Adolfo Córdova

“Los lectores de libros infantiles, son lectores de primera”: Adolfo Córdova

“Hay en el libro infantil una carga ideológica muy fuerte que dice que los libros para niños tienen que ser buenos y aptos para niños. Hay muchos prejuicios y censuras que uno los ve cuando mira los libros impresos. Si va a haber un tema, que no esté primero el tema, sino la historia misma. Mi aproximación con la infancia es de mucha escucha y de mucho respeto”, dice el autor de Jomshuk, dios del maíz y niño travieso (Ediciones Castillo)

Ciudad de México, 17 de diciembre (MaremotoM).- Existen muchas versiones del fascinante mito de Jomshuk, dios del maíz y niño travieso que escapa de la muerte y vence mil peligros con la ayuda de los animales. Este inusual poema ilustrado cuenta la versión que el autor Adolfo Córdova escuchó en voz de su hermano y otros miembros de la comunidad popoluca de Piedra Labrada, en la selva de Veracruz.

Se trata de una historia de tradición oral, polifónica y sincrética: hay algunas referencias europeas, de brujas malvadas y otras de rituales mesoamericanos, con serpientes y tlacuaches.

Adolfo es periodista, escritor e investigador. Nació en 1983 en Veracruz. Como master en Libros y Literatura Infantil y Juvenil por la Universidad Autónoma de Barcelona, pero además por amar por sobre todas las cosas al libro juvenil e infantil, tiene muchas ideas sobre el tema. También mucho entusiasmo. Es el Premio Bellas Artes de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2015, Los mejores del Banco del Libro de Venezuela 2017 y The White Ravens 2017 por su libro El dragón blanco y otros personajes olvidados (FCE, 2016) y ahora presenta Jomshuk, una criatura tan deliciosa como misteriosa.

Jomshuk
Un mito de la cultura popoluca que el autor rescata de la literatura oral. Foto: Cortesía

–¿Qué significa ser de Veracruz en el que aparentemente los niños están más enseñados en un contexto más global?

–Ser de Veracruz y en momentos en que el Estado vive todo este clima de violencia es complicado. Veracruz tiene mucha proyección internacional, hablo culturalmente, los niños allá tienen una identidad fuerte muy vinculada al mar, al son jarocho, que hoy se mezcla con una nueva cultura del narco.

–Yo te preguntaba que era Veracruz, porque por un lado tienes que luchar contra el crimen organizado, contra la indiferencia y tienes que luchar contra el tema del centralismo…

–Justamente mi segundo libro se llama El dragón blanco y otros personajes olvidados y habla precisamente de eso, de los personajes secundarios, que están en los márgenes. Es un Estado conocido Veracruz, sí ha habido un interés por ver lo que pasa ahí, pero ha tenido que luchar en el margen. Nosotros éramos un símbolo del medioambiente y sin embargo ha sido deforestado ferozmente. En términos de naturaleza lo han devastado. La lengua popoluca está muy olvidada. Es difícil. Vuelvo mucho a Veracruz y me enfrento a esta marginalidad. Jomshuk, que es de un pueblo casi extinto lo llevo precisamente a un lugar central. Muchos de los pobladores que contaban este mito no tenían necesidad de fijarlo, de hacerlo más popular. Muchas de estas culturas encuentran en el margen su persistencia y no necesitan salir más allá. Ellos se miran a ellos mismos y no necesitan la mirada del otro para ser.

Te puede interesar:  Alejandro Rosas describe a la Ciudad de México como un sitio entrañable

–¿Qué es Jomshuk?

–Es un niño y dios maíz, que como no dejaba de llorar, su madre lo muele en el metate. Tiene un arranque crudo y fuerte, pero lo he leído con muchos niños, causa fascinación. Es bonito, su madre lo muele en el metate pero lo hace una bolita, lo tira al río y hay unos brujos que andaban camaroneando por ahí, pero la bruja dice que hay que sembrarlo, esperar que nazca y una vez que nazca, ahí se lo van a comer. Es un mito sobre el hambre. Jomshuk nace, crece muy rápido, dice que los brujitos son sus abuelitos y un día descubre que sus abuelitos se lo quieren comer. Viene de la mitología popoluca, que tiene en sus ancestros a los olmecas. Están concentrados en el sur de Veracruz.

Adolfo Córdova
Es un Estado conocido Veracruz, sí ha habido un interés por ver lo que pasa ahí, pero ha tenido que luchar en el margen. Foto: MaremotoM

–¿Escribes para niños?

–Soy periodista y empecé en el periódico Reforma. Había un suplemento que colaboraba, se llamaba Gente chiquita y me sorprendía ver cómo los niños eran los que más nos escribían. Empecé a reseñar libros para niños, a entrevistar a autores y empecé a deslumbrarme por el género. Es como cuando ves a alguien dices me caso. Hice una maestría en Barcelona y seguí investigando sobre el libro infantil, me apasioné por ese mundo con mucho respeto. En Austin, durante un seminario de literatura infantil, me preguntaron qué era lo que quería que aprendieran los niños en mis libros y lo que respondí fue que no quería que aprendieran nada, que lo que quería era que se fascinaran con el lenguaje y con la ilustración. Hay en el libro infantil una carga ideológica muy fuerte que dice que los libros para niños tienen que ser buenos y aptos para niños. Hay muchos prejuicios y censuras que uno los ve cuando mira los libros impresos. Si va a haber un tema, que no esté primero el tema, sino la historia misma. Mi aproximación con la infancia es de mucha escucha y de mucho respeto. Ellos son lectores de primera. Es una carga histórica y hay un espacio para libros formativos y vinculados a la escuela, pero los que queremos hacer literatura, lo que quiero es formar lectores.

–¿Cómo te llegó Jomshuk?

–Me llegó por los oídos. Mi hermano es antropólogo, hay una naturalidad en la literatura oral que es la vida misma. La vida en la sierra es sórdida, brutal y breve, para muchas de esas comunidades que guardan en esos mitos cosas que nos hablan y que son serias. Ahora bien, los niños que viven en las ciudades y que tienen todo, igual se comunican con Jomshuk, dios del maíz y niño travieso, porque tienen los mismos terrores, al abandono, al crecer, algo que había en los cuentos de hadas.

–¿Dirías que la corrección política es enemiga de los libros infantiles?

–Creo que puede ser enemiga, puede ser en detrimento de la literatura, del asombro, de lo que puede hacer que un niño se quede en un libro.

Comments are closed.