeño. Emma y Luisa eran modistas y para poder sacar a la prole adelante, convirtieron su hogar en una casa de asistencia que siempre tenía las puertas abiertas. Las dos mujeres fueron definidas como extraordinarias y buenas conversadoras, don este último que Héctor heredó en modo notable.

Abriendo mucho los ojos, Aguilar Camín nos narra que su madre y su tía contaban historias al igual que lo hace Ángeles y que de ahí, de las mujeres que lo criaron, aprendió a construir sus propios relatos. No deja de subrayar que su casa fue un lugar abierto para los amigos.

Con tranquilidad y sin tapujos, Héctor confiesa que una de las cosas que a él y a Ángeles les han funcionado como pareja es haber llegado a un acuerdo desde el principio: cada quien pondría el 50 por ciento de lo que necesitaran para vivir y desde hace 38 años así lo han hecho. Se atreve incluso a proponerlo como algo que ayudaría a muchas parejas en su convivencia cotidiana y les haría la vida más placentera, pues ninguno dependería del otro en términos económicos. Agrega: “Hemos sido una pareja muy privilegiada y muy rica, en el estricto sentido de que nunca hemos gastado ni necesitado más de lo que tenemos”.

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Al preguntarle si para él ha sido difícil vivir con una mujer exitosa, respondió que, por el contrario, lo ve como una bendición, pues eso ha permitido que ella aporte su 50 por ciento sin problema, cosa que a él, en cambio, se le ha dificultado de vez en cuando.

Otro de los secretos de la relación es que, en opinión de Héctor, vivir con Ángeles es muy fácil. “Yo soy el complicado”, dice. Discuten muy poco y pelean por minucias, como el hábito de Ángeles de retrasarse cinco minutos.

“Lo complicado de la relación es mi parte. Yo he sido el personaje difícil para convivir, al venir de una mala experiencia de matrimonio previa y ser hijo de padre ausente. Tenía una melancolía, huella de desamor, de hijo abandonado con culpa porque el padre se fue, por sentirme rechazado. Tardé en hacer las paces con eso. Las hice cuando mi padre reapareció y lo acompañé en sus últimos años. Murió en 2010 y cerré el capítulo con mi libro Adiós a los padres, recientemente publicado.”

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El éxito literario de Ángeles ha sido para mí una bendición, pero reconozco que en algún momento suscitó mi envidia. Foto: Cortesía

“El éxito literario de Ángeles ha sido para mí una bendición, pero reconozco que en algún momento suscitó mi envidia. Una vez llegamos a nuestro hotel en Santiago de Chile y me registraron como ‘el señor Mastretta’. Fue un golpe al ego. Luego me dijo un amigo cuya mujer era una política muy exitosa: ‘Vente al Club Denis’. Pregunté cuál era y me contestó: ‘El Club Denis Thatcher; yo lo presido en México’. Pues sí, imagínate el éxito de la señora Thatcher frente a su marido Denis. Literariamente hablando, Ángeles Mastretta es mi Margaret Thatcher.”

Agrego de mi cosecha que la relación se sostiene porque ambos lo desean y mantienen el compromiso más allá de los documentos legales. De los 38 años que llevan juntos, sólo ocho son de matrimonio legal.

Me sorprendió escuchar esto, así que indagué por los motivos que los llevaron a contraer nupcias. “Nos casamos en Chetumal de un día para otro, ante la invitación de un amigo y la ‘solicitud’ de mi hija Catalina, quien preguntó durante un trayecto en carro, burlándose de nosotros, que cuándo sacaríamos a nuestros hijos de la condición de bastardía en que se les tenía.”

Mi hija Catalina, quien preguntó durante un trayecto en carro, burlándose de nosotros, que cuándo sacaríamos a nuestros hijos de la condición de bastardía en que se les tenía.

El amigo se asustó y no comprendió la broma de Catalina. Le preguntó a Héctor si estaba dispuesto a casarse y cuándo. Sin problema alguno, Héctor le dijo que lo haría el día que fuera, pero que él organizara todo. El amigo no tardó en resolver el asunto y en menos de tres días ya estaban los acuerdos vecinales para cerrar la calle en la antigua casa familiar, y todos los invitados gozando el festejo, que se prolongó hasta la madrugada. Firmaron el acta 300 testigos: todos los asistentes.

Con esas ricas experiencias de ambos, no pude dejar de preguntarle: “¿Qué crees que debe cambiar en el hombre hoy en día para que funcionen las relaciones de pareja?” De inmediato contesta: “La desigualdad psicológica y económica”. Continúa: “Los hombres llevamos las pulsiones de la superioridad y la dominación. El macho primario asoma a cada paso. Cada vez hay que ser más conscientes; lo que parece normal en la superficie, en lo profundo continúa siendo desigualdad entre los sexos”.

“Atrás sigue viviendo el macho dominante. La mexicana es una sociedad de padres ausentes, de machos irresponsables. Van dejando hijos por todos lados. Y el respeto cabal entre iguales no existe. Un síntoma: en la Ciudad de México, los hombres y las mujeres no pueden ir juntos en los vagones del metro porque no hay autocontrol masculino; hay abuso. En eso hay un camino, un muy largo camino por recorrer.”

Cuando la entrevista está por terminar, queda claro que, para Héctor, Ángeles es un espacio solidario y amoroso. Él concluye con la frase con la que decidí encabezar esta entrevista: “Admiro la alegría que le ha sumado a mi vida; vivir con Ángeles es lo mejor que me ha pasado en la vida y me pasa todos los días”.

Salí de ahí sintiendo la envidia de muchas mujeres que quisiéramos escuchar a nuestra pareja expresarse así de nosotras. Me sentí tan transportada por sus palabras que hasta olvidé el teléfono, lo que noté una cuadra después. La primera acción en el aeropuerto, antes de tomar el avión de regreso a casa, fue comprar el libro que Héctor escribió y que lo liberó: Adiós a los padres. Leerlo me llevó a sentir empatía hacia él y apreciarlo desde otra perspectiva.

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