Rafael Chirbes

Los diarios de Rafael Chirbes, donde practica la escritura

Empieza estos diarios porque ha decidido ser escritor y sabe que cualquier novela requiere mucho trabajo previo. Practica en ellos la escritura y los usa como almacén de materiales para enriquecer lo que escribe, porque le angustia que se le escapen las situaciones, los momentos, la lengua, los puntos de vista de la gente y también sus propias experiencias, sentimientos y padecimientos.

Ciudad de México, 15 de enero (MaremotoM).- Rescatamos el texto que le dedicó Elena Cabezalí, miembro del patronato de la Fundación Rafael Chirbes, en la presentación de Los diarios de Rafael Chirbes en el Instituto Cervantes.

En 1981, Rafael Chirbes se instaló en Madrid tras su vuelta de Marruecos. En 1984, cuando Chirbes comienza a escribir sus diarios, están sucediendo cosas muy importantes, que sacuden su conciencia y su sensibilidad. La generación “revolucionaria” del 68, a la que Rafael pertenece, está sucumbiendo en la vorágine de la Transición. Hace tan solo siete años de la muerte de Franco y mucha gente cercana está situándose en el nuevo panorama político, social y económico del país.

Chirbes vive en Madrid el triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 y asiste a un espectáculo desolador, porque su generación, que había luchado contra el franquismo, por la democracia, el socialismo y el comunismo, se derrumba en la Transición de la peor manera. Muchos compañeros de generación de todas las procedencias pasan a ser destacados dirigentes políticos, altos ejecutivos, creadores de opinión a la carta desde los grandes medios, etcétera. A los ojos de Chirbes y de tantos otros, actúan como cómplices necesarios de la traición de la Transición, que perpetúa a los poderosos del franquismo, crea una nueva alianza en el poder y vuelve a dejar a los de abajo en la cuneta.

En ese ambiente termina Chirbes Mimoun y comienza a escribir estos diarios. Está empezando a madurar lo que será el ciclo de sus novelas generacionales (En la lucha final, La buena letra, Los disparos del cazador, La larga marcha, La caída de Madrid y Los viejos amigos), todas escritas en la España de Felipe, Aznar y Zapatero, antes de 2005, fecha en la que acaba este volumen de los diarios. Los siguientes volúmenes que están por publicar son los de la época en que se gestan Crematorio y En la orilla, novelas que transcurren ya en la nueva sociedad aparecida tras el infausto terremoto, en la sociedad del mercado global, de la depredación y la corrupción sin límites, de las nuevas mafias asociadas a la especulación financiera; en fin, de la modernidad neoliberal y la gran crisis.

Empieza estos diarios porque ha decidido ser escritor y sabe que cualquier novela requiere mucho trabajo previo. Practica en ellos la escritura y los usa como almacén de materiales para enriquecer lo que escribe, porque le angustia que se le escapen las situaciones, los momentos, la lengua, los puntos de vista de la gente y también sus propias experiencias, sentimientos y padecimientos. Él mismo nos dice que estos diarios le proporcionan ideas, citas de lecturas, diálogos, anécdotas, «rebanadas de vida», fogonazos, voces, relatos. Los materiales con los que elaborar sus novelas.

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Este trabajo de tomar apuntes y ensayar la escritura no es nuevo para él, porque Chirbes lo hizo siempre y siempre en secreto, al menos desde que yo le conocí, allá por el año 1967, y también años antes, según atestigua alguno de sus compañeros de internado. Él siempre escribía, aunque repetía como un mantra “No escribo, no hago nada”. La novedad está en que decidió conservarlo todo en cuadernos.

En 1988 se va a Valverde de Burguillos, un pueblo de Badajoz, se aísla y se impone la tarea de resistir con una voz propia dentro de su generación, la tarea de contar qué está pasando. Comienza a poner en pie una “enmienda a la totalidad” a su generación.  

En este primer volumen que ahora se publica, vemos al escritor trabajando en su trastienda desde los 34 a los 56 años, poniendo todas sus energías al servicio de un trabajo tan exigente que abarca la vida entera. Le vemos leyendo incansablemente y escribiendo sobre lo que lee y ha leído, escribiendo sobre el cine que ve y ha visto, escribiendo sus viajes, sus relaciones con amantes y amigos, escribiendo sobre política y escribiendo crítica sobre la escritura, escribiendo y escribiendo, en un esfuerzo que siempre le parece poco.

Rafael Chirbes

Imagen de los diarios de Rafael Chirbes, cedida por la Fundación Rafael Chirbes.

Estos diarios fueron para Chirbes una herramienta imprescindible de su resistencia, un escondite, un parapeto, una trinchera. Los escribe en un lugar apartado, donde lleva una vida sencilla rodeado de personas de a pie, de la gente que le importaba, y lejos de los lugares del poder y de las comidillas de los círculos intelectuales y literarios. Desde allí construye y mantiene a contracorriente un punto de vista, un lugar desde el que mirar, desde el que acceder al conocimiento, un lugar cercano a los de abajo desde el que ver por los ojos de los vencidos. En sus propias palabras:

Intento mirar desde donde mira la gente que no tiene el poder sino que lo sufre y retratar lo que se ve desde ahí, y también retratar a quienes sí que tienen poder y hacen sufrir a los demás. Desenmascarar su lenguaje falaz. Y contar eso exige un esfuerzo de creación literaria, porque lo que cuentas y cómo lo cuentas es lo mismo.

Ninguna otra obra de Chirbes lleva tanto trabajo acumulado como estos diarios, que se fueron escribiendo, pasando a limpio y corrigiendo (lo que para él significaba quitar y quitar) durante treinta años, hasta poco antes de su muerte, con plena conciencia de que formaban parte de su obra literaria. Estos diarios son un tesoro.

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