Manuscritos de la ciudad reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Corolarios sobre la película No miren arriba

En fin, por ahora nos queda ver (hacia arriba o hacia el rumbo que usted quiera) cómo nos va a corto plazo con la solución para la siguiente mutación de uno u otro virus, bacteria, tecnología o régimen, así como escuchar sobre los múltiples requerimientos para contrarrestar los desequilibrios del cambio climático (además, sin empeorar aún más las cosas). Porque no todo es ficción redentora, ni siempre la cuenta regresiva tiene “la suerte” de ser tan evidente como la que proviene de un aerolito en picada.

Ciudad de México, 13 de enero (MaremotoM).-En las pasadas fiestas de fin de año y en estos tiempos que han tenido un aspecto más apocalíptico que los simulacros anteriores sobre el fin del mundo, Netflix estrenó una película en la que se perfila otro de esos escenarios amenazantes –además de los epidémicos y bélicos, tan cotidianos ya– con los que puede verse involucrada la humanidad en su conjunto y, para lo cuál, se hace necesaria una “acción coordinada” (o, en un despliegue de poder unilateral, la programada instauración de un nuevo orden mundial). Aquí el trailer:

 

 

No miren arriba (su título original en inglés: Don’t Look Up), del director Adam McKay, es una sátira que versa sobre el calvario que tienen que recorrer un profesor de Astronomía y su becaria pasante de posgrado para, acorde con esa responsabilidad hacia la verdad que supone su formación científica, informar de un hallazgo importante (y que muy pronto resultó aciago): el inminente arribo de un cometa que colisionará con la Tierra para complicar la continuidad de la vida humana y demás especies complejas.

Los siguientes “corolarios” pueden surgir sin dificultad a partir del argumento planteado en dicha tragicomedia globalizada:

  1. En una construcción social, en general lo pertinente tiene más peso que lo verdadero.

Esta necesidad de mantener la construcción en marcha se halla también expresada por una de las axiomas de la industria del espectáculo: “el show debe continuar”.

  1. Si algo no calza con un discurso o narrativa mediática, resulta difícil de ser planteado.

De igual modo, el público necesita un discurso o narrativa para poder no sólo formarse una opinión, sino siquiera alcanzar a percibir el fenómeno aludido. El teórico de los medios de comunicación Marshall McLuhan, al respecto, formuló dicho layout del discurso en su conocido aforismo “El medio es el mensaje”.

  1. Los gobiernos suelen tomar sus decisiones en función del capital político y la especulación.

Hace unos meses, por ejemplo, la cumbre climática COP26 en Glasgow nos evidenció de nuevo la rutina de pantomima de hacer como que la humanidad busca gestionar la crisis ante una plataforma mundial, después de lo cual cada mandatario regresa a casa en su avión privado para dar cuenta, ante su respectiva comarca (y lobby, pues), de su preocupación por el clima y la posible adquisición de deuda para “hacer algo al respecto en una tarea que nos incumbe a todos”.

  1. Las empresas, sobre todo las que tienen su matriz en los EE UU, no solamente hacen lobby político, sino que en ciertas situaciones son las que dictan y manejan la agenda de los gobiernos de los países en los que se anidan (incluso muchas veces se trata de una agenda transfronteriza).

En la película, el magnate que busca “resolver la economía mundial” (que más bien, darle aire a las depredadoras finanzas internacionales), aprovechando la riqueza mineral del asteroide, es el que apuesta –con una insensatez propia de Wall Street– por permitir que el cometa llegue a un horizonte límite para “sacarle el mejor bono posible”. Afortunadamente, a diferencia de lo que ocurre en la película, en la vida real ni China ni Rusia se limitarían al rol de espectadores de una necedad que ponga en peligro a su población o intereses.

  1. Los magnates inversionistas autoproclamados como “visionarios” casi siempre muestran un comportamiento mesiánico y dejan entrever sesgos psicopatológicos de tipo sectario.

Aunque la perspectiva de tales empresarios llegase a ser muy amplia y su conciencia apuntara a un “beneficio extendido a futuro, a pesar de los daños colaterales”, muchas veces el tiempo no alcanza a darles la razón y usualmente se limita a evidenciarlos en su sinrazón, en sus “monstruosos sueños de la razón”.

En la película, al final hay una escena en la que el magnate y sus sectarios, que habían alcanzado a fugarse del “planeta fallido” y se habían congelado en criogenia hasta llegar a algún lugar paradisíaco, al final consiguen sobrevivir. No obstante, en la inercia de su panorama “eficiente pero limitado ”, ni siquiera alcanzan a organizar o llevar a cabo un plan de acción sobre quién va a sembrar, quién cazar, quién limpiar, quién administrar, etc., pues el nuevo hábitat los recibe como lo que probablemente siempre han sido: parásitos a eliminar.

  1. Es muy difícil tratar de convencer a la población a tomar una acción vital que exija un esfuerzo extraordinario, especialmente cuando los individuos continuamente se hallan presionados a responder con urgencia los “call to actions” de su entorno tecnificado envolvente, saturado de reclamos mercantiles o propagandísticos.

La población, alienada por la rutina cotidiana de sobrevivir, procrastinar y descansar un rato para después regresar al trabajo, normalmente confía en que las decisiones trascendentales sean tomadas por los gobernantes o por las deidades tutelares. O, si acaso, sus infortunios sean amortiguados por seguros de cierta cobertura.

  1. Cuando algo irrumpe amenazante en una transmisión en vivo, las redes sociales suelen reaccionar contrarrestando el impacto o peso de lo “crudo” y se desahogan banalizando su repercusión al difractarlo en memes caleidoscópicos que entremezclan y equiparan las diferentes tendencias interpretativas e ideológicas en un barullo carnavalesco.
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De todos modos, cada día es más difícil que algo irrumpa en una transmisión en vivo (pues lo vivo, aún “en directo”, se halla mediatizado y codificado por una interfaz). Además, por lo mencionado en los corolarios 2 y 6, el medio y el discurso –incluyendo la burbuja en la que ya se halla inmerso el espectador– harían igualmente complejo el generar algún tipo de organización que no sólo contrapusiera, sino que contradijera a dicho sistema.

  1. El fin de cada mundo, todo gran cisma civilizatorio, enfrenta las evidencias pragmáticas o“racionales” (en términos del discurso dominante respectivo a esa instancia), por un lado, con las decisiones morales y políticas (en esta caso, de la manada mamífera) por el otro.

Y, por más sapiens que el humano se proclame, muchas veces la especie pareciera boicotearse a sí misma –arrastrando a todas las demás–, ya que las decisiones suelen ser impuestas por una voluntad allende lo racional (y, en una de esas, las “decisiones” provengan de una voluntad ajena a lo antropocéntrico).

  1. En una iconósfera atiborrada de fake news, un cometa sólamente haría reaccionar a las personas hasta que éstas fueran estimuladas por las sensaciones dolorosas, esto es, cuando sintieran el insoportable brillo y calor sobre sus cabezas y cuerpos.

De igual modo, una película apocalíptica, por más punzante que sea (que no es el caso de ésta, pues más bien es una sátira), difícilmente conseguirá modificar rutinas en la población. Ninguna obra o información por sí misma conseguiría transformar de tajo las relaciones de poder, aunque pueda plantear semillas y contribuir con la fermentación gradual. Y en tiempos frenéticos, ¿a qué velocidad se fermenta un cambio radical? ¿No tenemos más remedio que confiar en que hay un ritmo de fermentación? Mientras el espectador es de nueva cuenta confinado o abatido en una inmovilizante fatalidad –o siquiera en una aliviadora catarsis–, antes de que rendirse y abandonar el control del rumbo de la humanidad  en una inteligencia artificial que tomara el mando (aunque, ¿quién plantearía el “algoritmo imparcial” necesario?), podría uno alcanzar a preguntarse, hundido en un sillón de la sala, con una copa de vino: ¿Y solamente se ha de mirar al cielo para asumir una conducta moral? ¿Solamente un “poder extraterrenal” puede concienciarnos sobre las necesidades trascendentales? ¿No podemos fiarnos (o bastarnos) de nosotros mismos y de nuestro ecosistema?

  1. Los activistas del cambio climático –Leonardo DiCaprio incluido– pudieron identificarse, siquiera catárticamente, con las frustraciones de los científicos en la película.

Tal vez muchos activistas también han estado a punto de mandar todo al carajo y refugiarse en una cabaña con sus familiares y amigos. Ante la implacable inercia de la necedad y el caos de la hipermodernidad, al final de la película los científicos, ya resignados pero con cierta paz espiritual, recordaron el verso de un poema de Jim Morrison: “Prefer a feast of friends to the giant family” (en este caso, una traducción a modo podría ser: “Optar por una fiesta de amigos que velar por la familia gigante”).

Por cierto, cuando se despabile de la catarsis del filme, en alusión a una emergencia que no resulta tan “divisable a simple vista” como un cometa, pero a la que también apunta el planeta en aceleración progresiva, aquí comparto una iniciativa surgida al calor de este filme:

https://dontlookup.count-us-in.com/es-es

¿Pero, hay otra forma de encarar las emergencias además de aquella que reza “ser más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”?

Aprovechando el invierno, la cuesta de enero y las precauciones ante el Omicrón, puede usted también ver en Netflix una película apocalíptica sobre otra encrucijada que la humanidad tuvo de tomar en conjunto: La Tierra errante (2019), del director chino Frant Gwo. Aquí el trailer:

 

Basada en un relato homónimo de Cixin Liu, dicha película trata sobre las vicisitudes de la humanidad para enfrentar la amenaza del Sol cuando a éste le llega el momento de expandirse y devorar los planetas cercanos. La solución aquí, obviamente, no podía ser la de bombardear al sol, comprar un seguro de amplia cobertura a los Rothschild o demandar a los dioses heliocéntricos; quizás, sí, algunos potentados pudieran haber escapado en naves con sus allegados y personal de confianza –como hubiera ocurrido en una típica película occidental–, mas lo interesante aquí es que, en La Tierra errante, el enfoque ante dicha encrucijada fue un tanto insólito: a pesar de que la compleja hazaña (tanto de ingeniería como de burocracia) implicaba sacrificar a un gran porcentaje de la población, una perspectiva más amplia –se entiende que surgiera desde una civilización ancestral como la China– permitió visualizar la salvación del resto de las personas, animales y plantas sin abandonar el planeta madre a su suerte. Esto es: más allá de la confrontación de ideas panfletarias de izquierda o de derecha, en dicho argumento se proyectó que la solución más viable consistía en un planteamiento comunitario (el cual, además, no sólo incluyó a la propia especie, sino al resto del ecosistema, independientemente de los posibles motivos: nostálgicos, identitarios, de agradecimiento, o quizás tan sólo por “simple sabiduría”).

En fin, por ahora nos queda ver (hacia arriba o hacia el rumbo que usted quiera) cómo nos va a corto plazo con la solución para la siguiente mutación de uno u otro virus, bacteria, tecnología o régimen, así como escuchar sobre los múltiples requerimientos para contrarrestar los desequilibrios del cambio climático (además, sin empeorar aún más las cosas). Porque no todo es ficción redentora, ni siempre la cuenta regresiva tiene “la suerte” de ser tan evidente como la que proviene de un aerolito en picada.

 

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