Leila Guerriero: “El libro en el fondo lo que cuenta es la historia de la voluntad”

LECTURAS | Opus Gelber, retrato de un pianista, de Leila Guerriero

Opus Gelber: Retrato de un pianista (Anagrama) es el nuevo libro de Leila Guerriero. Un trabajo que la consagra como una de nuestras mejores periodistas, un libro entrañable.

Ciudad de México, 30 de junio (MaremotoM).- “Toda su vida ha sido eso: desde la infancia, durante la adolescencia, en la soledad de un sótano de París, frente a Chanel, ante el mar Mediterráneo, primero con su madre, después con ella y con Scaramuzza, más tarde con Marguerite Long y, finalmente, solo: estudiar, estudiar, estudiar, hundir la música en el cuerpo hasta ser, todo él, el primero de Brahms, el cuarto de Beethoven, el tercero de Rachmáninov, insuflado de melodías brutales para terminar, una vez tras otra, bestialmente abandonado por ellas.

Un cuarto de hotel. Un hombre solo. Un piano.

Toda su vida ha sido eso”.

Esa es la esencia de Opus Gelber: Retrato de un pianista (Anagrama), un libro que ha consagrado a Leila Guerriero, como tiene otros tantos libros que la han consagrado (Los suicidas del fin del mundo, Frutos extraños), pero quizás en este, el arte de la entrevista, de ese llegar al fondo extraño de un ser que la fascina y le despierta curiosidad, alcanza su máxima expresión.

También conocemos más de ella, aunque esto no le gustaría que lo destacáramos, cómo que se parece a Marisa Berenson, que viaja mucho, que prefiere tomar el Metro, mostrando lo cerca que está Bruno Gelber de su casa.

Como Limónov, de Emmanuel Carrere, tiene esa pulsión de quien hace la entrevista, aunque todo el libro se priva de elaborar teorías y es un duelo exacerbado y silencioso entre dos seres maravillosos: el entrevistado y la entrevistadora.

Leila Guerriero
Leila Guerriero. Foto: Anagrama

Guerriero dice que Bruno Gelber es muy conocido en la Argentina. Entiendo que sí. Yo misma lo conozco, pero nunca hubiera leído un reportaje sobre él, a pesar de que es uno de los mejores pianistas del mundo, en una generación de connacionales que también ha dado a Martha Argerich y a Daniel Barenboim.

Pero es precisamente esa falta de interés con una casi obsesión de la autora lo que convierte Opus Gelber en un libro fascinante. “Es un tratado sobre la voluntad”, dice Leila, la voluntad de Bruno, un hombre con parálisis desde la infancia, que ha crecido entre príncipes y soledad, que viste su mundo farandulizado con una botella de fresita y programas de Mirtha Legrand y que pocas veces hace referencia a un accidente que casi lo deja sin tocar el piano. Como bien dice Leila: “Un cuarto de hotel. Un hombre solo. Un piano”.

Bruno Gelber, por Leila Guerriero
Bruno Gelber, por Leila Guerriero. Un libro entrañable. Foto: Anagrama

–Acercas este hombre de la cultura argentina a mucha gente, no sólo de Argentina

–Acá es súper conocido Bruno. Tiene relación con una cierta farándula del espectáculo, ha ido a los almuerzos de Mirtha Legrand y hay que decir que es un músico muy asequible, no es una especie de estrella de la música clásica, a pesar de que es un tipo muy genial. No es alejado, distante, como puede ser Martha Argerich, es una persona más cercana a la gente, que lo ve como a un sujeto más asequible, no tan en el podio de esta disciplina, que es como una cosa muy de nicho.

–¿Más asequible y fue por eso que te interesó o más asequible porque en el libro lo descubriste así?

–Sí, claro. Él es accesible, pero nunca había contado la cantidad de cosas que me había contado a mí. Nunca tuvo un retrato de esta clase, tan en primerísimo plano, supongo que porque a nadie se le ocurrió hacerlo. Había toda una cuestión con el tema de la accesibilidad acá, piensa que yo vivo en Villa Crespo y él vive en el Once, yo vivía a 20 cuadras de donde él vive. Si hubiera querido hacer un perfil de Martha Argerich me hubiera costado mucho más. Yo vivo en Buenos Aires, ella viaja por el mundo, es de por sí una mujer muy accesible, de pronto, el acceso, se daba por una cuestión de distancia física entre su casa y mi casa. Era insólitamente sencillo ir a ver a uno de los 100 mejores pianistas del siglo XX. Tan sencillo como que me tomara un Metro y recorriera cinco estaciones. Esa accesibilidad, esa cosa como a tierra, aterrizada, se daba un poco en la personalidad de Bruno. Es un tipo que puede estar hablando con la duquesa de Orleáns, pero por otro lado se compra la pasta frola en la panadería de enfrente y que le gusta tanto como el foie gras que se puede comprar en París. Toma fresita, que es como tomar sidra rama quebrada o no sé cómo se llama, ¿por qué? No tiene el prejuicio de la marca.

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–De todas maneras esta accesibilidad a qué te refieres, él va siendo más accesible conforme vas haciendo la entrevista

–Esta es la dificultad con los entrevistados que han dado muchas entrevistas, que tienen ya una suerte de discurso montado, pero como yo estoy habituada, de ir unas 20 veces a mi entrevistado, ya sé que esto es así, que es mi forma de trabajar, estos discursos montados no se sostienen en el tiempo. Aunque Bruno era muy reiterativo a veces y me contaba la misma cosa, pero estuve entrevistándolo desde marzo de 2017 a diciembre de 2017, encontrándome en su casa. Después, de enero a marzo, él se fue a Mar del Plata y seguimos en contacto telefónico y esas cosas terminaron en el libro hacia el final. Le hice muchas entrevistas, para mí es natural, esperable, no me sorprendió en absoluto, que conforme íbamos avanzando él estuviera más genuino en su discurso.

–Hablas de la relación que tiene con su hermana…

–Las relaciones familiares son complejas, lo cual no implica que sean conflictivas. Bruno con la hermana tiene una relación que no es conflictiva, pero es compleja. Bruno se preocupa realmente por el bienestar de la gente que quiere y su forma de preocuparse por los demás es llamarlo por teléfono, preguntarle cómo está y darle consejos. Estos consejos siempre son basados en su forma de ver el mundo y él siente que si no los siguen van a ser personas infelices. Quiere que la gente que lo rodee esté feliz, pero la gente debería hacer determinadas cosas y no otras. Es tozudo en eso. Con la hermana tiene la convicción de que debía dedicarse a la carrera pianística, como él, no dedicarse a sus hijos, ni a sus nietos, él ve en esa vida –aunque no la ve mal- todo lo contrario a lo que hizo él. Bruno se fue, vagabundeó por el mundo, brilló en todos los escenarios y la hermana tiene una vida en un suburbio muy lindo, más recogida, con sus hijos y él ve en esa vida una chatura. Por otra parte, también reclama de la hermana un trato menos reverencial. Aunque si la hermana hiciera lo que él quiere, que es esta cosa de llegar sin avisar, en cualquier momento, Bruno se desmaya, se muere. Quiere algo que no lo haría muy feliz, se sentiría invadido.

Leila Guerriero
A Bruno Gelber ella lo encuentra “tozudo y genial”. Foto: Especial

–Una de las partes más terribles y lindas del libro es cuando cuentas que tuvo un accidente feroz, que casi no puede tocar el piano, hasta que surge, en un concierto, a pesar de que hay críticos que lo critican…

–Hay gente a la que no le gusta el estilo de Bruno, porque lo ven como un pianista demasiado expresivo, demasiado romántico. Pero sí, el accidente fue una cosa muy impresionante. Tardó muchísimo en narrarme eso, no es algo que él aborde desde el arranque. Por ejemplo, el tema de la polio no lo esquiva nunca, pero cuando habla del accidente, después que le había hecho varias entrevistas, pensaba que ya lo habíamos hablado y yo no tenía idea a qué se refería. No se publicó mucho eso. Después encontré una reseña del concierto de Mozart en el Colón, que dio seis meses después de haberse quebrado la mano y allí se mencionaba el accidente. Él es un hombre roto desde la infancia, en términos de una persona que tuvo esta enfermedad, la polio, que le ha dejado secuelas muy incómodas, terribles, después, sobre eso, a los 60 y algo de años, se quiebra la mano. Su instrumento. Esa recuperación que tuvo Bruno demuestra un poco la voluntad de él. El libro en el fondo lo que cuenta es la historia de la voluntad.

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