Los 13 poemas

Los 13 (sí, trece) libros de poesía que tendrás para el fin del mundo

Si los poetas escriben, el mundo no perecerá. El universo se iluminaría con algún verso desnudo y empezaremos de cero o de la palabra justa.

Ciudad de México, 30 de diciembre (MaremotoM).- Este ha sido también el año de la poesía, no sólo porque la enorme Pura López Colomé ha sacado un libro por el FCE, sino también porque han aparecido nuevas voces como la de Rocío Benítez, que se une por cierto a la experiencia y la creatividad de Carla Faesler y en un corpus que contempla sobre todo a las mujeres poetas.

Este fue el año en que partió Ángel Ortuño y todavía lo lloramos. Este es el año que vimos casi terminar el mundo y un libro de poesía nos salvó del abismo.

Si los poetas escriben, el mundo no perecerá. El universo se iluminaría con algún verso desnudo y empezaremos de cero o de la palabra justa.

Eduardo Milán
Si vas a La Bota, te llevas Salido, con la firma del poeta en la primera página. Foto: Cortesía

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Salido (Mantarraya Ediciones), de Eduardo Milán

“…cuando la naturaleza no alcanza / toda ala de verdad se juega a todo o nada / demasiada llama para tanto tenue”, dice un hombre del mundo: “tiempo del desecho que canta, vuelvo a decir / ¿a dónde vuelvo? / el desecho canta, ¿canta el desecho? / el Mediterráneo canta / si no canta qué son esos sirios, esos / africanos esos / esos Burkina Fasso / cigarrillos ondeando sobre una ola mínima / una especie de bebé que balsea sin cuna que no va / para Moisés / el mar, un magnífico vals / el océano, un horrendo Eduardo, ese significante Milán damilano…”

Antonio León
Consomé de piraña, editado por Carruaje de pájaros. Foto: Cortesía

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Consomé de piraña (Carruaje de pájaros), de Antonio León

Pero, a no dudarlo, Consomé de piraña es uno de los mejores libros que se han hecho en el 2021. Probablemente no esté en ninguna encuesta de fines de año y muchos se lo queden sin leer, pero su autor, Antonio León, podrá mirar esos campos desérticos del lugar donde nació y llamarse a resguardo. Por un tiempo, él podrá ser llamado el gran poeta que siempre fue y ahora ha hecho uno de esos libros mundiales (como El impala rojo) que lo pueden hacer descansar.

Pura López Colomé
Un libro tan loco como los anteriores, dice Pura. Foto: Cortesía

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Borrosa Imago Mundi  (FCE), por Pura López Colomé

“Este libro en particular es igual de loco a otros que he escrito. No me he transformado en Emily Dickinson y ahora soy la claridad total. Pero mantiene la oscilación, el camino pendular, entre el tempo lirico y el poema en prosa”, agrega.

Carla Faesler
Dron, de Ediciones ERA. Foto: Cortesía

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Dron (Impronta Casa Editora), de Carla Faesler

A lo largo de diez fragmentos, la voz poética utiliza la figura femenina de la madre en un procedimiento asociativo de imágenes, sensaciones y conceptos, como si la poesía tuviera más que ver con un proceso de pensamiento, que con la literatura misma. El poema representa, a través de una voz femenina llena de fuerza y vigor, la situación política actual que se vive en el país: un escenario de violencia cotidiana en el cual los ciudadanos se quedan inmóviles, incapaces de actuar para cambiar su realidad. La violencia explícita en esta figura de la madre es la de un estado represor, la del equipo antimotín.

Javier Moro Hernández
Editado por Periféricas. Foto: Cortesía

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Generación Perdida (Ediciones Periféricas), de Javier Moro Hernández

“Una de las intenciones era remover consciencias. Tenemos que dejar testimonio del horror que se está viviendo, que parece no tener fin. También me interesaba sobre la historia reciente de América Latina. Me interesaba hacer esos símiles de todo lo que sucedió en Sudamérica y de lo que está pasando en México”, dice el autor.

Jorge Humberto Chávez
Bar Papillón y el poema triste, de Mantis Editorial. Foto: Cortesía

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Bar Papillon y el poema triste / Bar Papillon y le poème triste (traducción de Françoise Roy), editado por Les Écrits des Forges (Trois-Rivières, Quebec) y Mantis Editores, de Jorge Humberto Chávez

Este libro también conmueve por la gran capacidad que tiene el poeta de aunar lo concreto en bruto y unas emociones imbuidas de ligerezas que a veces tienen su toque de locura. Este efecto se logra sin que el aspecto narrativo de los textos atenúe para nada la dimensión poética de la obra o su poder evocador: los poemas bailan con los cuerpos al ritmo de la música, la cerveza, el vino u otras bebidas espiritosas: “La vida es pensarnos presentes como dentro de un traje perfecto”.

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Karen Villeda
Editado por el FCE. Foto: Cortesía

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Anna y Hans (FCE), de Karen Villeda

El libro ganó el XV Premio Nacional de Novela y Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2020 y demuestra a esta creadora como una de las nuevas voces de la poesía mexicana que nos obliga a repensar nuestra propia historia y que ve el futuro como una derivación de esas actividades. No podemos hacer algo en el horizonte nuevo, si no revisamos nuestras raíces.

María Negroni
El asombro es lo que hace que la literatura no se vaya a morir. Foto: Cortesía

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Oratorio (Vaso Roto), de María Negroni

“El arte y la literatura y la poesía se hacen sobre el arte y sobre la literatura y sobre la escritura”, dijo. “Lo que nosotros hacemos hoy imprime una nueva capa sobre capas y capas de otros textos que nos preceden. Entonces, por supuesto que en Oratorio deben estar Borges y Pizarnik y todas las cosas que he vivido y he leído. Uno pone un granito de arena sobre una playa que está llena de granitos de arena, y los nuevos libros vienen a fundirse con la tradición que los precede”.

Myriam Moscona
“Yo quería hablar sobre la muerte”, dice Myriam. Foto: Cortesía

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La muerte de la lengua inglesa (Almadía), de Myriam Moscona

Algo pasa cuando uno lee “Dylan Thomas: Y sus mujeres” y piensa en esos poetas muertos demasiado jóvenes o suicidados o idos porque sí en este mundo donde ellos son muy frágiles. “Uno escribe poesía sin escribirla”, dijo en forma no textual Moscona y tal vez sea ese aire que detectó Walter Benjamin en su infancia o ese cerrar los ojos en momento en que vemos ese precipicio cada vez más cerca.

León Plascencia Ñol
Un libro editado por ERA. Foto: Cortesía

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Animales extranjeros (ERA), de León Plascencia

Es el libro con el que el poeta y escritor ganó el premio Jaime Sabines en 2019, lo ha corregido hasta el hartazgo y tiene poemas dedicados a Perú, a Japón y a escritores como Anne Carson, Haroldo de Campos, Mark Strand, la evocación de Jacobo Fijman, el aire a lo Peter Murphy.

Draupadí de Mora
Obeliscos, de Draupadi de Mora, editado por Dharma Books. Foto: Cortesía

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Obeliscos (Dharma Books), de Draupadí de Mora

“Obeliscos, de Draupadí de Mora, es la escritura con puño cerrado por la fuerza y la rabia. Postales memoriosas donde se traza la ida y regreso entre el adentro y el afuera: de la casa a la playa, al campo o el mundo en su totalidad conceptual. Su camino son los trazos y los sesgos de la emoción a través de la escritura. Obeliscos son las palabras y las voces del “nosotras” como conciencia colectiva crítica en el poema y que nos incita a la destrucción de aquello que nos paraliza e inmoviliza”, dice Minerva Reynosa en la contraportada.

Rocío Benítez
Editado por la UANL. Foto: Cortesía

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Donde una vez tus ojos ahora crecen orquídeas (UANL), de Rocío G. Benítez

“Lo que nos pasa es levantarnos y ver lo que pasa a raíz del feminicidio. Nos encontramos noticias todos los días y es muy alarmante. Empecé a tocar este tema por un trabajo periodístico. Es sobre un padre que comienza a buscar a su hija y cuando la encuentran le entregan dos pedazos de cráneo. Ahí empecé a escribir desde las interrogaciones, desde la duda, desde las preguntas”, afirma la poeta.

Punto de Partida
El libro en la FIL. Foto: Cortesía Facebook

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Inventario de las cosas perdidas (Punto de partida), de Yaroslabi Bañuelos

“Siempre he creído que desde que nacemos vamos perdiendo cosas. Nuestro cuerpo va cambiando, crecemos y seguimos transformándonos. Siempre estamos en una pérdida constante, no se detiene. Es un ciclo que no para. Perdemos amigos, amigas, familiares, mascotas, relaciones, etcétera. Hay un cambio permanente y las pérdidas son inevitables”, dice Yaroslabi Bañuelos, autora del poemario Inventario de las cosas perdidas.

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