Edith Eger

LIBROS DE LUNES | En Auschwitz no había Prozac, de Edith Eger

Este es un libro que nos recuerda que nuestro tiempo y energía son limitados. Debemos buscar el equilibrio entre trabajar, amar, jugar, perdonar y sanar. Alimenta tu autoestima y acepta los cumplidos. Deja de juzgarte, deja de exigirte. Elimina esa línea que divide a tu yo ideal del real. En fin, no hay desperdicio en sus páginas, es una lectura sencilla que deja mucha tarea introspectiva y un mensaje claro: No se puede borrar el sufrimiento, pero se puede aprender a amar la herida. La vida, con todo y su dolor, es un regalo.

Ciudad de México, 3 de enero (MaremotoM).- Sin duda ha sido complicado atravesar los últimos meses de una pandemia global que además tiene nuevas variantes cada cierto tiempo. Hemos sido testigos de como la depresión y ansiedad han causado estragos en la estabilidad emocional de algunos de nuestros familiares y amigos cercanos, ya sea por la situación económica o laboral, la pérdida de seres queridos, la poca interacción social o el encierro al que hemos sido sometidos para cumplir con los protocolos de seguridad. Para algunos de nosotros los libros han representado una especie de salvavidas. Sumergirnos en la lectura y ponernos en los zapatos de los personajes nos ayudan a entender la existencia desde otro ángulo e incluso nos dejan lecciones para llevar una vida mucho más plena. Eso es lo que logra Edith Eger con su libro, En Auschwitz no había Prozac (Editorial Planeta). Ella se plantea la siguiente pregunta: ¿Soy una prisionera y una víctima o una sobreviviente? Cuando cualquier persona minimiza o niega su dolor o cuando se aferra al arrepentimiento o a cambiar situaciones que están fuera de sus manos, es una prisionera. Cuando logra transformar los recuerdos traumáticos y aprende a coexistir con ellos es que aparece la esperanza de que cada día puede ser mejor al anterior.

EDITH EGER
Editado por Planeta. Foto: Cortesía

En este libro escrito por Edith Eger, autora también de La bailarina de Auschwitz (Editorial Planeta), entendemos que depende de nosotros liberarnos de la reclusión autoimpuesta a causa del miedo, las inseguridades, el pasado y el futuro. Podemos concentrar nuestra atención en lo que hemos perdido o en lo que aún tenemos.

Te puede interesar:  El crimen como un cálculo del destino en La ira de Dios

Este es un libro lleno de historias de personas acosadas por los fantasmas de algún evento estresante que los marcó y de cómo a través de la terapia lograron darle la vuelta para enfrentar la verdad y avanzar. Hay heridas que no se curan con el tiempo, necesitan ser tratadas por especialistas en salud mental y emocional, pedir ayuda es signo de fortaleza. La culpa, la vergüenza, la negatividad pueden volvernos víctimas, pero no sobrevivientes. La diferencia entre uno y otro radica justo en recordar que siempre podemos escoger el sentido de nuestros pensamientos. Qué importante es definirnos imperfectos y aceptarnos, entender que hay alegría plena en alimentar nuestros talentos para alcanzar el éxito y en cumplir sólo nuestras expectativas y no la de otras personas.

Eger también pone sobre la mesa la discusión sobre cómo educamos a nuestros hijos, la cultura del éxito a la que los sometemos, el intercambio malsano de amor a cambio de buenas notas y obediencia y las cosas que les ocultamos para evitarles el sufrimiento. Negando el pasado, el dolor o el trauma no se puede aspirar a la libertad.

A veces es necesario llorar, purificarnos, expresar el dolor. Derramar lágrimas no significa ser débiles, significa que estamos soltando para después fluir con la vida mucho más ligeros.

Este es un libro que nos recuerda que nuestro tiempo y energía son limitados. Debemos buscar el equilibrio entre trabajar, amar, jugar, perdonar y sanar. Alimenta tu autoestima y acepta los cumplidos. Deja de juzgarte, deja de exigirte. Elimina esa línea que divide a tu yo ideal del real. En fin, no hay desperdicio en sus páginas, es una lectura sencilla que deja mucha tarea introspectiva y un mensaje claro: No se puede borrar el sufrimiento, pero se puede aprender a amar la herida. La vida, con todo y su dolor, es un regalo.

El libro lo pueden encontrar en todas las librerías del país, en físico, en digital y en audiolibro.

Comments are closed.