Manuscritos de la Ciudad Reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Las sectas y lo barroco en tiempos de cismas apocalípticos

Ciudad de México, 19 de julio (MaremotoM).- En días recientes, en el panorama nacional (México) salieron a la luz mediática dos asuntos relacionados con proselitismos sectarios, que involucraban a personas de muy diferente nivel socioeconómico.

Por un lado, la organización de autoayuda personal y profesional, con estructura piramidal, que funcionaba como “secta de esclavitud sexual” (según declaraciones, inclusive marcaban a las mujeres como si fueran ganado), denominada Nxivm, que involucraba a personas de familias acomodadas, especialmente herederos de la vida empresarial, artística, política (toda esa mezcolanza de pródigo y vulnerable “jet set”, target del líder de la secta, Keth Raniere, detenido y enjuiciado).

Por otro lado, aprendieron a la cabeza de la organización cristiana registrada como la “Iglesia de la Luz del Mundo”, el autoproclamado “apóstol” Naasón Joaquín García, acusado de tráfico de personas, abusos sexuales, pornografía infantil, entre otros delitos, cuya organización, muy extendida, había ya echado raíces en barrios, escuelas, negocios, tal vez también con influencia en dependencias públicas y otras instituciones.

¿Qué tienen en común estos dos asuntos? Normalmente toda secta busca en el fondo el poder (y todo sucedáneo del mismo: dinero, sexo, bienes, servicios, compromisos, etc.), pero es curioso que sus ganchos puedan abrevar de necesidades de todo tipo, independientemente del sector social o del poder adquisitivo de sus integrantes. Aquí pueden citarse frases como “en tiempos en que la gente necesita creer, están listos para creer en lo que sea”, o específicamente: “es fácil engañar a la gente abonando sobre aquello con lo que ya se están engañando a sí mismos. Cuando en la historia humana se presentan rupturas, cismas en paradigmas históricos, suelen ser tiempos fértiles para estas prácticas, que aprovechan los “índices apocalípticos” y se detona la consiguiente “repuesta barroca” de los individuos que no pueden adaptarse sin angustia a la caída de las ideologías que configuraban la visión del mundo con la que crecieron.

Si usted tiende al “barroco” –esto es, si tiene miedo al vacío, al desamparo o al desencanto y busca ocultar dicha angustia con trucos, adornos y oropeles–, es probable que esté, haya estado o se encuentre a punto de caer en las redes de una secta (incluso sin saberlo por un tiempo).

Las personas involucradas en una secta parecen entrar en un tipo de “metabolismo” que, cual virus, se va apropiando de su voluntad y de alguna manera engaña al cerebro y le hace dar justificaciones ante cualquier pensamiento que atente contra las razones, creencias o ideología que permée al grupo en donde haya hecho virulencia la secta.

Esbozaré aquí algunos síntomas o signos que, desde afuera del filtro o foco de “contagio”, podrán darle a usted alguna pista de que se encuentra en algún círculo social que se mueva en terreno sectario. En ese caso, esperemos que, a esta altura de la columna, no haya usted abandonado la lectura por temor a enfrentar una “disonancia cognoscitiva” (¡ojo: eso mismo es un signo de alerta!).

  1. a) Rasgos generales del discurso o atributos de los mensajes recurrentes en las sectas:
  • Dogma o paradigma principal, propósito principal de la comunidad.
    • Eslogan o frases repetitivas.
    • Combinación de aspectos solemnes con prácticas muy emotivas.
    • Petición a tener fe ciega en las motivaciones del grupo, no importando lo que ocurra (por otro lado, si el resultado no es el esperado por los dirigentes, el discurso “corrector” toma matices agresivos).
    • Ante ciertos problemas profundos se plantean soluciones exageradamente sencillas, normalmente formuladas en función de las actividades del grupo.
    • Dualismos (“nosotros” o “los otros”; lo “correcto” o lo “incorrecto”; la “verdad” o la “mentira”; “todo” o “nada”; etc.)
    • Alusión a rangos, jerarquías (empiezan como simples nomenclaturas, cuya división es supuestamente “fácil de superar” –si se cumple lo solicitado–).
    • Connotación de “santuario”, de “comunidad”, de “refugio” del mundo exterior (a cuyos “descarriados” hay que ayudar a “iluminar” con los beneficios del grupo).
    • Los que tienen consciente o inconscientemente el rol de reclutadores –o que velan por mantener la unidad a toda costa– emiten juicios o sanciones (disfrazadas) de condicionamiento negativo a aquellos individuos que esbocen hacer actividades independientes del “muégano sectario”. Buscan dirigir y controlar la vida de los miembros dentro y fuera del grupo, para mantenerlo unificado y “fuerte”. Parte de su modusoperandies aislar a la persona de otras relaciones que ha construido para que se enfoquen únicamente en el grupo.
  1. b) Tipo de comportamiento o actitudes generadas en el seno del grupo sectario:
  • Psicosis colectiva; sensación de ensoñamiento; sugestión de “iluminación”.
    • Radicalización gradual de ciertas conductas.
    • Proyección de cualidades extraordinarias (incluso sobrenaturales) o “auras espirituales” en los dirigentes.
    • Abandono de la voluntad en un guía (puede ser formulada como “prueba para entrar en el círculo de confianza”); despersonalización.
    • Impotencia en reflexionar sin dualismos.
    • Rangos, jerarquías. Reclutamiento piramidal.
    • Solidaridad “incondicional” y ayuda mutua entre miembros del grupo.
    • Adicción a estar en actividades “dentro del círculo”.
  1. b) Tipo de necesidades humanas que explotan las sectas:
  • Pertenencia (ante: la soledad, el aislamiento, la falta de identidad, la desintegración del tejido social, etc.)
    • Seguridad (ante: la vulnerabilidad, el desamparo,
    • Espiritualidad (ante: el “materialismo difuso”, la alienación, la rigidez, etc.)
    • Obtener “la fórmula del éxito” (ante: la falta de oportunidades o de iniciativas)
    • Exclusividad, privilegio (ante: la cotidiana “vulgaridad”, el aburrimiento, etc.)
    • Desahogo (ante: pulsiones reprimidas, bloqueos emocionales o sexuales, etc.)
    • Éxtasis (ante: enajenación social, racionalismo, etc.). Para esta necesidad, la secta funciona como “metabolismo” sustituto, muchas veces apoyada con recursos artificiales tipo protocolos, rituales, tal vez incluso drogas (explícita o implícitamente; por cierto, cuídese de los bocadillos, cafés, tés, agüitas, etc. ante cualquier escenario con aspecto de inducción –reclutamiento–).
  1. c) Tipo de chantajes para manipular (aquí simplificados en frases, pero pueden estar expresados de diversas maneras, incluso muy elaboradas y emotivas):
  • “Si te sales, huyes de la salvación y puedes quedar desamparado”.
    • “Si tomas otra perspectiva vivirás en un error y serás infeliz”.
    • “Si piensas y actúas sin beneficiar a la cadena del grupo traicionas su confianza”.
    • “Si abandonas la organización, tu vida perderá sentido y significado”.
  1. d) Señales de alerta ante la descripción de las actividades del grupo u organización (algunos términos pueden ser eufemismos, para confundir):
  • Grupos de ayuda, coaching emocional, asesoría espiritual.
    • Cursos de autoayuda con enfoque empresarial, “Programas de éxito ejecutivo”.
    • Terapias a través de procedimientos de muy diversa índole.
    • Empresa o asociación con estructura piramidal.
    • Equipos de deportes o actividades culturales, sociales o políticas “de nicho”.
    • Colectivos pertencientes a un cisma o a una vertiente ideológica (estos grupos, aunque surjan por ideas críticas, pueden ser infiltrados por personalidades sectarias que pervierten la motivación original).
    • Respecto de las cuotas, en la mayoría de los grupos suelen llamarlas “donaciones” o “aportaciones voluntarias”, a menos que se disfracen de seminarios o cursos especializados para el éxito, en cuyo caso podrán usar el eufemismo de “inversión”.
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No es de extrañar que el líder (“gurú”) o el círculo de personas al frente de una secta sean psicópatas (potencialmente violentos o no, pero siempre del tipo “carismático”), pues en ellos suelen permear algunos rasgos principales de la psicopatía:

  • Encanto superficial (sonrisa muy practicada), con habilidad especial en captar las necesidades de otros para seducirlos; gran capacidad verbal y retórica (sin embargo, afectividad frívola, respuesta emocional limitada –disfrazada de autocontrol–); una eufórica y benevolente generación de promesas dichosas.
    • Cierta inteligencia, especialmente para manifestar ecuanimidad y autocontrol (aparentes); en privado o si bajan la guardia: conducta extravagante y desagradable, impulsiva, cruel, irresponsable.
    • Carácter desinhibido; rasgos de autoestima exagerada, egocentrismo (profusión de su propia imagen, cuidado excesivo de la misma); promiscuidad.
    • Comportamiento manipulador.
    • Constante necesidad de obtener estímulos; tendencia al aburrimiento.
    • Solamente manifiestan culpa en infringir sus propios reglamentos.
    • Estilo de vida parasitario.
    • Pasado “borroso” o difícilmente rasteable (muchas veces necesitan por lo mismo reclutar en el primer círculo a personajes famosos o respetables); historial de relaciones de corta duración (a menos que tengan una aparente pareja estable –que sea más bien un cómplice, también psicópata, ambos a la cabeza del propio grupo–, con vidas sexuales independientes o entrecruzadas); tendencia a mentir de forma patológica (aunque desarrollan inteligencia para encubrirlo)…
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Hasta aquí el panorama. Cabe recordar que todo fanatismo ideológico que ha construido instituciones religiosas, sistemas políticos, naciones, imperios, corporaciones, etc. (las cuáles muchas veces terminan ejecutando actos de barbarie, genocidios, guerras), empezaron alguna vez a nivel de pequeñas agrupaciones, cofradías, hermandades, logias, colectivos, clubes, pero cuyas necesidades se vieron cooptadas por psicópatas melómanos y carismáticos que modificaron la canalización de las mismas.

Ojalá usted esté libre o se haya librado de pertenecer a cualquier exclusivo grupo que –incluso con buena voluntad, hasta cierto punto– quiera ayudarnos, influenciarnos, convencernos, reclutarnos, dirigirnos, darnos sentido, guiarnos, salvarnos o, en caso contrario, destruirnos o explotarnos a los demás individuos carentes de la tan preciada y dichosa veracidad que dicen albergar.

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