Lorena Pronsky

Lorena Pronsky: “Al dolor hay que aceptarlo como parte inevitable de la vida”

Rota impone un nuevo lenguaje. Un discurso fiel y contundente que nombra de forma precisa y lacerante las vivencias por las que atravesados todos.

Ciudad de México, 21 de octubre (MaremotoM).- Lorena Pronsky nació en La Plata, Argentina, en 1976. Hace siete meses abrió su primer espacio de escritura denominado Curame, que sumó 90.000 seguidores en menos de cinco meses y ahora, mediante la editorial Hojas del Sur presenta Rota, se camina igual.

Es una escritura que tiene lectores que se palpan y se oyen, que van a buscar precisamente consuelo en una autora que no evade ni esconde el dolor.

Lorena Pronsky nos muestra cómo puede volverse a construir un nuevo mundo, aun con esas grietas que la vida nos impone. Este es un viaje de regreso hacia nosotros mismos, en donde nos cruzaremos con dos opciones: aferrarnos a un dolor que nos deja en pausa o asumir la realidad que nos toca vivir, entendiendo que rota puede caminarse igual.

Lorena Pronsky
Lorena Pronsky nos muestra cómo puede volverse a construir un nuevo mundo. Foto: Cortesía

–Tú dices que hay que vivir lo que haya que vivir, ¿verdad?

–La idea del libro o de los escritos o la fuerza que me fue llevando a escribir fue la aceptación del dolor como parte inevitable de la vida. Poder transitarlo, no rechazarlo, de la mejor manera que sea, con los recursos que uno tiene. Una vez que sale de la angustia, poder hacer el proceso de reciclamiento, hacer el dolor como un aprendizaje. ¿Qué es lo que pasa? La vida se nos impone de muchas maneras, por ejemplo la muerte de alguien querido y uno siempre tiene posibilidad de elegir si se va a quedar en ese dolor o si lo va a transitar. Hay que seguir caminando con esa herida puesta.

Lorena Pronsky
A mi padre lo lloro a cada rato, aceptar el dolor no tiene que ver con el olvido. Foto: Facebook

–Frente a la muerte, no hay que borrar el dolor

–Efectivamente. Cuando escribía el libro estaba yo atravesando un duelo, luego falleció mi padre, fue la primera muerte física a la que asistí en mi vida. Nunca quise entender la muerte, la muerte no se entiende, se me explotó el mundo, pero no quise entrar en una encrucijada que nos lleva a mayor sufrimiento. A mi padre lo lloro a cada rato, aceptar el dolor no tiene que ver con el olvido. La superación del duelo es poder hablar de la persona que ya no está desde un lugar diferente. El duelo deja cicatriz. No sangra, pero está la marca.

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–Alejandro Dolina decía que las heridas siempre están, son como una puñalada y uno se va acomodando para no sentirlas, pero ahí están…

–Van a estar en cada decisión que volvamos a tener. Infancia no es destino, el trauma no es destino, uno puede modificar muchas cosas. El puñal está, pero uno sigue.

–¿Qué piensas tú cuando uno se da cuenta de que se va a morir?

–Me pasó con lo de mi padre. Cuando vi que se murió me di cuenta de yo también me iba a morir. En mi situación entendí que iría a vivir hasta donde sea. Cuando vi a mi padre, que había fallecido, no vi su cara de sufrimiento. Es la ley de la vida, ya no lucho más con esa idea de la muerte. Me hice más libre frente a la certeza y ahora lucho por mis deseos, por mis afectos. La vida es un trauma, es un momento histórico. Así es.

Lorena Pronsky
Intento marcar la resiliencia. Foto: Cortesía

–En el foco del dolor uno aprende lo que no sabía que tenía…

–Intento marcar la resiliencia. Los recursos que cada uno tiene. En la separación, por ejemplo, encuentras un montón de recursos que no sabías que tenías. Aprendí a ir al banco, por ejemplo. Claro que sabía, sólo que había cedido ese rol.

–¿Tiene que ser en el foco del dolor, necesariamente?

–En la felicidad uno aprende un montón de cosas, pero los recursos de hacerle frente a las adversidades, los aprende en las adversidades. El dolor es un maestro en ese sentido, te confronta contigo misma, a replantearte el sentido de la vida.

–Hay un gran sentido común en tu libro…

–Sí, es tan simple como eso. Cuando la gente lee este libro encuentra también que no está tan solo como se pensaba. El libro también crea empatía y la posibilidad de pronunciar el dolor, le dio voz a quienes no sabían cómo decirlo.

–Tu libro puede modificar a alguien su vida y eso es también importante

–Abre la cabeza para poder elegir, a la posibilidad de que no estamos condicionados a lo que deseamos hace quince años. Es una locura que uno está cerrado por algo que decidió hace 10 años. Quién soy. Con quién quiero estar. El libro es un viaje emocional.

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