Lella Lombardi

Lella Lombardi, la piloto de Fórmula 1 más exitosa y una carrera ensombrecida por el prejuicio machista

Ciudad de México, 9 de febrero (MaremotoM).- En casi 71 años de Mundial de Fórmula 1, en más de 1050 Grands Prix válidos para el título, ninguna mujer logró sumar un punto para el torneo. Es un hecho.

En todo caso, Maria Grazia Lombardi (Frugarolo, 1941-Milan, 1992) logró media hazaña. Sumó medio punto. 0,5. Medio. 1/2. Puede parecer una insignificancia.

Para nada.

Era su segunda carrera en F-1.

En un mundo menos machista y prejuicioso, probablemente habría sumado más puntos. Y esa no es una presunción incomprobable, como se verá.

Cincuenta mil libras esterlinas costó su temporada de 1975. Eso fue lo que pagó el entusiasta conde Vittorio “Gughi” Zanon para que, con el auspicio de su marca de café (la misma que hoy auspicia a Williams), su compatriota fuera el segundo piloto de la escudería March.

“Lella” venía ascendiendo con fortuna desde fórmulas menores. Un año antes había conducido con cierta fortuna coches de la Fórmula 5.000 (de potencia similar a los F-1), tanto en Europa (acabó quinta en el torneo) como en Estados Unidos (allí conduciendo para el argentino Francisco Mir y con James Hunt de compañero de equipo). Así se ganó la atención.

Lella Lombardi
“¿Feminista? No, para nada. Soy una mujer libre e independiente”, respondió. Foto: Cortesía

Pero no por ser mujer. Cuando consiguió un Brabham BT44 -alquilado a Bernie Ecclestone por 5.000 libras esterlinas- para disputar la Carrera de los Campeones de 1974, en Brands Hatch, la BBC mandó un equipo a entrevistarla. A Lombardi no le gustó nada: le pareció un prejuicio que la entrevistaran por se mujer. Ella era un piloto, el género le era irrelevante. “¿Feminista? No, para nada. Soy una mujer libre e independiente”, respondió.

Angela Webb, la mujer del administrador de Brands Hatch por esos años, John Webb, la recordó así en una nota de 2015: “Ella era un piloto, primero y principal. Muy profesional y era muy agradable trabajar con ella. Nunca un problema. Era encantadora pero testaruda e independiente, muy cuidadosa en el tráfico cotidiano: era difícil que superara los 50 km/h… No le interesaba la moda, y solía vestir pantalones. Tenía que mantener su imagen: ‘soy ruda, no me molesten’. Nunca trajo una novia”.

Su campaña 1975 arrancó en Sudáfrica, tras los Grands Prix de Argentina y Brasil, con un abandono por falta de presión de combustible, cuando había largado anteúltima (entre 27 pilotos) y circulaba en la misma posición. Eso ocurrió el 1° de marzo. Max Mosley, quien por entonces era el dueño de March, no ocultó su pensamiento: “No siento que una mujer no vaya nunca a ganar un Grand Prix, pero Lella no tiene lo que se necesita para hacerlo”.

Casi dos meses después, el 27 de abril, partió desde el 24° lugar el GP de España, en el circuito parque del Montjuich en Barcelona. Era su segunda participación en el Mundial de Fórmula 1.

Aquella fue una carrera completamente anormal: en un trazado inseguro, el campeón mundial Emerson Fittipaldi se negó a competir. La naturaleza del circuito cobraba víctimas vuelta tras vuelta. Las Ferrari de Niki Lauda y Clay Regazzoni, que partían en la primera fila, se chocaron entre sí y no completaron ni un giro. Así, Lombardi pasó 19a en la vuelta inicial, y sin tocar un solo guard-rail siguió subiendo: 16a en la vuelta 5, 13a en la 15, 12a en la 20, octava en la 25… y en la vuelta 26, el alerón desprendido del Lola de quien lideraba, el alemán Rolf Stommelen, disparó la tragedia.

Lella Lombardi
Ella era un piloto, primero y principal. Muy profesional y era muy agradable trabajar con ella. Foto: Cortesía

Envuelta en un caos, con ambulancias compartiendo la pista con los autos de F-1, el Grand Prix se suspendió en el giro 30 y la clasificación valedera fue la de la vuelta anterior. ¿Las posiciones? Jochen Mass (McLaren), Jacky Ickx (Lotus), Carlos Reutemann (Brabham) fueron al podio. Luego llegaron Jean-Pierre Jarier (Shadow), Vittorio Brambilla (March) y Lella Lombardi, en el sexto lugar.

Entonces, solo los seis primeros sumaban puntos para el Mundial, y la escala era 9-6-4-3-2-1 puntos. Pero como el GP se había estipulado a 70 vueltas y no se había recorrido el 66%, solo se repartió la mitad de puntaje.

Y por eso Lella Lombardi solo cosechó medio punto.

“Ser la primera mujer que suma puntos en el campeonato (de Fórmula 1) no es algo que me parezca importante. Soy tan competitiva como cualquier hombre. El automovilismo no es un asunto de hombres; es, simplemente, un deporte competitivo”, declaró al New York Times. “Me gustan las carreras, es lo único que quiero hacer en mi vida, y no me parece que haya una diferencia tan marcada entre hombres y mujeres”. Pero se equivocaba en ello.

En las callejuelas del Principado de Mónaco, solo 20 pilotos podían tomar parte del Grand Prix. Lella golpeó el coche en las pruebas y no consiguió un buen tiempo para formar parte de la grilla. Y ese golpe condicionó su carrera de una manera absurda.

En la siguiente carrera, en Zolder (Bélgica), Lombardi encontró que el comportamiento de su March 751-Cosworth no era el mismo: se iba mucho de trompa en las curvas y, de pronto, sacaba la cola casi fuera de control cuando lo aceleraba. Ella pensó que algo había quedado mal tras el accidente.

Mosley, quien luego sería titular de la FIA, y su socio Robin Herd pidieron a continuación a su primer piloto, Brambilla, que ensayara el auto y corroborara lo que su compañera decía.

Lella Lombardi
En las callejuelas del Principado de Mónaco, solo 20 pilotos podían tomar parte del Grand Prix. Foto: Cortesía

“El auto está perfecto”, sentenció el Gorila de Monza, que no se caracterizaba por la fineza de su conducción. El equipo eligió creerle aunque Herd se convenció más tarde de que Brambilla no había dado una vuelta a fondo y estaba protegiéndose de un compañero que a la vez era un competidor…

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A causa del prejuicio machista, no hubo cambios y Lombardi siguió conduciendo el mismo chasis 751-4. Otra vez la bomba de nafta, en Suecia; 14a en Holanda; 18a en Francia, el encendido en Inglaterra, dónde largó 22a.

“Todo el mundo habla de Montjuich, pero para mí su mejor actuación fue Nurburgring”, reflexionó Herd en aquella nota de la revista Motor Sport. “Esa es la carrera que yo recuerdo. Sin hacer ruido, pero impresionante, su performance fue mucho mejor que la de Montjuich”.

Aquella fue una competencia en la que el extremo calor ablandó el asfalto y provocó gran cantidad de pinchaduras. Lombardi no se salvó: había largado última, y se detuvo en el giro 5 (de 14) a cambiar cubiertas. En la vuelta siguiente ya estaba 13a, en el giro 10 cruzó la meta en el noveno puesto y en la última vuelta doblegó a Harald Ertl (Hesketh), clasificándose séptima. El primer puesto no puntable de la carrera. Había conducido el chasis 751-2. No el que había golpeado en Mónaco…

Fue 17a en Austria bajo un diluvio (su compañero Brambilla recibió la bandera a cuadros, levantó los brazos para celebrar el triunfo y perdió el control de su March naranja, que se estrelló contra un guard-rail) y en Italia volvió a sufrir con la gasolina… En Estados Unidos no alcanzó a largar.

El Conde Zanon tenía otro protegido, el sueco Ronnie Peterson, que la había pasado mal en Lotus durante toda la temporada. Así que Zanon le dio su patrocinio para que pudiera correr con March… y la carrera de Lombardi en Fórmula 1 se diluyó.

“La experiencia intentada este año en Fórmula 1 por la excelente conductora italiana Lella Lombardi no ha sido demasiado convincente. La joven mujer ha demostrado un impecable estilo de conducción, que algunos elementos masculinos podrían envidiar, y asimismo gran coraje, en particular en Austria. Sin embargo, fuera de un sexto puesto no significativo, conseguido en España, no ha llegado a imponerse”, escribió el periodista francés José Rosinski, uno de los más afamados de aquel momento, en su resumen de 1975. Un análisis agridulce.

Aquella sustitución pudo haber sido un trago amargo para la italiana, aunque acabó siendo clave para una reivindicación. Peterson chocó contra el Brabham de Reutemann en Bélgica, así que el equipo March le dio un chasis nuevo para la prueba siguiente, en Mónaco. “Este está perfecto”, fue la primera opinión del sueco, que no se caracterizaba por sus conocimientos técnicos. “Está neutral, no se va para nada de trompa”.

De regreso a Bicester, Herd quiso sacarse la intriga con el auto golpeado:  “Desarmamos el chasis y descubrimos una rotura en la parte trasera, fundida en magnesio. Pobre Lella, tuvo mala tracción todo el año”.

Las quejas de la italiana eran justificadas: ese chasis flexionaba, y la piloto no podía rendir todo lo que era capaz, como comprobó Peterson. El ingeniero inglés señaló en 2015 que hasta la actualidad se siente responsable de no haberla tomado más en serio:  “nadie la escuchó cuando pedía cambios en el auto”.

“Nunca me gustó el otro auto, siempre dije que había algo que funcionaba mal”, dijo Peterson cuando se enteró. Con su nuevo chasis, ganó el GP de Italia de 1976.

En cambio, para Lombardi, reivindicación o no mediante, ya era tarde. Con 35 años, sin patrocinante, la Fórmula 1 le había cerrado la puerta. Quedará para siempre la incógnita: ¿podría haber sumado más puntos si el equipo March la hubiera tomado más en serio?

Su talento quedó probado con las tres victorias que logró en el Campeonato Mundial de coches Sport (ahora WEC), en las 6 Horas de Enna-Pergusa en 1979, las 6 Horas de Vallelunga, el mismo año, y las 6 Horas de Mugello de 1981.

Lella Lombardi
-¿Cómo se las va a arreglar con un coche tan pesado?
-No lo voy a llevar en hombros, solo voy a conducirlo…Foto: Cortesía

En 1977 la invitaron a correr una prueba de NASCAR en Daytona, la Firecracker 400. A una pregunta cargada de intención respondió con humor:

-¿Cómo se las va a arreglar con un coche tan pesado?

-No lo voy a llevar en hombros, solo voy a conducirlo…

“Las carreras eran su pasión”, la describía Webb. “No le interesaba la música, la lectura la cultura o ninguna otra cosa. Solo las carreras… ¡y la pesca!”.

Pocos saben que tuvo una compañera de muchos años, Fiorenza, que no la acompañó a los Grands Prix. “Su elección sexual, su sexualidad, no eran motivo de conversación en el paddock. Ella fue juzgada puramente como piloto de carreras. Y sabía defenderse en la pista”, cierra Webb.

En un perfil publicado en la revista Road&Track de julio de 1975, escrita por el periodista Peter Windsor, Lombardi explicó que en un momento de su vida un hombre joven quiso casarse con ella, pero que lo rechazó porque entendió que tenía que elegir entre las carreras y el matrimonio… lo que supone una manera inteligente de ocultar o disimular una cuestión candente casi medio siglo atrás.

En 1985, mientras tomaba parte de una excursión de pesca, sufrió un feo golpe en un pecho. Ello derivó en la enfermedad que la hizo sucumbir. Para entonces, tenía un equipo de competición, Lella Lombardi Autosport. Se sometió a varias operaciones, se internó en una clínica de Milan en febrero de 1992, y tras un año de lucha incesante pero infructuosa, murió pocos días antes de cumplir 51 años. Joven y apasionada: les hizo prometer a sus socios que no cerrarían el equipo…

Y su deseo se cumplió.

Fuente: Pablo Vignone / Original aquí.

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