Leer

Lo que leeré (ojalá) la segunda mitad del año. Uno pone, los libreros disponen

Esta lista me da esperanzas de, ay, sobrevivir a otro año de esta época extraña que nos ha tocado vivir. ¿Encontraremos en los libros el código para hackear la vida? Al menos nos sentiremos bien acompañados. Siquiera por eso hay que leer.

Ciudad de México, 16 de enero (MaremotoM).- Tengo que comenzar este texto con una confesión: ya me estoy haciendo bolas con mi plan de lecturas del año. Estoy leyendo Crossroads (Encrucijadas), la novela con la que planeaba iniciar el año. Ordené mi pila del buró en orden para que no saliera yo con mi moco de pavo. Ahora sí voy a ser ordenada, me decía mientras, en piyama, colocaba libro tras libro. Y que de repente se me cae El chivo expiatorio de Hitler, de Stephen Koch, y lo tomé como una señal. Ah, chirrión, este libro quiere que lo lea ya.

Y eso hice. Así que ahora estoy leyendo un libro que se suponía tenía que leer en un par de meses. No puedo dejar el libro de Koch, es emocionante como se supone que no deben ser los libros de historia. Es anecdótico, chismoso y con un gran ritmo: definitivamente mi tipo de libro de historia. Es posible que me pase igual con otros títulos, disculparán lo tirada que está la casa.

Como soy mujer de palabra, les presento sin mayor fanfarria lo que pienso leer la segunda parte del año.

Julio. La Ciudad de México: una historia, Serge Gruzinski. Muy recomendado por amigos fanáticos de esta ciudad en la que vivimos los chilangos. Es Gruzinski una especia de memoria histórica que parte de lo que le es más querido al autor: caminar la ciudad. Nuestra ciudad huele a sudor, caño, cebolla y un dejo del perfume que usamos los trabajadores que entusiastamente abarrotamos el metro cada mañana. Gruzinski toma en cuenta todo eso para narrar. Y se echa, desde luego, un clavado en los archivos históricos. Me dicen que es otro libro de historia que no se cae de las manos. Ya les contaré.

Agosto. Out of Africa, Isak Dinesen. A los veintitantos años, Karen Blixen, hija de la aristocracia danesa, se fue a vivir a África, donde compró un terreno enorme y junto a su esposo tuvo una plantación de café. En esa tierra extraña, tan diferente de su Dinamarca, Blixen adoptó el nombre de Isaak Dinesen y se convirtió en una de las autoras más respetadas del siglo pasado. Out of Africa va de sus memorias de vivir en, predeciblemente, África. Es un recuento lleno de calidez y amor por esa aventura.

Septiembre. El buen soldado, Ford Madox Ford. Siempre he querido leer a Ford porque tiene un nombre muy sonoro y siempre se me ha quedado en la memoria y porque se conoce que, con Dos Passos y E.M. Forster, fue uno de los grandes escritores en lengua inglesa a principios del siglo XX. En La paga del soldado Ford narra, en primera persona, lo gris que fue el periodo entreguerras en Inglaterra. Esta es recomendación de mi mamá, quien me dijo que era infaltable para cualquier fan de Downton Abbey, no porque esté protagonizada por aristócratas sino porque precisamente recrea la época en la que el declive de la aristocracia comenzó.

Te puede interesar:  El consulado de México en Barcelona, un premio a las corruptelas

Octubre. Cuentos claros, Antonio Di Benedetto. Leí Zama hace un par años: vaya cosa extraña. Pero acabó emocionándome lo suficiente para que buscara algo más de Di Benedetto y me encontré en la librería queretana El faro de Alejandría este delgado volumen de cuentos.

Jordi Soler
Jordi Soler

Noviembre. Diles que son cadáveres, Jordi Soler. Me encanta Soler y he leído todo lo que ha publicado, sobre todo sus novelas sobre La Portuguesa, la plantación en la que creció en su Veracruz natal, un pedazo de Cataluña en medio de la selva. Para mí Jordi es el recuerdo de Radioactivo 98.5 y mi adolescencia pegada al radio. Pero la trayectoria de Soler demuestra que la vida tiene segundos actos y a veces son más gloriosos que los inicios. Diles que son cadáveres es una road movie en papel, una odisea de tres personajes obsesionados con Antonin Artaud.

Diciembre. Beggars of Life, Jim Tully. De niña tenía esta fantasía, supongo que compartida por muchos niños vagos, de convertirme en vagabunda. En las mañana camino a la escuela veía a personas durmiendo en los camellones y yo no podía imaginar mayor felicidad. Por supuesto que no sé nada de la vida en las calles y por eso compré este libro escrito por uno de los autores adorado por los lectores que se la dan de malditos. ¿Será un pedazo de sabiduría o simplemente una manera del porno para quien no conoce la desgracia? Creo que lo comenzaré a leer ya.

Quiero agregar poesía para que vean que no soy una analfabeta funcional. Como soy fan de Roberto Bolaño, me pienso leer en algún momento del año la Transa poética de Efraín Huerta, tan querido por el autor de Los detectives salvajes. Pienso que a mi edad ya debería de haberle perdido el miedo a la poesía y me informan mis fuentes que Huerta es tan divertido que me enamoraré como una chamaca. Me suena bien para terminar el 2022, en especial porque me asomo a los cuarenta años y sentirme adolescente de nuevo me parece muy atractivo.

Esta lista me da esperanzas de, ay, sobrevivir a otro año de esta época extraña que nos ha tocado vivir. ¿Encontraremos en los libros el código para hackear la vida? Al menos nos sentiremos bien acompañados. Siquiera por eso hay que leer.

Fuente: La libreta de Irma / Original aquí.

Comments are closed.