Manuscritos de la ciudad reptil

MANUSCRITOS DE LA CIUDAD REPTIL | Los colores que los perros barajan

¿Cómo se entera uno sobre el espectro de matices que perciben los animales? En el caso de los perros, si es que el espectro fuera más limitado que el de los humanos, ¿el umbral se debe a que dichos animales no requieren atender una mayor gama de colores en su cotidianidad, o se debe a una incapacidad fisiológica al estilo del daltonismo?

Ciudad de México, 15 de octubre (MaremotoM).- Se suele escuchar, en charlas o contextos informales, la conjetura de que los perros ven en blanco y negro. Independientemente de lo que haya dictaminado ya el veredicto de la ciencia, quizás ronde esta duda: ¿cómo se puede asumir dicha percepción, en uno o en otro sentido, en tanto que los perros no verbalizan o no traducen de alguna manera la evidencia de tales informaciones sensoriales?

¿Cómo se entera uno sobre el espectro de matices que perciben los animales? En el caso de los perros, si es que el espectro fuera más limitado que el de los humanos, ¿el umbral se debe a que dichos animales no requieren atender una mayor gama de colores en su cotidianidad, o se debe a una incapacidad fisiológica al estilo del daltonismo?

En experimentos –afortunadamente no crueles– se les ha hecho a especies cercanas algún tipo de prueba de discriminación en función del matiz de color. Investigadores han utilizado, por ejemplo, variaciones de las llamadas “cartas de Ishihara”, en las cuales, en vez de los puntos de colores, a los perros les muestran figuras de “gatos corriendo” para medir con dicho estímulo el contraste de los matices que –se conjetura– pueden distinguir.

Otras investigaciones han diseñado pruebas basadas en hojas de papel (una de color amarillo oscuro, una amarillo claro, una azul oscuro y una azul claro) para determinar qué tanto los canes pueden diferenciar los papeles por brillantez (claros y oscuros) o por matiz (azules y amarillos). Se les “premia” para sondear si pueden discriminar a conciencia la asociación cromática manifiesta en la caja, de la cual pueden extraer un trozo de carne cruda. La muestra de los perros examinados quizá haya sido muy limitada para obtener conclusiones generales sobre todas las razas caninas. Por otro lado, habría que comprobar también si en el experimento los perros no hubieran olido la carne cruda oculta a la vista, dando al trate el asunto de los colores (esto es, que se diseñan los experimentos como si los perros organizaran sus percepciones a la manera de los humanos).

Los juguetitos verdes para los perros

Como pasa con los bebés, los que compran juguetes para sus mascotas escogen el color que a ellos mismos les gusta, no reflexionando tanto en cómo será no nada más disfrutado, sino percibido, dicho matiz por la mascota o el infante.

Los resultados de experimentos como los mencionados más arriba indican que los perros, al parecer, distinguen el azul del rojo, pero no el amarillo del naranja ni el verde del rojo. Así, al jugar en el pasto con mascotas de estas especies se podría comprobar que encuentran más fácilmente –y, en teoría, sin necesidad de pistas olfativas– una pelota azul que una roja (en cambio, a nosotros, en general, se nos facilitaría más divisar sobre el césped una pelota roja).

El principal sentido discriminatorio canino es el olfato; en segundo lugar, el oído. Su sentido de la vista aprovecha mejor las categorías de contraste, movimiento y ángulo de visión –en perros cazadores especialmente– que la categoría relacionada con el matiz cromático. Al haber evolucionado como animales crepusculares, en tales horas en que los colores no son tan sugerentes los perros pueden, en cambio, discriminar visualmente las figuras y los movimientos mejor que nosotros (quienes, por más avispados que seamos para el colorido, durante la noche no estamos seguros, por mencionar un ejemplo, de qué color vemos el transporte solicitado por app que nos espera a la salida del bar).

Los físicos nos cuentan que la luz está compuesta por ondas electromagnéticas y que sólo unas pocas longitudes del espectro electromagnético son visibles para el ojo humano. El color, según esta perspectiva, depende del rebote –o absorción, según el material, textura, etcétera– de cierta gama de ondas electromagnéticas que entran en contacto con los objetos o seres, las cuales son procesadas por los receptores del ojo (o por las cámaras o escáneres de las máquinas). En los animales, los conos –uno de los tipos de células especializadas para la visión– en la retina captan la luz para interpretar colores, así como los bastones, por su parte, codifican la luz para diferenciar los contrastes entre blanco y negro. Eso en cuanto al “hardware” del input fisiológico, pero es en el cerebro donde se ha de formar la concepción de los colores para fines representativos y de comunicación.

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Frente a un estímulo físico, cualquier persona reacciona de forma diferente de acuerdo a su estado físico, cognitivo, emocional y cultural. En los perros, la raza además supone variaciones en la sensibilidad: los labradores tienen mejor vista (quizás hasta se tomen el tiempo para contemplar un cuadro o un paisaje bucólico); los pastores alemanes o los rottweiler, en cambio, son más miopes (dicha capacidad diferente les ayuda quizás a “abstraerse”, a no distraerse ni a tentarse el corazón por una tonalidad a la hora de ejecutar un impulso o una orden de ataque).

#ElVestido, las neurociencias y demás glamoures

Hace unos años circuló en internet la imagen de un vestido que desató una viral polémica, ya que dividía a las personas –no necesariamente daltónicas– entre las que lo percibían como azul con negro y quienes consideraban que la prenda era blanca con dorado.

Bevil Conway, profesor adjunto de Neurociencias en el Wellesley College, catedrático de Neurobiología de la Escuela de Medicina de Harvard y –un punto extra de confiabilidad– también artista, fue convocado por la revista de tecnología Wired para que explicara esta “paradoja” sobre los colores de la mencionada imagen del vestido.

Conway explicó que el sistema visual, especialmente al contemplar una imagen que representa un objeto en un contexto parcial, “trata de descartar el sesgo cromático provocado por el eje de las variaciones de la luz del día; así, las personas que descartan el lado azul terminan viendo el vestido blanco con dorado; los que descartan el lado dorado, terminan viéndolo azul con negro”.

La percepción de ciertos matices, pues, funciona como si se plantearan hipótesis al respecto: con #ElVestido, el cerebro de algunas personas quiso probar por “sustraer” el azul, mientras que el cerebro de otras personas quiso probar por “prescindir” del dorado. En cada caso, una vez que el cerebro tomó la decisión, era difícil revertirla. El vestido real, fácticamente tenía una tintura específica; en la imagen del mismo, incluso los pixeles de la pantalla podían ser definidos con un código de color específico; pero la representación del vestido –haga usted mismo la prueba con personas a su alrededor– desata en cada perceptor una conjetura interpretativa, según un contexto adjudicado para dicha imagen. Añade Conway: “Por eso era frecuente que dos personas sentadas una al lado de la otra ante el mismo dispositivo vean dos vestidos de colores completamente diferentes (uno blanco y otro azul) y discutan acerca de ello durante todo el día”.

Conway, acertadamente, concluye que los expertos en color (o al menos quienes entienden mejor la dinámica del mismo) no son los científicos sino los artistas. Por eso mismo, citó en algún punto a Henri Matisse: “Es sólo después de años de preparación que el joven artista debe tocar el color: no hablo del color descriptivo, sino del color como medio de expresión personal. Un gran logro de la modernidad consiste en haber descubierto el secreto de la expresión por medio del color”.

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Como pilón de esta entrega, adjunto el enlace de un documental sobre el libro “La interacción del color”, obra en donde el artista de la Bauhaus Josef Albers compiló los ejercicios interactivos relacionados con sus investigaciones sobre la experiencia y dinámica del color (para humanos y, tal vez, algunos otros primates):

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