Jesús Ramírez Bermúdez

Los escenarios creativos emergen de la melancolía, afirma Jesús Ramírez Bermúdez

Se necesita valor para hablar de esa dimensión melancólica de nuestras vidas, cito a Emil Ciorán: Las fuentes del escritor son sus vergüenzas. Aquel que no las descubre en sí mismo o que las escamotea, está abocado al plagio o a la crítica. La literatura nos da esa oportunidad de mostrar esas verdades transformadas, porque la mentira nos separa. Separa a la pareja, comienza una muralla, esa pared de la que hablaba Pink Floyd. Refugiarse en la mentira tiene que buscar ciertos trucos, para validar su mentira, seguir mintiendo, justificarla o ciertas dosis de placer para olvidarla.

Ciudad de México, 4 de agosto (MaremotoM).- Ayer mantuvimos una charla con Jesús Ramírez Bermúdez, médico, ensayista y novelista, para la Casa Universitaria del Libro. Lo hicimos por zoom, para que la charla llegara a más gente y de hecho todavía puede verse.

No sé por qué razón yo estaba muy nerviosa, a pesar de haberlo entrevistado muchas veces. Pensaba que ¿por qué estaré tan nerviosa? ¿Este mostrarse a la gente produce un estado de melancolía? Una de las cosas que recuerdo es que cuando era joven como yo era poeta la gente me decía que iba a vivir en las calles, recitando mis poemas como loca. Y ahora que soy vieja, hace mucho que no escribo poemas. ¿Tendrá que ver la melancolía creativa con el miedo de vivir en las calles?

La melancolía creativa, editado por Debate, establece puentes entre la historia de la psiquiatría, la narrativa clínica y la neurociencia para investigar los mecanismos ocultos de la creatividad y sus vínculos con la melancolía. Somos el lienzo de la melancolía: en buena parte devenimos el resultado de nuestras nostalgias y anhelos, de la lucha entre lo que quisimos ser y la conciencia de lo que realmente somos. Y este no es un fenómeno únicamente individual. La melancolía atraviesa la historia de Occidente: es un símbolo de la desilusión y el sufrimiento; un signo crítico que indica el desenlace de los disturbios colectivos y las limitaciones de todo esfuerzo civilizatorio, pero también es un punto de partida de la travesía artística.

Jesús Ramírez Bermúdez
La melancolía creativa. Foto: Cortesía Facebook

Pensé por supuesto en Jacobo Fijman (Orhei, Besarabia, actual Moldavia, 25 de enero de 1898 – Buenos Aires, 1 de diciembre de 1970), un gran poeta argentino torturado por las recetas que entonces tenían para la salud mental y muerto en el Instituto Neuropsiquiátrico José T. Borda.

Pensé en uno de mis poetas favoritos Leopoldo María Panero (Madrid, 16 de junio de 1948 – Las Palmas de Gran Canaria, 5 de marzo de 2014)​, que vivió internado en un hospicio y que decía del loquero “es mi hogar, aquí me siento bien”.

“Me pusiste a pensar en esto. Creo que los mecanismos de redes sociales, de hacer pública nuestra conversación nos pone en un lugar, que en otro momento pudo ser privado, como es privada la lectura, la poesía, a través de la lectura de un libro, de pronto alcanza un estatus de publicidad. Justamente, vivimos una especie de paradoja. Por una parte somos amantes de la intimidad que puede ocurrir sobre un proceso creativo o durante la lectura que tenemos uno a uno con nuestro autor favorito. Tenemos un gran amor por esa dimensión íntima y privada y al mismo tiempo queremos ser escuchados. En ese movimiento nos exponemos, pero no es lo mismo cuando hacemos una opinión técnica sobre si hay que construir un puente en mi colonia o no, sino que estamos hablando de nuestros deseos, de nuestros sentimientos más privados, de esa mueblería como decía Huidobro que tiene nuestra conciencia y esos entornos de nuestra conciencia que son para nosotros muy familiares y donde habitan conversaciones con los autores, de pronto nos vemos en el sentimiento paradójico de hacerlo públicos. Nos confronta un poco porque nos pone como un espejo y de pronto nos da una especie de mecanismo de reflexividad. Eso es parte del proceso creativo, del proceso artístico, sí tienen que ver con lo que se mueve la melancolía. Decía un pensador que es esa soledad de fondo que tiene el autor, el poeta, el lector. Poner en el espejo esa soledad de fondo nos hace que contactemos con ello y a lo mejor también nos podemos ir por los caminos del gozo”, afirma Jesús Ramírez Bermúdez, autor del gran libro Depresión (Debate).

Jesús Ramírez Bermúdez
Editó Debate. Foto: Cortesía

–Tú dices que la melancolía creativa nos puede llevar a una autodestrucción o a la construcción de algo

–Una de las cosas que quería decir en este libro es que en efecto no hay una cadena de eventos que se gestan desde la dimensión mitológica de nuestras vidas y que aterrizan en las cosas que vivimos. El desastre ecológico, las migraciones masivas, la violencia criminal, todas las distorsiones de nuestras voluntades políticas, la guerra en Ucrania, la pandemia. Hay tantas fuerzas de malestar que hacen que cristalice lo que Freud llamaba “el malestar de la cultura”, que ya era un campo efervescente. Todo ello en la trayectoria personal que hace cada uno de nosotros, con nuestros problemas de salud, con nuestras historias de salud particulares y con nuestras historias de relaciones humanas, hacen que podamos desembocar en escenarios de autodestrucción o en escenarios creativos. Los escenarios creativos emergen de esos que en el libro lo llamé melancolía, a veces lo llamo depresión o a veces dolor social y dotan a la creación de ciertas cualidades, que otorgan ciertas resonancias que vayan más allá del entretenimiento. No me interesa marcar una dicotomía dura, entre arte y entretenimiento, pero creo que el arte que surge de la melancolía tiene cualidades que hacen que reclute a los otros, porque de alguna manera toca fibras de esos recorridos que son personales, pero cuando los miramos resulta que los demás han pasado por ahí. Historias de pobreza, de dolor físico, de discapacidad, de pérdidas, de alucinaciones. Yo quería poner todo eso en el libro y donde no quiero decir que la literatura o el arte son antídotos o productos milagro que resuelvan la melancolía, pero por lo menos son caminos para comprender mejor de qué está hecha la melancolía.

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La Depresión fue un gran libro tuyo, pero La melancolía creativa me parece que es un libro para llevarlo en el pesero, para leerlo minuto a minuto. Acá no tratas el tema del desdoblamiento, escribo cosas tan terribles que no escribo…

–Tienes toda la razón. En otro libro que se llamó el Breve diccionario clínico del alma, lo discutía, a propósito de nuestro querido filósofo francés Paul Ricoeur. Cuando él habla de la lectura como un proceso que llama de desrealización, no en el sentido clínico, sino como un proceso de transformación, una metamorfosis lúdica del ego. Donde nos permitimos transformarnos en otra cosa, en ese otro alter ego. Flaubert decía que Madame Bovary era él. Yo me refiero a Hector Abad Faciolince, que dice que la ficción es como una forma del pudor, porque el autor no confiesa que es un acto de infidelidad, lo transforma en un personaje, le da un colorido diferente, para narrarlo como una historia de ficción. En la ficción hay un desdoblamiento. La neurociencia contemporánea nos muestra muchas historias de transformación, incluso cuando no queremos hacer ficción, se transforman mucho los recuerdos al narrarlos. En el ejercicio literario uno juega con esa posibilidad. En ese tipo de tensión entre la verdad y la mentira surge la verdad metafórica, que es en mi opinión a la que puede acceder la literatura. Creo que la literatura que explora más la imaginación juega con esa tensión, entre la verdad y la mentira, para procrear formas de verdad metafórica, que van más allá de lo factual, de lo estrictamente literal, para entrar en terrenos donde se abren nuevos significados y se producen nuevos significados en el lector.

–¿El arte está en contra de la lectura?

–Esa es una de las múltiples tesis que se exploran en el libro. (lee un texto de la página 132)

–¿Qué lugar ocupa la moral en la melancolía creativa?

–Se necesita valor para hablar de esa dimensión melancólica de nuestras vidas, cito a Emil Ciorán: Las fuentes del escritor son sus vergüenzas. Aquel que no las descubre en sí mismo o que las escamotea, está abocado al plagio o a la crítica. La literatura nos da esa oportunidad de mostrar esas verdades transformadas, porque la mentira nos separa. Separa a la pareja, comienza una muralla, esa pared de la que hablaba Pink Floyd. Refugiarse en la mentira tiene que buscar ciertos trucos, para validar su mentira, seguir mintiendo, justificarla o ciertas dosis de placer para olvidarla.

–Ahí nace la psicopatía

–Sí, creo como una condición clínica en la que se abusa del otro. La mentira sería un punto fundador de la subjetividad y de la individualidad. La melancolía creativa puede ser una especie de antídoto para la separación que produce la mentira.

–¿Las personas nacen psicópatas, nacen con melancolía creativa?

–Tenemos cierta susceptibilidad a todo tipo de cosas, cierto tipo de sensibilidad, nos vamos transformando, nos vamos moldeando, uso la palabra plasticidad psicológica, para marcar la transformación de acuerdo a nuestra trayectoria de vida, nuestro itinerario biográfico.

Yo como persona estuve expuesto a un entorno literario ciento por ciento. Fue el mundo en el que yo crecí y eso podría explicar por qué siento ese amor y esa gratitud a la literatura, que me permite hacer estos procesos de búsqueda de sentido. Sin embargo, el entorno donde nací no explica por qué me volví un científico en el terreno de la medicina y de las neurociencias clínicas. En realidad, en mi familia no había nadie orientado a las ciencias y el librero de mi papá (José Agustín) estaba lleno, de libros de literatura, un poco de filosofía, psicoanálisis, pero no había ningún libro de biología. Yo creo que hay susceptibilidades, hay idiosincrasias y creo que nos vamos transformando. En esa transformación hay ciertas decisiones que vamos tomando para diferenciarnos. Como lo planteaba Carl Gustav Jung, que decía que el viaje de individuación era un viaje de diferenciación. En la trayectoria humana buscamos conectarnos con los demás, esa empatía, esa solidaridad, esa universalidad a veces, pero también buscamos la diferenciación, la individuación y me parece que en nuestra época vivimos un falso conflicto entre la colectividad y la individualidad. Yo creo que las dos cosas son tesoros y no tenemos que sacrificar ninguna de las dos. En Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski, se puede ver eso. Aliosha era un santo. En las familias se pueden dar todas las tendencias. Tendencias impulsivas, agresivas, criminales… A veces pueden ser formas de reacción a lo que estamos viendo en los demás, situaciones muy contextuales o muy relacionales. Por ejemplo, me tocó ser el hermano del medio, un sándwich. Mi hermano menor y mi hermano mayor tenían conflictos, yo gesté el personaje de mediador. Desde entonces he sido un mediador.

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