Manuscritos Ciudad Reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Las prioridades del último ser humano

Ciudad de México, 24 de diciembre (MaremotoM).- Para cerrar el año, esta columna hablará sobre la importancia de la convivencia, usando como perspectiva una especulación a partir de un escenario post-apocalíptico y una proyección de lo que, en mi caso, haría en tal encrucijada.

El escenario post-apocalíptico: imaginemos que ocurriera una catástrofe de algún tipo y uno quedara solo en el planeta, eventualmente como el único sobreviviente de la especie humana.

Por más desgastado que esté en estos tiempos el tejido social y por más que uno, en un arrebato por la cotidianidad urbana o mediática, haya llegado a formular que la humanidad debería desaparecer, tal escenario, ya en toda su crudeza, difícilmente sería disfrutado; incluso sería pesado de sobrellevar y sólo pragmáticamente asumido con estoicismo.

¿Qué haría como último ser humano?

A veces uno se piensa de un modo –según concepción de sí mismo, autoimagen, roles diversos– y termina desconociéndose a la hora de tomar decisiones, especialmente en situaciones extremas (por ejemplo: de todos los roles que uno desempeña en la vida cotidiana, ¿cuál es el rol que se impone en una situación de emergencia? Y, de no haber ya sociedad –como en la hipótesis que aquí manejamos– y por tanto sin la necesidad de ejercer roles, ¿cuál sería la verdadera naturaleza de uno?). En mi opinión, yo haría algo como lo que anoto a continuación:

  • Viajar, desplazarme a zonas con buen clima, tratar de buscar a otros sobrevivientes. En teoría, de encontrar a alguien más, la probabilidad de una relación de convivencia en vez de antagonismo es alta, pues recursos sobran y dos cabezas piensan mejor que una. Aunque se tratara de una persona con hábitos y valores muy diferentes a los de uno, el poder conversar o intercambiar experiencias, ideas o sentimientos haría que lo demás quedara en segundo plano. Ello me hace reflexionar sobre que, al menos en dosis limitadas, la naturaleza humana es propensa a la vida social.
  • Dejar mensajes de ruta, pistas, señales y buscar otras que alguien más hubiera dejado, con la esperanza de encontrar sobrevivientes.
  • Convivir con animales.
  • Buscar, como base provisional para cierta temporada, una casa de tamaño medio, cercana a una zona de agua potable, provista de servicios salubres y, si es posible, con vista panorámica, jardín, taller y bodega.
  • Alimentarme bien. Buscar libros de botánica, agricultura, herbolaria, cocina, salud, etcétera, para aprender todo lo que se pudiera al respecto.
  • Leer libros o ver documentales o tutoriales sobre supervivencia en diferentes ámbitos, así como sobre prevención y medidas de seguridad ante desastres naturales.
  • Descansar de la manera más adecuada y segura que pudiera.
  • Practicar ejercicios de fortalecimiento y coordinación.
  • Tener siempre una mochila con cierto equipo indispensable: agua, alimento, kit médico básico, navaja, herramientas básicas, lámpara, baterías, binoculares, mapa, bitácoras, algún documento de identidad (sólo para recordar referencias personales por si con los años uno sufriera demencias) e imágenes de seres queridos como hito emotivo.
  • De tener vicios, mantenerlos de manera limitada, que no generen dependencia y que den más de lo que quiten. Ejemplos: café, vino, cigarrillos (este vicio no tendría sentido retomarlo, imagino), videojuegos, películas, etc. Las drogas fuertes estarían limitadas a casos de emergencia o de necesidades eventuales específicas y no por evasión, neurosis o ansiedad.
  • Cargar una bitácora donde se registren recorridos, observaciones, etc. A la par, desarrollar un tipo de diario para registrar ideas, pensamientos, anotaciones de carácter no necesariamente práctico, para mantener cierta estructura mental.
  • Entretenimientos: además de la observación de la naturaleza, mantenerse vinculado a la cultura a través de leer, escuchar música, ver algunas películas o series.
  • Formas de expresión: dibujar (lo haría sobre paredes inclusive), música, escribir. Tal vez también escultura o escenografía. De filmar algo, sería sólo como registro informativo o memoria. De conservarse por alguna razón el internet y los servidores, subir todo el material, bitácoras e información a la red (un blog sin interlocutores o con futuros lectores), además de mantener un tipo de emisora por si acaso hubiera oportunidad de contactar a otros sobrevivientes.
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¿Qué no haría como último ser humano?

  • No me suicidaría. Sólo quizás en un caso de muerte inminente o de sufrimiento agónico buscaría la forma de que mi cadáver quedara en una situación “adecuada” (no se para qué, pero podría uno permitirse esa última muestra de apego o de glamour decoroso). La curiosidad probablemente me mantendría a flote, a pesar de que fuera desalentador el no tener con quién compartir los descubrimientos.
  • Evitaría matar animales (solamente en caso de defensa propia o de alimentación; de no volverme vegetariano, tal vez terminara pescando en vez de tratar de cazar algo terrestre, aunque no descartaría de vez en cuando un ave, un jabalí, un filete de res; que, por cierto, para eso tendría que aprender al respecto de la deshollada y los cortes propicios, para no matar en vano).
  • No buscaría crear seres humanos con tecnologías in vitro ni nada por el estilo (ni sé ni me interesaría averiguar cómo se hace). Aunque estaría, de alguna manera, de luto por la humanidad, no me interesaría revivirla artificialmente.
  • No celebraría fechas específicas (cumpleaños, aniversarios, pascuas, etc.), si es que pudiera uno saber la fecha. De hecho, lo más probable es que dejaría de estar al pendiente de los horarios.
  • No creo que hablara en voz alta estando solo. A algunos animales sí les hablaría, como parte de la interacción (¿de qué serviría maullarles, ladrarles, mugirles, silbarles, croarles, rugirles, zumbarles, reptarles?). A los que fuera a cazar no les hablaría cariñosamente, me parecería un acto muy traicionero; a menos que fuera para pedirles una disculpa por adelantado (en ese nuevo mundo animal, se sabría que nada es personal).

Lujos, caprichos, glamour o divertimentos (¿por qué no?)

  • Obviamente, aprovecharía productos exquisitos (sentiría lástima de que no se pudieran compartir, pero al menos no los dejaría podrir, en homenaje a la cultura que los generó).
  • Nadaría cuando se presentara la oportunidad. En una alberca, flotaría boca arriba y cerraría los ojos. Luego me secaría al sol y pisaría el césped.
  • De llegar a un puerto, buscaría un yate para ver el atardecer y, ya de noche, contemplar la bahía. Si no hubiera luces en el malecón, encendería las más que pudiera para ver sus reflejos en el mar, o en su defecto prendería fogatas.
  • Visitaría museos. No me llevaría obras a la casa, por más que me gustaran. Las iría a visitar a su respectivo museo. Cerraría las puertas, para evitarles la erosión.
  • No me gusta manejar, pero para desplazarme utilizaría algunos vehículos y escogería modelos agradables (sin perder mucho tiempo en la selección, pues tampoco hay que exagerar la mundanidad) pero sobre todo prácticos.
  • Para morir buscaría un lugar muy apacible o prepararía un escenario adecuado. Si pudiera tener música de fondo o un paisaje sublime, mucho mejor. Aunque tal vez solamente decida integrarme apaciblemente al ecosistema, de manera sencilla, pues el universo continúa de todos modos sin protagonismo de ninguna especie o ser individual.

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