Theodor Kallifatides

Madres e hijos, de Theodor Kallifatides: el anhelo de contar una historia

Su madre tiene 92 años y su padre, muerto hace tiempo, ha dejado a pedido de él las noticias escritas de la familia y Kallifatides también viaja con esas palabras que nos irá compartiendo al lado del libro. Ya anciano, con 68 años, exiliado en Suecia desde hace 30, la pregunta sigue siendo la misma para el autor: ¿Por qué me he alejado de ella?

Ciudad de México, 23 de abril (MaremotoM).- Ahora que viene el Día de la Madre, nada mejor que regalar y regalarse el libro Madres e hijos, de Theodor Kallifatides, quien hace el recorrido al revés. Regresa al cobijo de su madre, para escribir sobre ella y para encontrarse otra vez a sí mismo.

Ya anciano, con 68 años, exiliado en Suecia desde hace 30, la pregunta sigue siendo la misma para el autor: ¿Por qué me he alejado de ella?

“Los dos hemos envejecido y ha llegado el momento de hacer lo que siempre quise: escribir sobre ella”, dice Theodor que, dispuesto a ir a encontrarse con su madre a Grecia, narra todo el camino de vuelta, en lo que probablemente sea el último viaje que él realice para verla.

Su madre tiene 92 años y su padre, muerto hace tiempo, ha dejado a pedido de él las noticias escritas de la familia y Kallifatides también viaja con esas palabras que nos irá compartiendo al lado del libro.

Desde sus orígenes como exiliado griego en Turquía, pasando por sus meses en una prisión de los nazis y su pasión por el oficio de maestro, la historia de la familia y todo su transcurrir por el siglo XX se va desgranando poco a poco y es conmovedora la unión que hay entre estos seres relacionados no sólo por el amor familiar, sino también por el amor a la patria, al trabajo, al estudio, a conseguir de todos modos un lugar donde pasar la vida con mayor dignidad y poca hambre.

De todas maneras, este hombre que sabe que “poca gente tan incapaz como los escritores para describir la realidad”, no deja de desparramar amor por su madre, pues “de ella heredé el anhelo de narrar una historia. Ese anhelo que de alguna manera es el deseo de que todo vuelva a estar bien, de que todo ocupe el lugar que le corresponde, que adquiera sentido y contexto”.

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 Theodor Kallifatides
Un libro que nos enseña a volver al principio. Foto: Cortesía

Theodor Kallifatides nació el 12 de marzo de 1938 en Molaoi, Laconia. Cuando tenía 8 años se mudó con su familia a Atenas, donde terminó el instituto y estudió en una escuela de teatro. Emigró a Suecia en 1964 y vivió más de 30 años. Kallifatides se licenció en Filosofía en la Universidad de Estocolmo, donde ejerció más adelante como profesor.

Su trayectoria literaria cuenta con poemarios, novelas, ensayos de viaje y obras de teatro. El autor también ha escrito guiones cinematográficos y dirigido películas. Recientemente escribió, a los 81, Otra vida por vivir (Galaxia Gutenberg, traducción del griego moderno de Selma Ancira), un libro que comprueba la necesidad de escribir a esa edad, cuando regresa a Grecia, decepcionado porque Suecia, ese mundo antes casi ideal, está volcado al capitalismo y a la derecha.

Nadie debería escribir después de los setenta y cinco años, había dicho un amigo. A los setenta y siete, bloqueado como escritor, Theodor Kallifatides toma la difícil decisión de vender el estudio de Estocolmo, donde trabajó diligentemente durante décadas, y retirarse. Incapaz de escribir y, sin embargo, incapaz de no escribir, viaja a su Grecia natal con la esperanza de redescubrir la fluidez perdida del lenguaje. En este bellísimo texto, Kallifatides explora la relación entre una vida con sentido y un trabajo con sentido y cómo reconciliarse con el envejecimiento. Pero también se ocupa de las tendencias preocupantes en la Europa contemporánea, desde la intolerancia religiosa y los prejuicios contra los inmigrantes hasta la crisis de la vivienda y su tristeza por el maltratado estado de su amada Grecia, dice la editorial.

“Sentí que había venido a casa, pero la casa no eran las circunstancias físicas, sino la lengua materna. Su potencia, su suavidad, su dulzura estaban en mi sangre, eran mi sangre. Fue un maravilloso sentimiento de seguridad: mientras dispusiera de mi lengua estaría vivo y sería un ser humano”, escribe en Otra vida por vivir, en un intento, tal vez como quería su padre, de volver las cosas a su lugar, de que todo esté en su sitio.

“¡Es posible ser escritor sin traicionar a alguien o algo? ¿Estaba yo preparado para traicionar a mi madre?”, es la pregunta que se hace. Al final del libro una frase le da la razón: “eso es lo que significa tener una madre. Siempre llevas dentro un principio”.

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