Alejandro González Castillo

Manual de carroña es el soundtrack de mi vida”: Alejandro González Castillo

Alejandro González Castillo es un periodista de rock y como tal habla de la ciudad en la que nació todo el tiempo. No le interesan los emperifolles con que el mercado viste a las obras literarias, a esos escritores de moda, a esos músicos que un día se plantan frente a la cámara y muestran: ¡Estoy borracho!

Ciudad de México, 18 de mayo (MaremotoM).- Es un gusto poder hablar con el periodista Alejandro González Castillo, fundamentalmente porque lo aprecio mucho, pero además porque trae un concepto del periodismo, del periodismo aplicado a México y de México en sí, muy peculiar y muy sincero. Aprendo cada vez que hablo y ahora cada vez que lo leo, cuando ha sacado, merced a la editorial Salarios del miedo, su gran libro Manual de Carroña.

“Un puñado de crónicas que se sumerge en la gran estafa del rocanrol desde el inframundo de los conciertos en un azaroso aquí y ahora”, dice la sinopsis y uno piensa en todo eso que hay que pensar: las clases sociales, la falta de movilidad social mexicana, la lucha de clases que se traslada incluso a las artes o donde las artes son la expresión cabal de la clase más que cualquier otro estamento.

No es una queja sino una reivindicación de lo que es vivir en los barrios de la ciudad de México 

Alejandro González Castillo es un periodista de rock y como tal habla de la ciudad en la que nació todo el tiempo. No le interesan los emperifolles con que el mercado viste a las obras literarias, a esos escritores de moda, a esos músicos que un día se plantan frente a la cámara y muestran: ¡Estoy borracho! Él vive entre borrachos, malandrines, bandas de garajes desde el subsuelo más hondo de la ciudad y como tal expresa su verdad. No le incomoda que haya una verdad desde La Condesa o desde la Roma, pero exige, grita, con su libro magistral, una propia verdad que tenemos que conocer con mucho gozo.

“El Manual de carroña de Alejandro González Castillo es una rara avis de amor al oficio periodístico y sus pasiones que nada les pide a los maestros del género. Su prosa mordaz y depurada pone al día una fértil tradición de literatura picaresca mexicana desde la crónica”, ha escrito el editor JM Servín. Coincidimos con él y estamos muy contentos de que este sea el primero de muchos libros con que Alejandro regala su propia historia.

Alejandro González Castillo
El Manual de carroña de Alejandro González Castillo es una rara avis de amor al oficio periodístico y sus pasiones que nada les pide a los maestros del género. Foto: Cortesía

–¿Cómo nació este libro?

–Nació porque me invitó el editor JM Servín, el jefazo de Producciones El Salario del Miedo, a publicar el libro donde la crónica fue el centro. Por supuesto que le dije que sí, eran textos de mucho tiempo atrás, ya los había publicado en algunos sitios, los junté, los remastericé y también construí textos nuevos, todos unidos por un hilo conductor que es la música. Es el soundtrack de mi vida.

–Te pones como el testigo y el protagonista en la crónica

–Me parece que la cotidianeidad en la que estamos envueltos en la ciudad de México marcó ese estilo mordaz del libro. Todos estamos capacitados para desarrollar ese sentido en mayor o menor medida. Vivir en la ciudad de México implica estar listo para que todo esté en tu contra. Tienes que aprender a ir contracorriente, para que las cosas en muy pocas oportunidades funcionen, los cajeros, los semáforos, las máquinas de metrobús, la policía, el cambio para que puedas subir al metrobús…La maquinaria social está descompuesta todo el tiempo. Llevas ejercicios de reflexión acerca de qué lugar ocupas tú en una ciudad como esta.

–Tú ocupas un lugar fuera del centro de la ciudad, la ciudad de México es mucho más de lo que nosotros pensamos

–Era una parte importante del libro tratar la ciudad como existe desde sus orígenes. Yo vivo al norte de la ciudad, donde arranca el Estado de México. Aquí las cosas son bastante distintas a lo que ocurre en La Roma, en La Condesa. Incluso podría parecer otra ciudad. Hay mucho polvo, hay mucha droga, delincuencia, asaltos todo el tiempo y aprender a vivir aquí, contra lo que pareciera, también es encantador. Yo he encontrado felicidad aquí también, he tenido la oportunidad de irme de aquí, soy como los perros, huelo mis orines, de aquí soy. No es una queja sino una reivindicación de lo que es vivir en los barrios de la ciudad de México.

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Alejandro González Castillo
No es una queja sino una reivindicación de lo que es vivir en los barrios de la ciudad de México. Foto: Cortesía

–Por otro lado, ¿piensas que el tema del rock mexicano tiene que ver con la diferencia de clases?

–Definitivamente, solo hay que ver la historia para comprender lo determinante que ha sido la cuestión de la clase social en el desarrollo del rock mexicano. El punk llegó al país gracias a los viajes de las personas ricas que vivían en colonias adineradas. Hacerse de una guitarra eléctrica en estos tiempos era muy difícil. El propio Álex Lora, en esos tiempos, a pesar de que fue una bandera de la contracultura, es un tipo de dinero. Caifanes tiene dinero, Zoé lo mismo, pero existe otro rock, que no es tan bonito, que no es tan blanco, no tiene el estómago marcado y son barrigones, que también nos representa. En el libro intento hacerlo.

–Café Tacvba no, ¿verdad?

–Son de clase media, son de Satélite, tuvieron otro desarrollo, que nada tiene que ver con Robota, con Belafonte Sensacional, con la Banda Bostik, tantos grupos que habitan en la periferia y que muchos piensan que no tener tanto dinero es hacer las cosas mal o tocar rock urbano. Hay muchos estilos musicales y muy ricos ahí, que no tienen nada que ver con las disqueras ni con los grandes conciertos.

–¿Tú dirías que México es distinta de noche que de día, es distinta a lo que creemos es la ciudad chiquita y esta ciudad grande que narras?

–Sí, somos distintos y al mismo tiempo encontramos la forma de toparnos la cara y eso es algo maravilloso de la música y de lo que sucede con el rock. Existen hípsters de la colonia muy pobre que se llama San Felipe de Jesús y hay barberías en la colonia Impulsora. Hay hípsters y ellos se las arreglan para ir a ver a La Condesa, al Plaza Condesa, a ver al grupo de moda que se te ocurra. Sin embargo, eso no ocurre de allá para acá. Hay maneras de que podremos cruzarnos y la música es perfecta para ello. No es lo mismo venir a una tocada al Doberman de Aragón que ir al Pasagüero al Centro o ir al Pata Negra. Son formas diferentes de comprender la música, de abordarla y también hay muchos públicos.

–¿Hay resentimientos en México por esa razón?

Yo encuentro particularmente penoso que los canales que encuentre la cultura para proyectarse a nivel internacional, estén comandados por personas que desconocen los diferentes estratos sociales que nos conforman. Eso es penosísimo. Existe otro asunto bastante delicado que es quienes existen encargados de escribir la historia desconocen de primera qué es lo que significa formar parte de esa historia. Tú puedes hacer un documental del punk, pero si vives en Polanco es difícil que comprendas lo que sucedió. Por supuesto que se puede, pero hay que tener bien claro quien escribe la historia, con qué parámetros lo hace, con qué fines, hacia dónde va…Los documentales, los libros, los videos, los reportajes, no están siendo del todo certeros con lo que sucedió. Se tiende mucho a romantizar. Habría que preguntarles a quienes tenían 10 pesos para el camión en el bolsillo e iban al Bar 9, si veían así de romántica la ciudad de México y el ambiente gay de esos años.

Alejandro González Castillo
Tú puedes hacer un documental del punk, pero si vives en Polanco es difícil que comprendas lo que sucedió. Foto: Cortesía

–¿Manual de carroña es el ejemplo de este resentimiento y de esta esperanza para poder ver México desde otro lugar?

Manual de carroña es una mirada más entre las millones que existen. Una visión donde procuré integrar mi experiencia como periodista especializado en música y mis afanes literarios. Ubicando contextualmente el lugar donde me ha tocado crecer, vivir y desarrollarme. Es un vehículo con el cual encontrarme con gente que rime con lo mío. Mis ganas de ladrar que todo lo que veo y me parece que está bien y mis gTotalmenteeanas de contar todo lo que veo y me parece que está mal. No sé si es precisamente un resentimiento, sino más bien una especie de coraje entendido como las ganas de salir adelante, a pesar de que tengas muchas cosas en contra de ti. En ese rol, nos vamos juntando los que entre comillas somos perdedores, quienes integramos esta pandilla de Producciones El Salario del Miedo y muchos otros que estamos intentando ver la crónica de una manera que Juan Villoro ni Xavier Velasco jamás podrían.

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