CELMA

Los Correcaminos se refugian en el CELMA

Una crónica sobre el primer día de registro para vacunación a personas mayores de 60 años contra COVID-19 en San Pedro Cholula.

Ciudad de México, 30 de marzo (MaremotoM).- Son muchas las filas separadas por hilo de cáñamo blanco. Más de 12. Volteo a todas partes en la búsqueda de un rostro conocido pero no identifico a nadie: los cubrebocas me lo impiden. A pesar de ello, entre extraños nos sonreímos con los ojos, como ahora se suele decir. A mi derecha, veo a una chica de cabello rizado, con cubrebocas de animal print, fue el que más llamó mi atención.

Es el primer día de registro de vacunación contra COVID-19 en San Pedro Cholula, se lleva a cabo en el Centro Escolar Miguel Alemán (CELMA). Aquí estudié de 3º de Primaria hasta 3º de Preparatoria. La entrada es por la 5 sur, justo frente a la paletería Lucero. Todos los que estudiamos ahí conocemos que el sabor de sus nieves es insuperable. Sin embargo, la paletería está cerrada. Son casi las 9:30 de la noche y un par de policías desvían el tráfico. “Buenas noches, oficial, ¿por dónde entro para el registro?”, le pregunto y me responde “Siga por la banqueta hasta la entrada.” Antes de llegar al portón habrán de detenerme dos veces para revisar los documentos: “Identificación, CURP, Comprobante de domicilio. En caso de tener el registro por internet también necesitamos dos copias”.

Lo hice hace casi un mes y parece que no fue del todo útil. De enero a junio se realizaron cerca de 1634 millones de pagos con tarjetas en comercios tradicionales y en comercios electrónicos. Es decir, la comunicación a través de internet es eficiente. O no, si pensamos que esos pagos electrónicos representaron el 15.2% del total de pagos. Es mejor si te dan un papelito que diga cuál turno te toca, pienso. ¿Para qué habrá servido el registro en línea? Al inicio de dicho registro se cayó la página y las críticas al gobierno de Andrés Manuel López Obrador fueron severas. Y ni hablar del escarnio a través de los memes.

CELMA
Personas haciendo fila para el registro de vacunacion contra COVID-19 en el CELMA. Foto: Cortesía / Oscar Alarcón

Atravieso el patio principal donde se realizaban los honores a la bandera cada lunes. Ahora es un lugar irreconocible para mí: se ha instalado una enorme carpa que cubre casi la mitad del espacio. No recuerdo cuándo fue la última vez que estuve aquí. Pareciera que el tiempo se agolpó en el cemento por el que transito. Hace un año comenzó la pandemia y hace 24 que dejé de ser alumno del CELMA.

Mientras estoy formado recuerdo la crónica que escribió Sergio Mastretta hace casi 3 semanas: buscaba, sin éxito, ser vacunado. Conforme han pasado los días pareciera que la organización en los lugares de vacunación es más eficiente. Pero México es el país en donde puede pasar todo. Paso frente al mural que pintó Fernando Castellanos en 1956 y veo que le han puesto un acrónimo cubriéndolo casi a la mitad: CELMA, dicen las horribles letras azules como si de un lugar turístico se tratase. O como si no bastara la cantidad de escudos que se colocaron a lo largo y ancho de la escuela.

Este año mi padre cumple 78 años y me resulta urgente su registro, de la misma forma que a todos los que están formados y a los que continúan llegando. Se anunció que el registro podrá hacerse durante las 24 horas del día.

No traigo una pluma para anotar los dos números telefónicos que me están solicitando: “A la fotocopia de la CURP debe anotarle dos números de contacto”. El señor que se encuentra delante de mí me la presta y me dice: “Ahorita está leve. Vine en la mañana y la fila llegaba hasta el parque Soria y le daba dos vueltas”. Calculo la distancia en calles: 7, 8, quizá 9. Creo que fue una buena decisión venir por la noche. Le regreso la pluma y le sonrío con los ojos. Conforme avanzamos escucho a un par de mujeres hablar sobre la lectura que les dejaron en el grupo de la iglesia: Lázaro. “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.” También pienso en Joaquín Sabina y Fito Páez: “Lázaro, levántate y anda, ponte el apellido vuelve del olvido, engánchate a la oferta y la demanda.” ¿Nos levantaremos de esta pandemia?

¿Nos levantaremos de esta pandemia?

El 21 de diciembre de 1994, después de 70 años, el volcán Popocatépetl emitió ceniza y se comenzó a especular sobre su posible erupción y la evacuación de las poblaciones cercanas: Santiago Xalitzintla, San Pedro Yancuitlalpan y San Nicolás de los Ranchos. El gimnasio del CELMA se adaptó como albergue con colchonetas y cobijas. También era el lugar donde se realizaban las tardeadas en los años ’90. Qué lejos estábamos de 2020 y que cerca se encontraban nuestros cuerpos cuando podíamos bailar.

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Un señor golpea una valla, casi la tira al piso y por un momento se rompen las filas. Una voz se magnífica pidiendo que anoten los números telefónicos en la CURP para que sean notificados en cuanto se tenga el registro. La vacunación se llevará a cabo el 16 y 17 de marzo. Una chica nos anuncia a grito pelado que los comprobantes de domicilio son por duplicado por cada persona que se vaya a registrar. Cada persona tiene derecho de registrar hasta dos personas. “Sana distancia” nos piden en la entrada del gimnasio al tiempo que nos dan alcohol en gel para las manos y clickean un contador de acuerdo al número de personas que vamos a registrar. “Una persona”, respondo.

“Pase con mi compañero de playera roja que está levantando la mano”, camino hacia allá. Varias mesas se han dispuesto para que quien registra se entreviste con el que lleva los documentos. Parece que se va a servir un banquete porque hasta manteles blancos les han colocado a los tablones.

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Personas haciendo fila para el registro de vacunacion contra COVID-19 en el CELMA. Foto: Cortesía / Oscar Alarcón

“Identificación oficial en original, dos copias de CURP y comprobante de… Necesito su CURP actualizada, ésta es la viejita”, me dice el joven que me atiende y esta vez no le sonrío con la mirada. Me quedo sorprendido porque el dolor de espalda me está matando y ya me veo regresando a casa para imprimir una versión actualizada de un número que es legible en ese trozo de papel. “Así pasa”, le dice otro de los chicos que está registrando y que justo en ese momento atiende una llamada. “Muy bien: el lugar donde le toca la aplicación es… ¿sabe dónde es el CELMA?” Sonrío con los ojos, “es aquí”, le respondo. “Ah, es cierto. Bueno, pues aquí le tocó la aplicación”. Me doy cuenta de que la Brigada Correcaminos no es de Cholula. Si la intención es vacunar a los 130 millones de mexicanos se deben ocupar muchas manos no sólo para la aplicación sino para el registro. “¿Cuánto tiempo hizo fila?” Me percato que no sé cuánto tiempo llevo desde que ingresé hasta que comencé a zigzaguear pero mi espalda me da el tiempo: “Hora y media”. Me da la ficha en donde mi padre quedó registrado y siento ese alivio que he leído tantas veces en redes sociales. Aunque, a decir verdad, el peligro de morir aún es latente.

Salgo del gimnasio y pienso en el final de Rogue One, un spin off de Star Wars: Una mujer de blanco voltea al llamado de un soldado. Es la Princesa Leia, quien recibe una tarjeta que ha costado la vida de muchos soldados quienes la defendieron de Darth Vader:

–Alteza, ¿qué es lo que nos han enviado?

–Esperanza.

Fuente: Neotraba / Original aquí.

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