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MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | El “easy listening”: una burbuja de inofensiva frivolidad

Ciudad de México, 28 de febrero (MaremotoM).- La categoría de música llamada “easy listening” –dicho término sirve como etiqueta– puede incluir géneros o subgéneros como el soft rock, el pop orquestal, la canción melódica, algunas variantes de jazz, la música new age, entre otros.

A veces los autores generan melodías “simplonas” pues no requieren rebuscar su expresión ni ser crípticos; otras veces, en cambio, componen de esta manera por encargo o porque el mercado plantea la necesidad de piezas con dicha función específica. En ambos casos, las composiciones pueden terminar siendo etiquetadas como easy listening (en español hay un término no equivalente pero cercano: “Música ligera”). Al parecer, un factor específico para esta etiqueta consiste en piezas que el público pueda escuchar sin implicarse demasiado, sin conflictos (ya sea de composición o estilísticos) y sin la necesidad de tener que hacer concesiones o invertir en atención y concentración.

Música para vestíbulos y elevadores

¿Qué puede hacer uno en un lobby? Básicamente, no desesperar. Relajarse. Afortunados los que cuenten con una ilusión para esperar en un lobby, aunque también existen aquellos cuyo motivo es aguardar el momento para atacar. En ambos casos, una música tranquila, que no distraiga demasiado, es la más apropiada. Igualmente, en un ascensor no sería pertinente que sonara música punk, por ejemplo. Hay composiciones que se hacen por encargo para esparcir un ambiente sonoro que anestesie posibles neurosis. Para ello hay géneros específicamente identificados (todos términos en inglés, pues en tales países se dan el lujo de procurarse tales caprichos ascépticos): lounge, mood, elevator, muzak, background music, etc.

Música para comprar vegetales

Algunos, en coquetos viveros, ponen música a sus plantas para consentirlas (o, en argot empresarial, para que aumenten su productividad); alguna consideración similar puede ocurrir en la parte de la cadena que involucra al consumidor –se entiende que aquel eximido ya del rol de depredador–. Cuando alguien escoge una lechuga o berenjena, no necesita que las toxinas propias o externas contaminen el proceso. Tampoco sería pertinente, por ejemplo, escuchar a Led Zeppelin: la épica involucrada –y requerida en la escucha de esta banda– sería contrastante con la frivolidad necesaria para desenvolverse en un supermercado. 

Equivalentes para otras formas sensoriales

Una cultura, ya sea porque fuere ultrajada en episodios recientes de su historia o porque esté todavía controlada a manera de colonia no oficial por otro país o ideología, puede entrar en “períodos post-traumáticos” en los que se busque hacer que los sujetos olviden el horror de la existencia por la que han pasado. Incluso puede un país estar comportándose sutilmente de manera siniestra y, por lo mismo, procura anestesiar o enajenar a su población para encausarla en el confort y la evasión de las políticas y las maniobras en curso. Hay maneras diversas de generar ambientes deliberadamente “tranquilizadores” o inofensivos.

  • Para la vista: se utilizan composiciones abstractas, decoración minimalista, cromos de flores, plantas, semillas, paisajes coloridos, protectores de pantalla con auroras boreales o galaxias…
    • Para el olfato: aromatizantes artificiales, fragancias, gels desinfectantes…
    • Para el tacto: superficies pulidas, esquinas redondeadas, suelos alfombrados, salones climatizados…
    • Para el gusto: una gama de ingredientes y mezclas “lo más artificialmente natural posible” consiguen evitar que el paladar se escandalice.
    • Para evitar mareos y cambios drásticos en las posiciones del cuerpo, una serie de artefactos de transporte pueden conducir de manera inofensiva a los turistas perpetuos (adicionalmente, ayuda a evitar demandas).
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La aversión que algunos sienten por estas clases de “asepsia”

Las personas interesadas por la intensidad y la crudeza del mundo suelen aborrecer las manifestaciones de los ambientes culturalmente esterilizados, ya que no quieren ser engañados por los simulacros ni acostumbrarse paulatinamente a los sucedáneos. En términos de pasión, por ejemplo, equivale a tratar de expresarla con un objeto o imagen ya no digamos kitsch sino en forma de cliché. Semióticamente hablando, podría decirse que, cuando un signo busca sustituir al referente en vez de aludirlo, se entra en un proceso de enajenación.

Minimalismo, derviches, ambient

Hay géneros o músicas que, aunque pudieran parecer “simples”, no cumplen con el factor mencionado para ser catalogadas como de easy listening: no funcionan para la frivolidad. Al contrario, por más “discretas” que se presenten, pueden atrapar la atención del oyente y hacerlo tratar de participar con el intercambio de patterns de sentido. Es el caso, por ejemplo, de algunas piezas del minimalismo, del ambient, de la música concreta, o también el caso de composiciones de otras culturas cuyos ritmos repetitivos conducen a estados de conciencia lejanos al requerido confort del easy listening.

El género ambient, aunque sí presenta vertientes demasiado “ligeras”, no suele ser generado como envoltorio sonoro para aligerar el espíritu. El músico y productor inglés Brian Eno, considerado uno de los pioneros del género, afirma que “la música ambient debe ser capaz de dar cabida a muchos niveles de atención de escucha sin imponer uno en particular, debe ser tan ignorable como interesante”. El factor de lo “interesante” es lo que la puede diferenciar del easy listening. Cabe citar también aquí al musicólogo David Toop, quien afirma que: “el ambient es más una forma de escuchar que de hacer música”; lo que puede extrapolarse para decir que el easy listening, más que una música, es una composición sonora que evita ser escuchada de lleno, que quiere pasar desapercibida.

¿Para qué tomarse la molestia de generar una música que no requiera ser escuchada? Seguramente porque funciona como un sucedáneo para ignorar los ruidos del fondo, del contexto, de la Historia, así como para anestesiar los conflictos que palpitan desde el interior de una entidad consciente. En un futuro de emociones neutralizadas, canalizadas, controladas o “superadas” por la inteligencia artificial, tal vez la música –ni siquiera la easy listening– no vaya a ser ya requerida.

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