Los escritores quizás no tengamos el libre albedrío del que tanto se habla: Bernardo Esquinca

Ahora ha llegado con el libro de cuentos El libro de los dioses (Almadía), donde el autor juega con la locura, tanto de la narración como la de los lectores, en piezas uniformes y casi perfectas.

Ciudad de México, 23 de noviembre (MaremotoM).- El escritor Bernardo Esquinca viene escribiendo sobre el terror y la sugestión desde hace bastante tiempo. Dice que sus libros no son del todo horrorosos y que el género que ha elegido no le resta lectores, más bien es un creador abierto a toda una temática que hoy está de moda.

Ahora ha llegado con el libro de cuentos El libro de los dioses (Almadía), donde el autor juega con la locura, tanto de la narración como la de los lectores, en piezas uniformes y casi perfectas: El misterioso mensaje grabado en la piel de una ballena, en las tragedias predichas en los óleos de una excéntrica pintora, en la extraña e hipnótica música que emana de una silla para bebés o en el terrorismo ejercido por un grupo ecologista que rinde culto al dios Pan.

Creador de La Trilogía del Terror y de la Saga Casasola, Esquinca pone el sentido de su imaginación a “la permanencia de los dioses antiguos en la escéptica actualidad urbana”.

“Soy un escritor que me consagro al terror, a lo sobrenatural, no discrimino a nadie. No soy tan oscuro como para que la gente que no le guste el horror se aleje. Hay muchas preocupaciones en torno a los temas que voy narrando. Yo escribo para adultos, me he encontrado con muchos adolescentes que leen mi obra. Aunque uno tenga una vocación o una afinidad a los temas siniestros, la manera en que los plasmo no discrimina a nadie”, dice Bernardo.

“Me interesa escribir una prosa amable, fluida, no me gustan los experimentos de lenguaje ni de estructura. Me gusta pensar que el lector va en una canoa por un río, aunque los cocodrilos lo estén acompañando de una manera perturbadora”, agrega.

Bernardo Esquinca
El libro de los dioses, editado por Almadía. Foto: CortesíaEl 

Las cosas también tienen que ver con la pandemia, todos confinados, pareciendo que vivimos en una distopia. Somos otros lectores, ahora.

“A lo largo de la historia de la humanidad, en momentos de crisis, es curioso como la literatura de terror, la literatura fantástica o policial, la gente se refugia en ella. Hay un espejo de la situación. No necesitaríamos una novela que hable del covid, pero la literatura del terror ha reflexionado sobre esto”, explica Esquinca.

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“Sin duda vivimos un tiempo propicio, no sé si para la producción, pues creo que para reflexionar sobre esta crisis van a tener que pasar algunos años, pero para la lectura de este tipo de temas es más natural. Vivimos en una realidad muy parecida a una novela distópica apocalíptica”, agrega.

Bernardo Esquinca
¿Los escritores tienen el libre albedrío? Foto: FIL en Guadalajara

En el segundo cuento Bernardo habla de los escritores, cuando “plagian” y quizás lo hagan de forma sobrenatural. “Me gusta reflexionar en mis cuentos sobre mi profesión, que es muy extraña, vivimos todo el tiempo encerrados en nuestra mente. Tenemos nuestro ego y creemos que somos originales, pero la realidad no es tan así. Las entidades que están por encima de nosotros nos utilizan a los creadores para plasmar estos mensajes. Quizás no tenemos el libre albedrío del que tanto se habla, quizás seamos escribas de esos mensajes”, expresa.

“La relación con el cuento del Señor Ligotti, que es un escritor que se ha quedado sin inspiración, de dónde vienen las ideas, cuál es el papel del escritor o quizás alguien le esté diciendo que es lo que tienen que hacer, que me parece una idea perturbadora”, agrega.

“En el Señor Ligotti uno puede tomar el cuento pensando que él es demoníaco o también puede leerlo pensando que así son los editores, así son los agentes literarios, que están atormentando al escritor y buscan exprimirlo. Los escritores también se meten presión por el tema del éxito”, dice.

En el cuento de la ballena hay unos mensajes escritos en su cuerpo y Bernardo lo explica diciendo que “me gusta como narrador plantear ciertos enigmas y no resolverlos”.

“Escribí ese cuento porque quería averiguar por qué existía esa ballena, tenía que ver con estos dioses submarinos y este cuento marca la pauta de que los dioses antiguos pueden venir a ocupar el lugar y que no serán buenas noticias para los humanos”, afirma.

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