Los públicos que hacen la Feria del Libro

Tijuana, 25 de marzo (MaremotoM).- “Te imaginas que comprando afanosamente los mejores libros pasarás por un hombre culto; pero lo que sucede es todo lo contrario  y con ello no haces más que poner de relieve tu ignorancia”.

Luciano de Samósata, Contra un ignorante que compraba muchos libros.

La Feria del Libro de Tijuana nació como un proyecto colectivo que por su magnitud y afluencia resulta un parteaguas en la historia de la frontera bajacaliforniana. Como la piedra esculpida por las gotas, sus 36 ediciones la han consolidado como la gran vitrina por la que la sociedad local se ha asomado a territorios insondables, distintos de la visión materialista que se impone en la frontera. Su objetivo permanente es lograr una oferta de libros novedosa e idealmente, buenos libros. Pero también hacer partícipe a los públicos en la orquesta de realizadores que la originaron y quienes la han enriquecido gradualmente.

La actual Feria del Libro es un evento decantado por los años que ha hecho crecer a la ciudad en el ámbito intangible, a largo plazo. Frente la visión materialista del actual gobierno en el tema cultural, argumento que el poco gasto en libros que se hace en esta frontera se vincula, antes que con los precios, con la deficiente educación de esta región federalmente marginal; también con la tendencia de un consumo dominado por la oferta tecnológica. Una certeza librera es que los libros, buenos o malos, se venden independientemente de su precio. Si bien habrá lectores que sucumban ante un precio atractivo, la actual merma en el comercio del libro responde en parte a razones de competencia digital no sólo entre tiendas o plataformas de lectura, sino sobre todo a la devaluación del libro como proyecto intelectual. Justo por eso la relevancia de esta Feria en el desierto de las instituciones de cultura: su permanencia y oferta fundamentalmente librera enseñan que la tradición ilustrada es anterior al desarrollo industrial y las economías capitalistas que de éste derivan. En la Feria la palabra escrita se celebra como origen de la civilización y el libro, como detonante de la modernidad.

Los públicos del libro en la frontera han disminuido ahora que las lecturas se dispensan fragmentadas en formatos digitales. Así lo sugieren la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales (2010), como también el estudio realizado desde hace algunos años sobre el perfil del electorado en la Feria del Libro de Tijuana, coordinado desde el Centro de Posgrado y Estudios Sor Juana. Entre sus resultados encontramos un dato relevante en el plano pedagógico: cada vez son menos los lectores que permanecen leyendo de corrido más de una hora. Como especialistas en psicología han indicado, la intermitencia de las tareas en la web afecta la concentración en una actividad tan especializada y demandante como lo es la lectura de textos de mediana dificultad.

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Otro aporte de la Feria del Libro al fenómeno lector contemporáneo es la  posibilidad de hacer síntesis de la experiencia de lectura. Si bien una lectura solitaria que abstrae del mundo es necesaria, la socialización de ideas en torno a la lectura resulta una práctica formativa y constructora de ciudadanías. Más que el espíritu festivo de los diez días del evento, el contagio de una Feria deriva de este intercambio bien representando en el diálogo entre quien expone su necesidad de saber y quien aprehende esa experiencia para recomendar libros. Esa es la dinámica constante entre lector y librera que he experimentado en la Feria desde 2005 -año en que me incorporo a ella con módulo de venta- y cuatro años antes en mi no poco improvisada incursión librera.

Para fortuna nuestra, los públicos de la Feria manifiestan un proceso de apropiación que actualmente celebro en tanto que ha derivado en su incorporación a su organización. De este modo ha sido posible concebir la Feria ciudadana aun cuando las instituciones de Cultura -desde hace 20 años y 18 después de haberse fundado- han tomado el control administrativo de ésta y contribuido de forma importante -que no absoluta- en la fase operativa. Por el entusiasmo vital y creces de la ciudadanía en la Feria, puedo decir que el cuerpo-equipo de la Feria, el que empatiza y abraza a los lectores que asisten a ella, es primordialmente ciudadano.

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