Las cacas de otros perros

Levantando la caca de otros perros y cómo ser una héroe sin capa

Ciudad de México, 19 de julio (MaremotoM).- El otro día en una cena con amigos, al calor del pinot noir comenzó la inefable charla de política, esa que se vuelve tan molesta como un forúnculo enterrado en salva sea la parte.

Eran tres contra una, tan injusto y peligroso como la animalista entre toreros, el homosexual entre homofóbicos, la chaira entre fifíes…

Traté de llamar a la cordura, al diálogo. Intenté desviar la conversación al hilo de Justin Beeber y Selena Gómez, al clima, a los perros de la calle. Nada funcionó, entonces el espíritu de la uva fermentada entró en mí y todo estuvo a punto de valer padres (así dice una amiga feminista).

Afortunadamente mi pequeño dictador emocional entró al quite, desenchufándome el cerebro y volviéndome autista para salvarme la vida evitando la confrontación o de menos ahorrándome una colitis.

A la mañana siguiente, ya con el reconfortante burbujeo del bicarbonato mitigando mi fuego interno, recopilé la información hasta entonces desbalagada. Dentro de lo poco relevante de mis intervenciones, recordé reclamar que queremos un cambio pero nos rehusamos a cambiar; seguimos cometiendo los mismos atropellos, las mismas rutinas y una y otra vez las mismas pendejadas esperando resultados distintos. Creyéndonos héroes sin capa porque: yo no robo, pago impuestos, trato bien a mi sirvienta…

Entonces la maldita culpa que viene enganchada a los excesos me asaltó y me dejó desvalijada. Yo me creo héroe sin capa.

Tenía que hacer algo diferente, pero qué, había de ser algo de cambio social, algo que transformara mi comunidad, algo monumental.

Entonces recordé los enormes mojones de perro gigante que tanto me encabronan cuando saco a pasear a mi perra. Parece que me buscan, que tienen un rastreador satelital el cual encuentra mi ubicación exacta sin margen de error. Traigo imán para la mierda de perro.

Y a mayor mi distracción más grande es la caca. Cuando voy en el nirvana escuchando uno de mis audiolibros del zen, flotando como alma libre, mi zapato se hunde en la masa pestilente y agarrosa de un San Bernardo. Con una ch$&!%#* Eso saca de su centro a cualquiera.

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Fue ahí cuando se me ocurrió ser la rescatista de las cacas sin dueño. Era una proeza. Quien me conozca sabe que tengo olfato de perro aduanero y que el más mínimo hedor maloliente me provoca un sufrimiento terrible.

Lo postergué semanas hasta que hoy me armé de valor. Salí con un paquete nuevo de bolsas (biodegradables) y con mi perra en la diestra y la herramienta de recolección en la izquierda, comencé a levantar cacas.

Con un sentido del humor más negro que el mío, cuadra tras cuadra el universo sembraba un mojón tras otro, cada vez más grandes, más apestosos.

Entonces desde metros atrás lo vi. Era mi Everest. Un mojón de proporciones bíblicas; palpitante, vivo, con trozos de cosas vivientes en su interior y que aún humeaba…

¡Ni padres! -pensé. Que lo levante el gobierno. Y entonces llegó la epifanía, esa caca épica no era de mi perra, no era del gobierno, era mía, yo la había visto y ya nomás con eso, eso le puse mi nombre, era mi responsabilidad, ya no podía acobardarme.

Con mi perra mirándome retadora, como diciendo: a qué no la levantas… enfundé mi mano con una bolsa verde y como en una operación de extracción de minas, tomé delicadamente el explosivo aquel. Al sentirlo aún tibio, vaporoso, comenzaron los espasmos y las arcadas. Juro que una parte de mi murió en ese momento. Cerré el envoltorio radioactivo, corrí hacia un bote y lancé la granada de caca al interior.

¡Loca -pensé-, que mierda haces levantando mierda!

Entonces pasó una mujer entaconada, muy guapa y arreglada, venía toda maquillada y oliendo bonito. Seguro iba al trabajo. Venía muerta de risa hablando con alguien por los audífonos. Entonces su lustroso calzado pisó la huella del despojo del que supongo fue un gigante de los Pirineos, o un oso, a saber.

Imaginé el lado B de la historia. Luego sonreí, tal vez luego haga algo más relevante, más social y profundo… Hoy, por lo pronto, nadie que pase por mi camino esta mañana, va a pisar mierda.

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