Manuscritos de la ciudad reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Ciña ¡Oh, Patria! En torno a los himnos nacionales

Ciudad de México, 11 de octubre (MaremotoM).-La humanidad como conjunto tal vez desarrolle un himno universal para las ceremonias en las estaciones espaciales internacionales. Tal vez tendrían que confeccionarlo también si nos enfrentáramos a una civilización extraterrestre que manejara o fuera sensible a ese tipo de manifestaciones simbólicas de exaltada identidad colectiva (esperemos que los extraterrestres no tengan estos hábitos).

Los himnos supuestamente sirven como hito emotivo y expresión de la gloria y la celebración relacionada con la formación de estados independientes. Surgen como recuerdo de la “epopeya”, de los sacrificios y de la “victoria” para conseguir una identidad común para un grupo de habitantes de un territorio (especialmente si allí nacieron y si comparten valores parecidos).

Los himnos nacionales propiamente dichos florecieron en Europa. El más antiguo es el de Países Bajos, que data de 1568, aunque la mayoría son de dos siglos más tarde. Se componen en un estilo musical típico tras el despertar del sentimiento nacionalista de los siglos XVIII y XIX; tal rumbo, como se ha visto, desembocaría en un impulso imperialista y, por lo mismo, algunos países de África y Asia –donde la música orquestal occidental no proliferaba–, por el hecho de haber sido colonias de países europeos sus himnos nacionales se olvidaron de las pautas locales y adquirieron el mismo estilito musical marcial y patriotero de carácter occidental.

¿Cuál es la temática que manejan en común los himnos nacionales?

Algunas de las connotaciones usuales son:
• Victoria (después de arduas vicisitudes), gloria, coronación, laureles
• Patria
• Esperanza, fe, confianza en un destino sagrado de una tierra protegida por Dios
• Libertad de territorio natal, independencia, formación de una nación
• Fervor, brío
• Honor, sublime orgullo
• Ciudadanos en armas contra el enemigo, listos para morir defendiendo la Patria
• Recordar a los héroes y su sacrificio sangriento, un sepulcro honorable
• Superioridad sobre otras naciones
• Lealtad, fraternidad, unidad, solidaridad
• Justicia
• Florecimiento
• Compromiso, juramento

Las naciones independientes a veces pasan por sucesos históricos que plantean la necesidad de “reapuntar la narrativa” y por ello modificar himnos o adoptar nuevos cantos (por ejemplo, la “Marcha de los voluntarios” como himno de la República Popular China, ya muy lejos de aquellos siglos donde –no obstante usando la misma lengua– fueron moldeados los Guerreros de Terracota).

Asimismo, en el caso de los países que difícilmente han sido colonias de otros, sus himnos no tratan de la formación de naciones independientes, sino de la fortaleza de mantener cierta identidad y la unión, eso sí, de lo que fueran alguna vez territorios de estados (o tribus, etnias) que decidieron unificarse alguna vez en un formato de nación (al respecto viene a la mente los diferentes rumbos, arreglos y transformaciones que ha tenido el himno en Rusia y su paso por el régimen Soviético; o revisar la historia de los ingleses y su territorio insular).

Manuscritos de la ciudad reptil
Manuscritos de la ciudad reptil. Foto: Alejandro Márquez

Si, por otro lado, en el futuro cercano se optara por un período antiglobalizador y se diera una tendencia a la “balcanización”, veríamos tal vez el surgimiento de los himnos de, por ejemplo: Cataluña, Euskadi, Quebec, California, Texas, Hong Kong, Patagonia, Amazonas, Quintana Roo, Oaxaca, Chiapas, Monterrey, Santa Fe, Tepito. Incluso islas privadas vueltas “principados”, o narcorreinos, narcoestados, urbes sustentables en el lado oscuro de la Luna, repúblicas en Marte, o tal vez hasta el mismo Silicon Valley cual fortaleza medieval (flotando sobre la Tierra, incluso)…

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¿Se transformarán nuestros himnos? ¿Escucharemos actualizaciones para etapas de independencia cimentada, sin necesidad del carácter bélico ni de las patrioterías?

Imaginemos que hubiera una tendencia a modernizar o actualizar los himnos nacionales, quitarles todo el rollo “patriotero” o “triunfalista” de batallas bélicas del pasado relativamente remoto o supuestamente ya superado (o en el que se han llegado a treguas en las que un extraño enemigo ha osado tener ingerencia sobre el sistema financiero local de una región soberana).

¿Cómo serían los nuevos himnos?

Tal vez sigan haciendo uso de la música orquestal, para ser tocada en ceremonias diversas o eventos deportivos, aunque seguramente implementarían crossovers que los posicionen en diversos segmentos de población.

Las letras tal vez sustituirían las referencias bélicas y militares por grandilocuencias motivacionales entremezcladas con estrofas espirituales de tipo sectario, resaltando algunos valores a conveniencia de la élite.

¿Y habría concursos para seleccionar nuevos himnos o las licitaciones estarían acotadas?

¿Cómo sería el “himno” de una transnacional?

En épocas donde las empresas transnacionales han reducido el margen de acción de los gobiernos y de las aspiraciones de identidad de las naciones, las letras de los himnos parecieran anacronismos que abusan de las alusiones militares, regionales e incluso religiosas.

Aunque normalmente los corporativos transnacionales quieren que su poderío sobre los gobiernos pase inadvertido, es muy probable que, si generaran un himno, involucrarían en éste la narrativa de su misión, visión, valores corporativos y demás parafernalia. La música tal vez sería coral, usando el tipo de arreglos de “tranquilidad sublime” que las empresas usan para camelar a sus clientes en los anuncios de campañas de responsabilidad social empresarial.

¿Y el himno del planeta Tierra?
(en un escenario en el que el planeta se reconociera como un territorio unificado de la humanidad –en un tipo de “Nuevo Orden Mundial”– después de haberse librado de, por ejemplo, un invasor espacial o una catástrofe)

Tal vez se parecería a los himnos nacionalistas, pero haciendo referencia a las bondades de las diferentes razas, especies animales, regiones, subrayando la valentía y aportes de cada grupo, etc. Tal vez seguiría la extraña “lógica” que permea en casos como el de una Copa del Mundo llevada a cabo en Sudáfrica y en donde el tema musical se encargara a Shakira en vez de acudir a la fortaleza del indestructible beat de Soweto. O tal vez, en una consulta internacional, terminen usando algo como el Himno a la Alegría o alguna pieza – de fuente occidental, seguramente– de probada eficacia pero no por eso menos tendenciosa.

Acaso el problema podría ser la manera de promulgar el destino que la humanidad busque, la narrativa que se dé a sí misma para inspirar la nueva etapa de expansión (imperialista o exploratoria, la línea es difusa) de la especie humana. Tal vez una catástrofe o un tipo de batalla decisiva se use como motivo central.

Asimismo, se ha de cuidar el no mencionar nada de dioses o personajes de las mitologías regionales, para evitar suspicacias sobre si algún grupo pretendiera tener la hegemonía simbólica de la nueva etapa de la humanidad.

Todos los criterios anteriores aplicarían también para los demás símbolos: banderas, escudos, emblemas, etcétera.

Y todo eso, probablemente, se relativizaría o se volvería música de videojuego, de lobby o de elevador si las decisiones y motivaciones de la humanidad fueran transferidas a la inteligencia artificial.

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