Renato Cisneros

Lo vulnerable y lo frágil de los hombres, aflora mucho más durante la paternidad: Renato Cisneros

Renato nació en Lima, en 1976, vive en Madrid y desde allí ve a su Perú natal con cierta nostalgia y un machismo a ultranza del que trata de curarse a través de sus libros y de su experiencia como padre.

Ciudad de México, 14 de enero (MaremotoM).- ¿Puede un padre hablar de la paternidad? ¿Puede al mismo tiempo quererlo y por otro lado estar confundido y vislumbrar panoramas sombríos? En Algún día te mostraré el desierto (Alfaguara), el escritor peruano Renato Cisneros revela lo que él llama Diario de paternidad, una confesión donde la alegría sincera por tener pronto una niña, se mezcla con la percepción de un mundo esperpéntico y laberíntico.

¿Cómo resuelve el autor el misterio? Contando sus vulnerabilidades en un libro raro, aunque también cierra una trilogía que empezó con La distancia que nos separa y Dejarás la tierra, textos autobiográficos que lo definen a pesar de su juventud.

Renato nació en Lima, en 1976, vive en Madrid y desde allí ve a su Perú natal con cierta nostalgia y un machismo a ultranza del que trata de curarse a través de sus libros y de su experiencia como padre.

Dice que lo mejor que le pudo pasar es tener una niña, precisamente para aprender hasta qué punto duelen los designios del patriarcado.

Algún día te mostraré el desierto
Algún día te mostraré el desierto. Foto: Cortesía

–No es muy común que los padres hablen de la paternidad…

–El libro es cierto no es común. Se me ocurrió mientras escribía otra novela, pero en el inicio ese haber visitado un campo de concentración y enseguida la noticia tan vital de que voy a tener un hijo, gestó en mí la sensación de que partir de ese punto podía desencadenarse eso, un diario de paternidad. Primero con la simpleza de que simplemente pretende llevar un registro de las emociones durante el embarazo, luego se convirtió en otra cosa, un texto donde yo discutía conmigo mismo y con los lectores, nuestras ideas de masculinidad. En alguna forma buscaba yo resarcirme de ciertos machismos de la infancia, el hecho de ser padre de una niña es una oportunidad extraordinaria para poder empatizar desde el minuto uno con la psicología femenina. Todo eso claro fueron ideas posteriores, el libro adquiere una tonalidad sombría y un poco nació de la propia experiencia que estaba viviendo. Luego en esta época en que se viene discutiendo la masculinidad desde el punto de vista feminista y que el discurso esté centrado en lo que los hombres venimos haciendo mal desde hace siglos, me pareció que era importante añadirle a la discusión, una perspectiva original, que es la siguiente: así como tenemos que dejar de hacer las cosas que siempre hemos hecho mal, tenemos que empezar a hacer las cosas que nunca hemos, entre ellas hablar de nuestra fragilidad, evitar este divorcio retórico con la palabra miedo, un hombre que siente miedo en Latinoamérica es caracterizado como un alfeñique. Me parece que hay momentos como la reproducción en que los miedos no solamente son bienvenidos sino que deberían conversarse mucho más. Lo vulnerable, lo frágil, lo timorato que puede haber en los hombres, aflora mucho más durante la paternidad.

Renato Cisneros
El tema de los feminicidios, sin duda alguna, ahí el miedo del hombre es un actor central, es el miedo a perder algo que cree que posee. Foto: Facebook

–Es interesante lo que dices acerca del miedo, porque ahora en Latinoamérica, está resurgiendo el miedo constante. Los feminicidios están a la orden del día y revelan el gran miedo de los hombres

–El tema de los feminicidios, sin duda alguna, ahí el miedo del hombre es un actor central, es el miedo a perder algo que cree que posee. Por otro lado el miedo de la paternidad debería obligarnos a todos esa suerte de coacción con la que asumimos la existencia. La paternidad es algo por lo que todos tendríamos que pasar, convencidos quizás porque la masculinidad tiene que pasar por esa experiencia, pero a la luz de la realidad, a la luz de la violencia doméstica, de hijos golpeados, abusados o asesinados por sus padres, me parece que es más pertinente preguntarnos si deberíamos experimentar la paternidad o no.

–Hay una escena que rechazas tener un hijo y te conviertes en un monstruo ¿Dudaste en mostrarte tanto al principio, cuando estabas haciendo el libro?

–No estaba haciendo el libro, era un diario para mí, para no mostrarlo. Pero le comenté a mi agente y me pidió que le mostrase algunas cosas, ella fue la que me impulsó a que se convirtiera en libro. Luego no quería publicarlo porque caí en esa depresión de la que también hablo en el libro, ha sido difícil, nace de una experiencia tan luminosa como es la paternidad, al cabo de la cual aparece la alegría de ver a mi hija crecer.

–Si tienes una hija psicópata, lo resolviste hablando de las herencias, que no son sólo de los padres…

–Ese libro no lo hubiese escrito si no hubiese escrito antes una novela sobre mi padre. Trabajaba sobre todo sobre una ausencia, esa zona que existe en nuestros padres y que desconocemos. Nosotros sabemos de esa zona por lo que nuestros padres nos cuentan, pero es un discurso pasteurizado, editado y así como el pasado se nos escapa, el futuro de nuestros hijos también se nos escapa. Me impresionó mucho cuando fui a la casa de Ana Frank en Ámsterdam, cuando su padre, unos cuantos años después, recibe el diario de su hija y termina diciendo: “Un padre jamás conoce a su hijo”. Uno por supuesto que quiere heredarle cosas, pero los hijos no siempre heredan lo que uno quiere y a veces heredan lo que uno no quiere. Una de las cosas hermosas y vertiginosas de los seres humanos es que hay zonas a la que no podemos acceder con la racionalidad.

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–Pones énfasis en la relación con tu mujer…La maternidad siempre es una caricatura cuando hablan de la mujer embarazada, en tu libro no…

–Lo que me interesaba era también contar cómo la mujer muta de una manera emocional y física, el hombre va mutando de una manera psicológica, a veces porque no está dispuesto a comentar con nadie, porque no tiene a nadie, esas dudas que lo vienen obsesionando. Me interesaba contar ese momento que mi esposa vivía con plenitud, con momentos de incomodidad, pero estar permanentemente conectada con quien ella quería ser y cómo por el contrario yo sentía que se me estaba escapando algo que yo había construido. En muchas mujeres hay un deseo de maternidad tan auténtico que a veces queda como muy contrastado con los miedos de los hombres a creer que vamos a perder la vida que teníamos por ser padres.

Renato Cisneros
Se ha leído como una novela, como un libro de no ficción, como una carta de amor, como un diario o también como una suerte de texto fragmentario. Foto: Facebook

–¿Estás orgulloso de este libro?

–Es un libro extraño, aunque mis otras novelas habían tenido una impronta autoreferencial, yo siempre las he tratado como novelas. Las escribí con una mirada de narrador y este libro me cuesta catalogarlo. Se ha leído como una novela, como un libro de no ficción, como una carta de amor, como un diario o también como una suerte de texto fragmentario. De alguna manera marca el cierre de una trilogía involuntaria y creo que es un libro que corona una época y que ahora me deja listo para dedicarme a otro tipo de literatura.

LLAMARSE CISNEROS EN EL PERÚ

–Te llamas Cisneros, un apellido muy particular en la literatura peruana

–Sí, ha habido muchos Cisneros en la literatura y en el periodismo. De hecho mi segunda novela, Dejarás la tierra, la escribí un poco para explorar a esos personajes masculinos de los que siempre me habían hablado. Mi bisabuelo, que fue un poeta importante, mi abuelo que fue diplomático, mi primo, el poeta Antonio Cisneros, una novela que desmitifica esos nombres que públicamente fueron muy importantes, pero que en la esfera privada tomaron algunas decisiones difíciles. Me reconcilia esa novela con las figuras femeninas de mi familia, que siempre han pasado inadvertidas, nuestra galería de héroes es casi siempre masculina, pero si rasca en las biografías de esos próceres, es probable que las mujeres hayan sido las que ellos hayan podido cumplir con sus papeles públicos.

–¿Hay una nueva literatura peruana, más allá de Mario Vargas Llosa?

–Sin duda, Vargas Llosa es un referente ineludible. Es el último referente de una larga etapa de cierto tipo de escritor. Me siento honrado de pertenecer a una tradición fecunda y me refiero a los poetas. La peruana es una tradición literaria muy importante en Sudamérica y efectivamente hoy se vive como un segundo aire. Hay unas voces femeninas muy interesantes, con una potencia, con una singularidad muy llamativa. Ahora cabría preguntarse de qué se habla cuando se habla de literatura peruana. Está todo muy disperso y los escritores exiliados o los que nunca vivieron en el Perú, pero que llevan la nacionalidad. Lo que me interesa es confirmar un estilo, explorar nuevas formas de una ficción y por supuesto seguir el trabajo de mis amigos. Hay un escritor italiano, que se llamó Gesualdo Bufalino, que dice que el escritor contemporáneo no lee a sus amigos, los vigila. Deberíamos por otro lado desembarazarnos de la perspectiva europea de lo que debe ser un escritor latinoamericano. Existe esa vieja aspiración de encontrar en Latinoamérica los remedos o resonancias del boom. Creo que la violencia es el gran tema del continente, no el único, pero creo que para los escritores hay todavía una veta que seguir descubriendo.

Renato Cisneros
Sin duda, Vargas Llosa es un referente ineludible. Es el último referente de una larga etapa de cierto tipo de escritor. Foto: Facebook

–Es un continente también de desplazados, migrantes en el continente

–Eso por un lado es maravilloso, porque en el fondo nos recuerda que somos un conglomerado de territorios muy afines, a veces las fronteras son más políticas que culturales. Todavía existe un discurso supremacista en el que el foráneo es un sujeto peligroso.

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