MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Las chicas y el clima

¿La climatología es un asunto de interés predominantemente masculino? ¿Hubo una época en que sólo trabajaban en exteriores los hombres? ¿Los ilegales en el campo no se informan sobre las olas de calor? ¿Las mujeres no viajan o no conducen solas?

Ciudad de México, 7 de enero (MaremotoM).- Si algún meteorólogo con gafas y outfit científico se pusiera a presentar el pronóstico del clima por televisión, apoyado con gráficas, números, flechas, porcentajes y probabilidades, los espectadores despistados pensarían que habrían sintonizado una asignatura escolar de telesecundaria y tal vez cambiarían de canal o se entretendrían con el dispositivo móvil que tuvieran a mano hasta que algo más relevante en la pantalla mayor captara de nuevo su atención.

Como hubo un tiempo en que el rating medía el índice de audiencia (de un público que alguna vez atendía una sola pantalla), los programas no se podían dar el lujo de perder espectadores cuando se transmitían segmentos como el del pronóstico del clima. Las televisoras, por lo mismo y quizás porque estaban obligadas de algún modo a transmitir dicha información, buscaron hacer que las secciones de cajón como esa fueran más entretenidas, ligeras o vistosas.

Si llegaron a probar con presentadores más pintorescos y gesticulantes, tal vez el público –al menos el de cierta época– creyó que estaba viendo un sketch de los Monty Python o de comediantes por el estilo. Si hacían uso de marionetas o personajes extravagantes, los que terminaban enterándose del clima eran los niños, quienes además, seguramente, no compartirían a sus padres la información sobre la humedad del aire para así poder salir a enlodarse después de comer.

Una sugerente presentación del clima para los cazadores de mamuts

Al parecer, los investigadores de mercado de los medios masivos han establecido que la información del clima es atendida principalmente por el segmento masculino. Sería interesante averiguar por qué.

¿La climatología es un asunto de interés predominantemente masculino? ¿Hubo una época en que sólo trabajaban en exteriores los hombres? ¿Los ilegales en el campo no se informan sobre las olas de calor? ¿Las mujeres no viajan o no conducen solas? ¿Los militares son los más propensos a vigilar la probabilidad de nevadas para decidir si los soldados llevarán los tanques o drones especiales asignados en el presupuesto militar?

Para las mujeres, ¿no es relevante el clima a la hora de planear sus actividades? ¿Ellas están conectadas con la atmósfera y con los ciclos del tiempo de otra manera? ¿Las mujeres simplemente intuyen que va a salir el sol cuando desayunan en una terraza? ¿A las mujeres les basta ver las nubes oscuras para así recoger la ropa tendida y cerrar las ventanas? ¿Acaso las mujeres siempre llevan un paraguas en su bolso, pero también bronceador, pala, cubre orejas, incluso un papalote para entretener a los hijos en caso de ventisca? Todas estas conjeturas están, literal y paradójicamente, fuera de tiempo (¡vaya pronóstico!).

En la radio quizás el informe sobre el clima lo llegue a emitir una voz masculina que “sugiera conocimiento veraz y emotivo respaldo científico”, pero en la televisión la estrategia se ha enfocado en apelar a la líbido para captar la atención del público, que se asume como principalmente masculino. La función de estos mensajes, pues, además de informativa es conativa (provocar cierta reacción) y fática (esta última función es la que permite mantener sintonizado el canal). Así, hemos advertido cómo paulatinamente se han incorporado a dichos segmentos del noticiero –y a otros tantos espacios informativos, como el dedicado a los deportes, sobre todo en años recientes– mujeres jóvenes, sonrientes y expresivas, con ropas entalladas y recursos como dilatar las pupilas cada vez que mencionen que hay la posibilidad de tormenta por la tarde; que mueven sus brazos y caderas en una especie de modelaje para señalar que algunos frentes y masas de aire están entrando y hacen estragos en zonas vulnerables (¡tome sus precauciones!).

¿Quién escoge los nombres de los huracanes?

Alguna vez en la historia, los huracanes eran nombrados según el santo o la festividad correspondiente al día en el que azotaban por primera vez alguna población a su paso. A finales del siglo XIX, un meteorólogo australiano comenzó a bautizar los tifones con nombres de chicas o de personajes de la historia o mitología, para personificarlos y hacerlos así más “asimilables”. La costumbre se instauró en otros países y cada año se prefijaban los nombres para huracanes y tifones que se fueran presentando en temporadas. Como estos fenómenos meteorológicos suelen ser destructivos, no tardó en asumirse como una práctica sexista o una alusión malintencionada. Entonces, la Organización Meteorológica Mundial, a finales de los años 70, introdujo también nombres masculinos en la nomenclatura (si bien, para el caso, algo como “El Huracán Joe” sonara más a nombre de boxeador o de pistolero de western que a un barbaján histérico).

El clima para este fin de semana

Los medios de difusión aprovechan los viernes para enfocar el clima desde la perspectiva de los paseos de fin de semana. Si es que se espera un cielo soleado, la “chica del clima” sugiere que se puede usted broncear con su familia; si hay lluvia, le aconseja que se relaje en una cabaña con su pareja; si nieva, que prepare su cobija y un maratón de series o de vicios permitidos (sin mencionar marcas o cárteles). Y en caso de huracán, ya puede usted ir encendiendo la vela a su santo favorito o renovar el seguro de su casa, camioneta, caballerizas, etc.

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Cabe acotar que, aunque el segmento del clima está dirigido a captar la atención masculina de una manera no primordialmente informativa, las mujeres en general quizás tampoco suelan tomar nota seria del pronóstico proferido por –como tal vez algunas esposas conservadoras les llamen– “esas cabareteras del clima”.

Hay, sin embargo, sobre todo en las últimas décadas, una necesidad apremiante de atender al clima como algo que pesa más allá de las actividades cotidianas o los planes para el fin de semana. Tal vez debería haber una sección que enfocara, por ejemplo, nuestro acercamiento gradual al límite para una crisis por calentamiento global, o que acotara los centímetros acumulados en el año relacionados con el ascenso del nivel del mar, la superficie de los icebergs que se desprenden de los polos cada temporada, etcétera. Y para no ahuyentar a la audiencia –de requerir por ley dicha sección cierto espacio relevante– las televisoras quizás negociarían que las presentadoras se desnudaran para “dar a entender” o al menos evidenciar la problemática sobre el calentamiento global.

Greta Thunberg y el pronóstico de la catástrofe

Hay una mujer que ha viralizado esta severa perspectiva sobre el clima sin necesidad de tacones o vestidos ajustados, ya que apenas es una adolescente (además, alguien que desde niña habla muy seriamente, de manera comprometida e incluso con gesto huraño y desafiante). Lamentablemente, esta pequeña activista sueca (apenas ha de estar cumpliendo la mayoría de edad) corre una suerte parecida a sus congéneres mayores que advierten sobre el clima, ya que muchas veces su información no es tomada en serio –en su caso, además de por los políticos o empresarios varones, por los adultos en general–; las personas centran sus juicios en aspectos aledaños a su mensaje (esperemos que Greta Thunberg al menos conecte con los menores, que a fin de cuentas son los más perjudicados).

Aquellos que quieren negar el peso del problema ecológico que supondría una crisis climática (y cuya solución requiere drásticos cambios de hábitos de producción y consumo y no simplemente campañas “verdes”) prefieren centrar sus comentarios en asuntos del estilo “esa niña debería entrar a clases, buscar terapia o novio antes de andar de activista revoltosa y gritarnos en la cara sobre la manera en que nos esforzamos en progresar y ganarnos el sustento con el que les compramos los gadgets y zapatos tan caros a los caprichosos de su edad y civilización”.

Otros de sus detractores o críticos comentan que Thunberg tiene los reflectores encima pues se trata de una persona blanca, europea, que no tiene que atarse a un árbol de su parcela ni escapar de los talamontes que buscan desalojar a su etnia de su ecosistema natal, como tantos activistas de piel más oscura y menos urbanos que son asesinados o desaparecidos todos los años. O también algunos adultos prefieren pensar que la joven es un producto prefabricado o una marioneta de adultos con propios intereses, cabildeos políticos y think tanks en busca de patrocinios y contratos gubernamentales. El tiempo –he aquí un pronóstico más sobre el tiempo, si es que nos queda suficiente– nos lo ha de revelar, esperemos que no de manera violenta e irremediable.

Los científicos, desde hace décadas, también han alertado repetidamente en el mismo sentido que Greta Thunberg (de hecho, ella se limita a citar las evidencias de estudios científicos sobre el tema) y, por más manipulables que pudieran ser dichos estudios, ¿los haters sobre la advertencia climática esperan, como ocurre en los teledarios, que la información científica sea presentada no por un hombre adulto de aspecto académico, sino por una mujer (quizá con lentes, pero de estricta minifalda o con bata de laboratorio entreabierta que pueda caer en cualquier momento) para que así se cumpla el requisito de llamar nuestra atención sobre la problemática (pero, a su vez, se banalicen o vaporicen las consideraciones y consecuencias de dicha información)?

Para concluir la columna de hoy podría poner videos sobre cómo a una presentadora del clima se le sale un pezón por señalar un frente frío o cómo se tropieza y revienta su falda ante la amenaza de un ciclón tropical sobre los resorts, pero prefiero compartir un video –quizás con menos visitas que los mencionados anteriormente– donde expone su pronóstico la mencionada y, fuera del showbiz, más relevante chica del clima que ha llegado de alguna manera a los reflectores:

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