Teoría y práctica de La Habana

LECTURAS | Teoría y práctica de La Habana, de Rubén Gallo

En La Habana el límite entre la realidad y la ficción es muy tenue: hay un momento en que toda conversación se despega de lo real para proyectarse en terrenos lúdicos, eróticos, imaginarios. En homenaje a ese mundo alucinante que es la realidad habanera, estas crónicas también siguen el mismo procedimiento.

Ciudad de México, 15 de julio (MaremotoM).- La Habana es un delirio en el torbellino de la Transición: es la única ciudad del mundo con bares gays administrados por el Estado y atendidos por funcionarios públicos, un lugar donde hasta hace poco había librerías clandestinas, una capital latinoamericana que reta a los lactófilos a pasar mil y una peripecias en su búsqueda de leche fresca, un espacio donde la santería marca la vida cotidiana, una metrópolis donde la gente viaja “en botella” convirtiendo así cada automóvil en un transporte colectivo y en una plataforma para encuentros inesperados. Todo esto y mucho más aparece en las páginas de Teoría y práctica de La Habana (Jus), que narra escenas delirantes de la vida cotidiana en la capital de Cuba a lo largo del año 2015. Todo se mezcla: lo culto y lo popular, lo local y lo extranjero.

Teoría y práctica de La Habana. Foto: JUS
Teoría y práctica de La Habana, de Ruben Gallo. Foto: JUS

Fragmento de Teoría y práctica de La Habana, de Rubén Gallo, con autorización de JUS.

ESE BAILABA REGGAETÓN

“¡Música maestro! —dijo Imperio con ese vozarrón que tiene— ¡Música maestro!” y allí mismo empezó el show, con ella montada en el escenario envuelta en metros de lentejuelas, los rizos rubios cayéndole hasta los hombros y el micrófono entre las uñas rojo carmesí, que parecían garras, y preguntó: “¿De qué países nos acompañan?” y como siempre los primeros en levantar la mano fueron los sapos mexicanos, que estaban en una mesa muy cerca del escenario e Imperio:

“Bienvenido, México” y luego bailando, o tratando de bailar porque con esos tacones del tamaño del Habana Libre casi no podía ni moverse, pero al menos levantaba un pie y parecía que zapateaba y así bailó un acorde del Jarabe Tapatío, pero luego hizo un gesto con la mano como cerrando una cortina y al instante paró la música y ella siguió: “¿De qué otros países nos acompañan?” y de una mesa al fondo alguien gritó: “¡España!” e Imperio: “Bienvenida, España”, y unos acordes de la canción de Mecano y unos pasitos con sus tacones kilométricos, y luego: “¿Otro país?” y unos yumas gritaron: “Canadá” y unos acordes de Celine Dion y otro zapateo y otra vez el gesto con la mano y otra vez paró la música, “¿Otro país?”, y de la barra alguien grita: “¡Las Tunas!”, y allí no hubo música, pero Imperio tomó el micrófono y dijo: “Eso no es un país, eso es otro planeta” y la gente se reía y: “¿Otro país?” y siguieron Venezuela y Puerto Rico (con Ricky Martin) y Francia  y por supuesto Cuba, que no podía faltar, y allí tocaron una de los Van Van que decía: “Y los yumas llegaron ya” e Imperio decía: “Tenían razón los Van Van, miren esto; ya llegaron desde hace rato, pero bueno, bienvenidos en nombre del Olimpo a su Cabaret Las Vegas. Hoy es una noche muy especial porque cumplimos años, cumplimos cuatro años y ha venido a celebrar con nosotros Mariela. Un aplauso para Mariela; gracias, Mariela, por acompañarnos, es un honor, un gran honor y tenemos con nosotros invitados muy especiales esta noche y para celebrar tendremos un programa especial con los bailarines del Olimpo, que han preparado un nuevo número, y por supuesto con la belleza y la presencia mía, que cada día me pongo mejor”.

Y luego subieron al escenario los bailarines del Olimpo con un número africano y luego Margot a cantar una de Rocío Dúrcal y otra vez los bailarines, pero ahora vestidos de polinesios y luego Imperio, que cantó una de Rocío Jurado, porque a ella le encantan todas las Rocíos y había tremendo ambiente y yo andaba con mi socio Maddiel y fuimos a dar una vuelta y junto al escenario estaba Massimo con su mesa llena de pepillos y el negro guardaespaldas les traía cervezas y luego se quedaba de pie y parecía un tanque de guerra que no dejaba pasar a nadie. Luego fuimos a la barra y en una de las mesitas estaba un extranjero con cara de árabe y como se veía que tenía dinero le dije a Maykel, que es mi hermano… bueno, es mi socio, pero es casi como si fuera mi hermano:

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“Atiéndeme, ¿y ése quién es?” y me dijo: “¿Qué volá, Leo?” y me contó que el árabe era un millonario que vivía en Francia, pero que era de otro país y que le decían “Agacán” y que llevaba días con Ernesto para arriba y para abajo, pero Ernesto ya no podía más y le había dicho a Maykel: “Estoy loco porque se vaya, llevo seis días sin parar, no me deja ni un rato y me babea, pero ya se va mañana y dijo que me dejaba toda la ropa y el dinero” y en eso llegó Francis, que parecía una jevita, con un vestido rojo que le llegaba hasta los tobillos y yo: “¿Qué volá Francis, dónde dejaste a tu marido?” y ella, con esos labios carnosos, se reía y decía: “¿Cuál marido? ¿El de ayer o el de hace dos días? Hoy ando sin marido porque una también tiene que tener su libertad” y en eso se apareció Eliezer, que le dio un besito a Francis y dijo: “El Mario, que es el perro más fiel —no hay otro perro tan fiel como él— me siguió hasta acá; iba bajando por La Rampa y le gritaba: “Mario, vírate, ¡Mario!, a la librería”, pero él me miraba con unos ojos tristes desde la otra acera y bajaba las orejas y seguía atrás de mí y una negra me dijo: “Cómo te quiere: cuando los perros quieren a la gente dan la vida por uno” y me siguió hasta acá y se quedó en la entrada y cuando vi al negro en la puerta, dije: Aquí se queda el perro negro con el negro”. Francis se reía y decía: “Ay, pipo; ay, pipo, estás achicharrado” y en eso entró por la puerta un rubio alto, como de dos metros y todos los yumas se viraron a mirarlo y yo dije: “A ése no lo he visto, ése debe ser extranjero” y Francis se quedó mirándolo y vino a saludar a Eliezer y dijo que se llamaba Nicolás y que era cubano, pero que desde niño vivía en España y Francis le decía: “Qué bello tú eres, yo necesito un marido así de bello como tú, un marido español que me lleve a vivir a España” y Nicolás se reía y decía: “Ya ves, ya ves” y Francis lo tomó del brazo y parecía una actriz de telenovela aferrada al brazo de su macho y en eso llegó Jesús a saludar y casi no lo reconocí porque venía vestido de blanco de la cabeza a los pies, y le dije: “Coño, Jesús, ¿te hiciste santo?” y él: “Sí, sí, me pasé tres meses trancao en la casa sin poder salir, hoy es el primer día que salgo: estaba desesperado, es el primer día que vengo a trabajar” y en eso entró por la puerta un rubiecito; se veía que era extranjero, pero hablaba español y oí que decía: “Van tres veces que me dicen Tadzio y yo no sé qué es eso” y Francis alcanzó a decir: “Qué nombre tan bonito… yo quiero un novio que se llame así, es un nombre elegante”, pero en eso vi que en una mesa, junto al baño, había un viejo solo; no tenía cara de yuma, pero se veía que era extranjero y que tenía dinero: se veía por la ropa y le pregunté a Francis: “¿Y ése quién es?” y me dijo: “Ay, pipo, ése es un abogado peruano, dicen que da muy buenas propinas, me lo dijo Robert, que estuvo con él” y yo: “Pues si da buenas propinas voy a ver si mato; voy echando, besito, Francis”, y cuando pasé frente al escenario estaba Imperio, que se había cambiado de vestido y ahora estaba de amarillo y decía: 2Levanten la mano los activos… Dije ac-tivos, no pasivos; que levanten la mano los activos” y cuando llegué a la mesa del abogado peruano le dije: “¿Qué volá? Cómprame una Red Bull” y esa noche sí maté.

Rubén Gallo
Rubén Gallo

Rubén Gallo, periodista y escritor mexicano afincado en los Estados Unidos. “Para Rubén Gallo, un intelectual brillante, el acercamiento más natural es el de incorporar en sus ensayos dosis de crítica cultural, estudios audiovisuales, análisis literario y la certidumbre de que uno debe estar transformando el canon continuamente.” Carlos Monsiváis.

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