Madres paralelas

Madres paralelas, un melodrama a lo Almodóvar en donde suenan Miles Davis y Janis Joplin

Es un director que no improvisa sus ideas y que se ciñe a ellas con una voluntad férrea y también por eso elige tan bien a sus actores. No se enamora de ellos, son marionetas donde distribuirlas a lo largo del filme y que tendrán como máxima responsabilidad contar la historia de Pedro.

Ciudad de México, 19 de febrero (MaremotoM).- Probablemente la película Madres paralelas no esté en lo mejor de Pedro Almodóvar, sobre todo por la casi reciente Dolor y Gloria, donde nos aturdía con una cinta casi autobiográfica, en lo que tal vez sea uno de los mejores papeles de Antonio Banderas.

Madres paralelas es un melodrama. Claro que un melodrama donde el director, poco aficionado a la política pero que en este caso se la jugó con todo, pone a los desaparecidos de España en el centro de la escena.

Quizás por esto, por dar a conocer al pueblo como una verdad a medias, como algo cojo que va por la vida reclamando sus cadáveres, es que no fue bien vista en su país de origen.

Aquí la estrenó Netflix este viernes y sin duda lo mejor que tiene es esa actriz llamada Penélope Cruz, que ha evolucionado no sólo a unos niveles altísimos, sino que también comprende exactamente adonde quiere llegar el director.

Es ella la que decide contar a su amiga que es la madre de la niña, porque para qué seguir aumentando el grado de desaparecidos en un país que no asimila esos muertos que guarda tras la alfombra.

Luego hay cosas un poco forzadas. Que te cambien en la maternidad, que se muera tu niña, la relación que tiene la fotógrafa con ese antropólogo (Israel Elejalde, casi un dibujo), la actriz que sólo le interesa hacer “Doña Rosita la soltera” (Aitana Sánchez Gijón) y un padre ausente con el que la niña (una eficiente Milena Smit) no quiere saber nada.

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Anda por ahí Rossy de Palma, como mostrando que esta es una película de Pedro, pero en un personaje un tanto gris, que no pesa en la historia.

Madres paralelas
Madres paralelas. Foto: Cortesía

Ahora bien, esos momentos forzados también caracterizan al cine de Almodóvar. Como el cineasta que es, cambia el curso de las cosas a su antojo, para poder contar lo que está en la película desde el inicio.

Es un director que no improvisa sus ideas y que se ciñe a ellas con una voluntad férrea y también por eso elige tan bien a sus actores. No se enamora de ellos, son marionetas donde distribuirlas a lo largo del filme y que tendrán como máxima responsabilidad contar la historia de Pedro.

En ese sentido, pensar en Madres paralelas es también pensar en todas las madres que tienen a sus hijos desaparecidos (como María Herrera, la que busca a sus cuatro hijos en México, como Las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina) y es pensar en España, ese país tan derechista que todavía ve con malos ojos que llamemos dictador a Francisco Franco. Un país donde los nietos de este hombre enemigo de la democracia llenan las páginas de las revistas de moda y donde el mismísimo rey fue elegido por él, destinado a proseguir con la dictadura.

Claro que la historia cambia y poco a poco se consigue justicia para las muchas víctimas de la Guerra Civil Española. Como dice Eduardo Galeano, en la frase que cierra la película: “No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca”.

La música (de Alberto Iglesias) es de otra galaxia y en el medio suena Miles Davis, con “Autum Leaves”: maravilloso. Y la eterna Janis Joplin, con su inolvidable “Summertime”

One Comment

  1. Gracias por el comentario de la pelicula que comparto totalmente…