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MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Boceto de idea sobre un fideicomiso de recompensas…

Ciudad de México, 21 de noviembre (MaremotoM).- BOCETO DE IDEA SOBRE UN FIDEICOMISO DE RECOMPENSAS GENERADAS POR LA POBLACIÓN Y PARA BENEFICIO DE LA MISMA: No podrían ser muchas, pues las personas en general tenemos un presupuesto limitado, pero supongamos que sean 10 grandes recompensas al año, para las cuáles cada persona haga una cooperación de 10 pesos (mexicanos) –menos de medio euro– por cada una (o sea, invierta 100 pesos al año) y que, a la vez, pueda participar u organizarse en grupos para obtener cualquiera de ellas y desarrollar los proyectos que solucionen los problemas comunes. Haciendo cuentas: si 10 millones de personas participáramos económicamente para juntar el monto de cada recompensa, estas partirían de 100 millones de pesos cada una.

El apoyo de la población no tendría obstáculos ni intermediarios. Tal vez alguna entidad (bien monitoreada) pudiera encargarse de gestionar el acopio, el resguardo y la entrega o dosificación del dinero, pero la solución a eso se plantearía en su momento por personas más versadas que yo en esos temas. A mi mente vienen los mecanismos de las crowdfundings (“micromecenazgos”), aunque aquí el asunto de financiación colectiva sería masivo, ya que sus beneficios alcanzarían de igual manera a grandes segmentos de población.

Para proyectos que interesaran principalmente a una comunidad pequeña y que, por tanto, no despertaran el interés masivo, podría plantearse una dinámica alternativa. De estar bien definidos, tales “proyectos modestos” podrían pasar a una categoría separada y, en virtud de algún tipo de sorteo, se seleccionaría a uno de ellos cada cierto tiempo para ser apoyado con un porcentaje (10%) del monto anual para las grandes recompensas. Esto es, que por cada nueve proyectos de beneficio amplio podría apoyarse a uno de interés restringido (como ejemplo: recuperar un relativamente pequeño ecosistema dañado; hacer una clínica para una pequeña comunidad; auxiliar a una minoría desplazada, etc).

Todo esto suena a lo que supuestamente el gobierno debería hacer gestionando los impuestos, por lo que, si la situación a resolver en los proyectos consistiera en tareas no resueltas por el estado, las aportaciones de las recompensas en tales casos habrían de poder ser, además, deducibles de impuestos. No sólo de manera participativa se estaría regenerando un tejido social que la política y el mercado han desgastado, también se estarían resolviendo problemáticas prescindiendo de un sistema disfuncional, con miras a cambiarlo o desecharlo.

¿Y recompensas para qué asuntos?

Obviamente, las personas solamente seleccionarían y apoyarían proyectos que interesaran y beneficiaran a la población en general, sin necesidad de líderes ni de políticos que se atravesaran en la gestión o buscaran sacar provecho de la misma. No hablamos de recompensas desesperadas al estilo western (“Se busca vivo o muerto”) sino de proyectos algo más “civilizatorios”, que impliquen desarrollos para alejarse de la inercia, el deterioro y la barbarie.

Aquí enlisto veinte ejemplos de acciones que quizás muchos de nosotros estaríamos dispuestos a apoyar a través de recompensas:

  1. Recuperación de un crucial ecosistema que haya sido afectado. Además, si tal daño fuera responsabilidad de una empresa o entidad, proceder jurídicamente –o de maneras menos kafkianas– contra la misma.
  2. Módulos de seguimiento legal a casos comprobados de violaciones, asesinatos, desapariciones, etc. que, aunque germinen en comunidades, cuenten con apoyo y logística de gran alcance.
  3. Generar fuentes alternativas de energía, sin huella ecológica, sustentables; además, que la patente de las mismas quede libre y no pueda privatizarse (aquí el problema sería el espionaje o el “asesoramiento” desleal por parte de grupos con intereses no tan filantrópicos).
  4. Fomentar becas para creadores de obras artísticas o colectivos que beneficien de manera evidente a la comunidad, más allá de lo estético. Por ejemplo: talleres, cursos, casas de cultura, acervos, construcciones arquitectónicas públicas, artes escénicas para promover manifestaciones específicas de la población, publicaciones, canales, servicios de streaming, etc.
  5. Hackear a una empresa que haya afectado a la población (habrá de comprobarse efectívamente que lo haya hecho; la investigación podría incluso ser parte de la recompensa, aunque habría de cuidarse del tipo de informes y filtraciones o manipulaciones en casos de este tipo). Esta recompensa, por ejemplo, podría enlazar sus acciones con proyectos como el del ejemplo 1.
  6. Desaparecer o neutralizar curas –y maestros, entrenadores, médicos u otras personas que traten de cerca con niños o personas vulnerables– comprobadamente pederastas y que hayan mantenido impunidad a pesar de las denuncias.
  7. A nivel país, conseguir –de algún modo, por vía diplomática (se requerirá asesoría al respecto en puntos como éste)– que a los países que piden visado a nuestros ciudadanos también se les imponga visado a sus ciudadanos, para equiparar condiciones.
  8. Comprar un terreno y declararlo patrimonio natural, que nunca pueda ser enajenable para obras privadas. Aquí habría que ser muy cautos en certificar quién es el vendedor de dicha área natural y el por qué le pertenecía en primera instancia.
  9. Desarrollo de clínicas de especialidades médicas, autosustentables a corto plazo.
  10. Generar opciones de tecnologías (sustentables) para telecomunicaciones.
  11. Producción de cultivos comunitarios libres de transgénicos dañinos y redes para distribuir los productos de manera beneficiosa para la población.
  12. Creación de cooperativas para autogestionar bienes y servicios de todo tipo creados por la población.
  13. Desarrollar tecnologías que puedan neutralizar o disminuir los daños ocasionados por fenómenos naturales. Asimismo, desarrollar programas de prevención y gestión de emergencias.
  14. Generar y dar a conocer una red de estrategias de desobediencia civil para que sean activadas ante cualquier asomo de gobierno injusto.
  15. Instaurar cursos o dinámicas de defensa ante diversas amenazas: delincuentes, sicarios, talamontes, invasores (nacionales o extranjeros), cultivos transgénicos, propaganda alevosa, organismos financieros impositivos, ciber-delincuentes, etc. No generar armas, sino estar un paso adelante.
  16. Proyectos de conservación a futuro: un acervo de semillas (autóctonas, sobre todo) y rasgos de la biodiversidad, para hacer uso en casos de contaminación genética o de desastre ecológico regional.
  17. Desarrollar productos de calidad basados en ventajas de biodiversidad (por ejemplo: aprovechando los grandes litorales del país). Podría ser motivo para uno de los proyectos del ejemplo número 12.
  18. Hacer un estudio detallado de la herbolaria con fines medicinales, alimenticios, terapéuticos, etc., gestionarlo como un bien para todos y protegerlo de cualquier intento de privatización o de patente por parte de laboratorios o farmacéuticas.
  19. En relación con el ejemplo anterior (y también vinculado a los ejemplos 16, 12, 11 y 9), desarrollar productos alimenticios y medicinales que beneficien a toda la población y que sean sustentables y libres de patente o especulación.
  20. Apoyar a damnificados de otros países, hacerles llegar la ayuda sin organismos intermediarios que se apropien, diluyan o laven –financiera o ideológicamente– el dinero destinado. Hacer una red independiente de apoyo internacional (en eso los latinos somos expertos).
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¿Qué pasaría si alguna entidad buscara acaparar recompensas?

Pragmáticamente, no importaría quién o quiénes resolvieran el problema o situación y se llevaran la recompensa. Podrían ser entidades anónimas o no; podrían ser colectivos de jóvenes o sectores empresariales (depende del tipo de proyecto, claro; a los grandes corporativos no podríamos confiarles temas vulnerables y que requieran empatía de verdad); podrían pertenecer al país o no (habría que acotar los casos de extranjeros y sus posibles virulencias); podrían ser siempre los mismos o alternarse; etcétera.

La recompensa habría de gestionarse ante vigilancia y evaluación. Así, la fórmula sería indiscutiblemente la de ganar y ganar. En amplia escala, lo que las personas enfocarían como tal no sería la recompensa (si bien sí que el monto ayuda al tiempo y esfuerzo invertidos) tanto como la solución del problema en sí. Los interesados (muchos de ellos probables aportadores para la recompensa) serían también quizás los primeros en involucrarse como posibles “solucionadores”; que buscarían, además, apoyarse en dinámicas multidisciplinarias. Lo dicho anteriormente: desarrollar dinámicas de ganar-ganar.

Lo importante, obviamente, es que quien dicte la necesidad, ponga la aportación y se beneficie de la misma sea siempre la población en general. De todos –o los más que puedan– y para beneficio de todos.

El que paga manda, pues. Es a lo que estamos acostumbrados normalmente en cualquier tipo de sociedad. Pero aquí habría una ventaja: con este programa de recompensas estaríamos hablando, además, de autogestión plena y a gran escala.

Riesgos latentes

  • Que se hicieran bandos de recompensas que buscaran neutralizarse mutuamente. Pero eso, de hecho, ocurre implícitamente en la economía, si bien la población en general no esté alertada o tenga conciencia de que, más allá de los productos, podría tomar parte activa (y con las recompensas, parte efectiva) en los bandos o, lo crucial, en la toma de decisiones.
  • El establishment, que se opone sistemáticamente a toda autogestión que lo evidencie como vulnerable o prescindible, tratará de volver ilegal el fideicomiso, boicotear, sobornar o desestabilizar algunos proyectos; o, en una medida desesperada podría, por mencionar un ejemplo, alertar que “un meteoro se enfila mediáticamente hacia la Tierra y habrá que cerrar filas” o, en última instancia, cancelar temporalmente el sistema financiero o la validez del dinero (por una temporada, que parecería algo así como el Big Crash o una “nueva Era Glacial” en la historia universal de la infamia).

¿Pero ya qué más da / ya quién da más?

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