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“Los jóvenes no distinguen entre la alta y la baja cultura”: Luis Reséndiz

Luis Reséndiz está dispuesto a analizar los “blockbusters” en su libro Cinécdoque (con una falta de ortografía tal vez para provocar), reeditado ahora por DeBolsillo.

Ciudad de México, 18 de junio (MaremotoM).- Luis Reséndiz (Veracruz, 1988) es extremadamente joven y quizás por ello ve el cine de distinta manera. Dice que los jóvenes no distinguen entre la alta y la baja cultura y tal vez como Pauline Kael, como Fernanda Solórzano, está dispuesto a analizar los “blockbusters” en su libro Cinécdoque (con una falta de ortografía tal vez para provocar), reeditado ahora por DeBolsillo.

Precisamente dice la admirada Solórzano: “Los textos de Cinécdoque aportan una mirada profunda a películas y fenómenos que otros, desde la pereza, consideran ligeros. Más importante, su autor es un defensor acérrimo del ensayo bien meditado. Este libro da prueba de ello y, al hacerlo, también declara: la mejor crítica cinematográfica -la única que permanece- es la que se disfruta leer.”

Le encanta ir al cine, iría al cine todos los días, le encanta ver películas viejas, le encantan esas zonas donde luce Harrison Ford, donde Spielberg enseña que se puede ser maestro en el cine comercial, donde si Alfred Hitchcock viviera andaría vendiendo sus filmes en cualquier plataforma.

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Se hace una película por los ojos, en el caso de Indiana Jones el látigo, la camisa, el rostro tan hermoso de Harrison Ford. Foto: MaremotoM

Hablar con Luis es encantador. Sabe porque ha mirado los títulos de las películas y ha unido las diferentes experiencias sobre todo para aprender a mirar cine como miran ahora los jóvenes. Y como también mira la gente despierta, sin prejuicios.

–Tu libro refleja un poco lo que va a venir

–Creo que un poco lo hace porque toma en cuenta la industria, que se mueve cíclicamente. Si algo pasó hace varios años puede volver a pasar. Lo que pasó con el western pasa ahora con el superhéroe. El libro sí creo que habla de lo que viene un poco también porque habla de lo que pasó. Por rebote, vamos viendo lo que se va a repetir.

–El cine independiente también es una industria. Ayer vi Belmonte en Netflix, esas películas donde no pasa nada…

–(risas) Sí, definitivamente. Tienen fines y estrategias distintas. Es muy parecido a pensar en las novelas que son best seller y las novelas de editoriales más chiquitas. Son un poco dos industrias. Me interesa la más grande, a mí me gusta el cine donde no pasa nada, pero me interesa el cine que vemos todos.

–Cuando estudiaba cine mi marido me decía: Nunca ves Terminator, pero ahora que vas a la Universidad te enseñan Terminator y entonces la puedes ver…

–Es que esas películas grandotas, que se ven mucho, también dicen cosas sobre lo que vemos, sobre lo que hacemos, sobre quienes somos.

–¿Por qué es tan buena John Wick, entonces?

–John Wick es buena porque es puro cine. Es una saga que es puro cine, no hay tramas, es como una película de Buster Keaton. Hay un problema a resolver y esta magia, esta carambola, se vuelve cómo filmar esas cosas. No hay discurso, no hay trama, lo que importa hacer acrobacias, cada vez más difíciles e impresionar mucho.

–Hablas de los blockbusters y las defiendes

–No hay mucha necesidad de defenderlas, no necesitan defensa. Pero tal vez si necesiten sea un poco más de profundidad, hablar de la industria, del proceso, de los discursos, son películas que damos por sentada y rara vez los críticos revisan las películas viejas. Ya no tenemos la presión del estreno, me interesa zafarme del deadline. Si escribo de una película vieja no hay presiones, hay otra posibilidad de tocar cosas que a lo mejor el crítico en su momento no ha querido o no las ha visto.

CInédocque, de Luis Reséndiz. DeBolsillo

–En Indiana Jones tocas al héroe

–Sí, es icónico. Se hace una película por los ojos, en el caso de Indiana Jones el látigo, la camisa, el rostro tan hermoso de Harrison Ford. Hay muchas cosas que ver y que decir de ese cine, que por tiempo o por elitismo no se hace.

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En Volver al futuro, no recuerdo el nombre del actor que la iba a hacer antes de Michael Fox. MaremotoM

–¿Tú crees que hay un papel para cada actor?

–Es una mezcla entre la imaginación del director y la fuerza del actor. En Volver al futuro, no recuerdo el nombre del actor que la iba a hacer antes de Michael Fox. Incluso la empezaron a hacer y no funcionó. El tipo es muy parecido a Michael Fox, pero no era él. Es un producto de la alquimia que hay entre los directores, el guionista y los actores. El cine es un trabajo colaborativo.

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–Claro que a veces hay trabajos colaborativos como el de David Beckam en King Arthur y no funcionó…

–(risas) Es muy curioso, en la mayoría de las artes son susceptibles al entrenamiento, a la repetición, pero actuar no es tan así. Es tu cara. Algunos la convierten a su favor, como la cara de Steve Buscemi y la convierte en un elemento de su arte. Los rostros no tienen que ser perfectos en el cine, pero confías o no en el actor.

–Hablas de ver las películas donde uno pueda

–Me gusta hacer el comparativo con los libros. Seguramente habrás leído muchos libros en fotocopias y nunca ha sido un obstáculo para que el libro deje de ser lo que es. En las películas creo que los celulares son un poco difíciles, pero porque no se ve. Hay cosas eso sí hechas para los celulares.

–Claro que si ves King Arthur, con esos trucos de Guy Ritchie, mejor verlos en celular…(risas)

–Es como un alivio.

–Hablas de las series…

–No hay que verlas todas. Es algo de neurosis. A mis mejores amigos les encanta ver cine y entonces les digo que basta de recomendaciones. Soy un poco obsesivo. Veo una serie nueva y veo una vieja, ese es como mi ritmo. Hay un montón de cosas, uno decide. Si es crítico, tienes que tratar de ver más.

–Me encanta tu libro para que los chicos lean…

–Doy un taller en Veracruz para jóvenes de preparatoria, de creación literaria y lo que he descubierto que para ellos no existe ni la baja ni la alta cultura o literatura. Eso es en nosotros. Para ellos es lo mismo, si está en una pantalla se lo echan. Escribir pensando en un público más amplio.

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Yo me ubico con una diferencia generacional, también con el discipulado de Ayala Blanco. Foto: MaremotoM

–¿Estás dentro de lo que llamaríamos los nuevos críticos de cine?

–Yo me ubico con una diferencia generacional, también con el discipulado de Ayala Blanco. Estoy en el relevo, no con una cuestión parricida, sino como una cuestión de flujo natural. Hay críticos más democráticos que hablan de otra cosa. Fernanda Solórzano habla de blockbusters. La cuestión generacional es a veces obstáculos mentales. El buen crítico es omnívoro, vemos lo que haya.

–Las cinco películas que más te gustan, las que te han interesado para el libro

Volver al futuro, me parece una trilogía esencial. Pienso mucho en Matrix, hay una imaginación desbordada, que habla de la bisagra entre los siglos XX y XXI. Indiana Jones, que está en el libro también. Es icónica y muy divertida. Spielberg nos demuestra que la calidad del cine no está peleada con lo comercial. Puedo decir Vértigo, de Alfred Hitchcock, son películas que adelantan los blockbusters. Alfred Hitchcock era leído como un cineasta comercial en su época. La última, voy a hacer trampa, voy a elegir una serie y es Deadwood, escrita por David Milch, salió en HBO y es un programa sobre un campamento de Dakota del Sur, a finales del siglo XIX. Está escrita con un lenguaje shakespeareano y va contando como las instituciones no son otra cosa que la imposición de la barbarie e intereses personales.

–¿Y las series?

–Ahora Fleabag, que tiene que ver con un grupo de series donde el autor pasa al centro, muy de Woody Allen. Está Atlanta, de Donald Glover. Los Soprano, definitivamente, The Wire, es brutal. Acabé con el alma rota, pero me pareció sensacional. Malcolm el del medio, porque creo que Malcolm trae a las sitcoms, muy parecido a lo que hizo Seinfeld en su momento, un nivel de profundidad que no estamos acostumbrados a ver.

–¿A quién toma como modelos de críticos?

–Hay tres críticos, que uno ni siquiera es decir, que son Antonio Alatorre, su obra me parece deslumbrante y nunca se separa del lector. Otro sería Pauline Kael, lo que me gustaba era que era muy inteligente. Tenía un afán democratizador. El último sería David Bordwell y su esposa Kristin Thompson, que son como los académicos que mejor le entendieron al cine. El cine es una fábrica de películas que a veces produce artes. Entender eso es increíble.

–¿La génesis del libro?

–Este libro empezó por mi publicación en Letras Libres. Mi editor era Daniel Krauze es que pertenecemos a la misma bisagra generacional. Cuando empecé a leer a David Bordwell yo quise empezar a hacer ensayos. Y Daniel comenzó a publicar esos ensayos. Me di cuenta de que lo que estaba haciendo era escribir para un libro.

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